Correr, caminar, pedalear, trepar, nadar, saltar...Trabajar y VIVIR. La diabetes, una anécdota.

Siempre y cuando controlemos el ejercicio y nuestra glucemia en sangre. Esta enfermedad que junto con la obesidad está considerada la epidemia del siglo XXI permite llevar una vida activa perfectamente normal gracias a médicos e investigadores, profesionales apasionados que no dejan de trabajar para que mañana sea de verdad una anécdota. Hay dos tipos principales de diabetes: Tipo I y tipo II. La primera es la mía, la insulino-dependiente o también llamada infantil, porque en un alto porcentaje de casos se presenta a edades tempranas, aunque yo "debuté" con esta enfermedad a los 44 años. Mi sistema inmune falló y atacó a las células del páncreas que producen la insulina sufriendo a continuación los tres síntomas del libro o las "tres Pes": Poliuria (orinar mucho), Polidipsia (sed horrible a todas horas) y Polifagia (hambre, hambre, haaaambre).



¿Porqué a mí? Pensé. A mí que toda la vida he hecho deporte, que sólo tres meses antes terminé mi Cuarta Maratón en Donosti, a mí que no fumo, a mí que soy un chico formal: Buen padre y ejemplar esposo, a mí que hago la declaración de renta puntualmente y pago la contribución urbana y el impuesto de circulación religiosamente cada año... ¿Porqué?



El estrés que tantos sufrimos en mayor o menor grado, herencia genética, un catarro mal curado, la contaminación, el agujero de la capa de ozono... Médicos, familiares, amigos, vecinos y yo mismo apuntamos una u otra causa, pero lo cierto es que daba lo mismo. El caso es que mi cuerpo -mi páncreas- casi no tenía reservas de insulina y que ya no iba a producir más -o muy poca- y que iba a necesitar "pincharme" insulina todos los días.

miércoles, 18 de julio de 2018

Circular a los Infiernos desde el Balneario de Panticosa



Estos sanfermines estuve tres días en el Gran Hotel de Panticosa con Begoña: excursión montañera madrugadora, circuito termal, buenas comidas y turismo por el valle fueron nuestra rutina de lujo.

Mi objetivo montañero era el de hacer esta circular pero el primer día unas nubes amenazadoras ensombrecieron las cimas y yendo solo decidí dar media vuelta y llegar a tiempo al desayuno del hotel...

El Balneario con las primeras luces del día

Mallata Alta de Argualas. Picos Argualas y Garmo Negro



Por la tarde después de una tormenta. Foto echa desde el hotel.
El segundo día salió más despejado y en con las primeras luces empecé a ganar altura otra vez por el camino que asciende al Garmo Negro. En la Mallata Baja de Argualas, poco después de salir del bosque, alcancé a otro solitario montañero como yo -¡¡Tú eres Francis!!- reconocí a mi amigo fotero de feisbu, que se pega todo el año dando envidia con sus reportajes montañeros, un campeón enamorado -todavía más que yo- de la montaña y la naturaleza.







Mi ruta soñada...

Francis quería subir al Garmo Negro, uno de los tresmiles que dominan el circo de Panticosa y el más visitado por su ruta normal. La buena compañía y las dudas en cuanto a esa dichosa circular me decidieron a unirme a él y disfrutar de la ascensión a ese tresmil que ya he pisado en varias ocasiones. Él también habría hecho lo mismo pero mi excursión era más larga y debía regresar a Pamplona esa misma tarde. Fue una gozada: las tormentas de la tarde-noche anterior habían blanqueado un pelín las cimas y tan madrugadores como fuimos, abrimos huella en una nieve nueva que era toda para nosotros. Eso sí, mis pinchos de zapatilla me dieron muy poca seguridad en el avance y si no es por Francis que iba primero haciendo camino, no habría subido. ¡¡Gracias majetón!!

Para más inri, desde la cima del Garmo vi que mi ruta a los Infiernos por Pondiellos presentaba muchísima nieve y que incluso el corredor Sudoeste estaba completo. ¡¡Menos mal que no me había aventurado allí con mis bastones y mis pinchos de zapatillas!!

La tercera mañana madrugué de nuevo y puse mis pasos en dirección a los ibones de Brazato con la idea de subir alguno de los picos que dominan su cuenca.  Una vez llegado al ibón principal subí a la loma divisoria que por buen terreno de roca me llevaba a la cima del pico Tablato (2701 mts), pero a la altura 2550 mts viendo que la montaña se ponía un poco más seria dí media vuelta y pensando en el buffet del desayuno eché a correr como un campeón. ¡Vivan los cobardes y vivan los huevos fritos!

Volveré a esta zona de Brazatos dominada de varios dosmiles cuyas ascensiones no presentan dificultades y que ofrecen paisajes fantásticos... En cualquier caso esos tres días de actividad consecutivos me han dado muy buenas sensaciones: piernas sueltas y sin dolores de agujetas pese a los mil o más metros de desnivel positivo que salieron en cada una.





A nuestro regreso de Panticosa paramos a comer con nuestros amigos Pili y Felipe de Sabiñánigo.


Circular a los Infiernos

La segunda quincena de julio estoy de vacaciones, el Martes 17 será el día. Me he agenciado un piolet ultra ligero (245 gramos) y recuperando mis viejos crampones de botas que ahora ataré a las zapatillas creo que ya puedo enfrentarme a esta fantástica excursión, que por cierto ya realicé hace muchos años en un mes de mayo en plan montañero. Entonces ascendimos por el corredor pero ahora la idea es hacerlo por la ladera contigua, que según reseñas no presenta dificultades -salvo la posible caída de piedras si va un grupo numeroso-.

La tarde anterior me llama Alejo, que si quiero dar una vuelta... Le hablo de mi aventura y se apunta sin pensarlo un segundo. Conseguimos un piolet para él y le dejaré mis pinchos de zapatillas, sé que no son suficientes, pero este tío es un campeón. Entre que se habrá ido algo de nieve y que yo puedo abrir camino, confío en que no tendremos problema. Y si lo hay media vuelta, que la montaña no se va a ir de donde está...

A las 5 de la mañana tengo 90 de azúcar. Desayuno un café con leche y cuatro nueces. Me pongo 2 uds de Novorapid. De lenta estoy poniéndome 8 uds de Tresiba cada 24 horas.

Recogeré a Alejo en su casa y saldremos de Pamplona a eso de las 6.  A las 8 estamos echando otro café en el Refugio Casa de Piedra del Balneario. Unos quince grados de temperatura.



Nada de frío a los cinco minutos de subida por el camino. Esta ruta coge altura de una manera bestial, podría ser una escalera pero el sendero es una sucesión de piedras y pedruscos que en múltiples zig-zags se eleva entre los pinos negros ¡qué bien huele! El sol nos coge enseguida pero el Balneario lo veremos debajo nuestra, cada vez más abajo, en un agujero de sombra. El circo de Panticosa es un abísmo y no será hasta dentro de una o dos horas que le lleguen los rayos del sol.

El nevero que sube hasta Pondiellos nos exige sacar el material.  Compruebo que mis crampones funcionan genial con las zapas, pero al atravesar una zona de piedras se me desarman. No sé si los modelos actuales se adaptarán mejor pero está claro que los míos son para bota.  En cualquier caso los quitamos y los últimos metros al collado iremos por roca.


Alucinante la visión de los Ibones de Pondiellos totalmente helados al otro lado. Los Picos del Infierno siguen cubiertos de nieve e incluso el corredor Sudoeste se mantiene completo.  La perspectiva nos ofrece una visión casi vertical de la ladera a superar y los neveros  que debemos atravesar lo mismo.  No damos un duro por conseguirlo pero nos animamos a seguir un sendero a nuestra derecha que va rodeando el circo hasta el vecino Collado de Saretas (2800 mts).

Son las 11 de la mañana, mi azúcar está en 161 y solo he comido seis avellanas hace un rato porque sentía un poco de hambre. Beberé agua con limón que llevo en el camel. Nos pegamos un rato disfrutando del ambiente de alta montaña que se respira aquí. Somos los amos del universo.



Lo mejor de todo es que desde aquí ha cambiado un poco la perspectiva y la montaña ya no presenta un aspecto tan vertical. Hasta los neveros parecen menos tiesos y más pequeños. Decidimos continuar.

Atravesamos pequeños neveros entre islotes rocosos y por fin nos plantamos debajo del nevero principal que defiende nuestra montaña preferida. Su puta madre.

Colocamos pinchos, agarramos el piolo y para arriba.  Voy detrás y debajo de Alejo, si resbala yo estoy mejor agarrado con mis crampones y confío en pararle. Tampoco pasaría nada si resbalamos porque la nieve disminuye un poco la pendiente antes de los pedruscos de abajo... Pero mejor aseguramos cada paso.

Cada paso nos lleva a lo que parece una pared, pero conforme nos acercamos vamos descubriendo una sucesión de terrazas y escalones, amén de buenos agarres tal y como describen las guías. Bien.

Nos cuesta el copón llegar a la dichosa pared. Como el sol calienta no he puesto guantes y llevo las manos heladas, pero enseguida se calientan de nuevo. Acomodados junto a la rimaya ¡¡cuidado no te caerse en ese agujero!! nos quitamos los pinchos, los guardamos en la mochila y agarrados como cabrones dejaremos atrás la nieve y la amenazadora rimaya para empezar la trepada.

¡Qué gozada! Cada metro que subimos descubrimos que es más fácil la progresión y poco a poco sin mirar abajo un segundo nos acercamos a la cima del Infierno Central. En el Oriental vemos algunos montañeros. Podríamos subir también a esa tercera cima del macizo pero pasamos de todo y centramos nuestra atención en la cresta de la marmolera que nos conduce a la Cima Occidental. Por ella vienen tres chicos encordados y provistos de un montón de material: mosquetones, cascos, fisureros...  Son dos chicos y una chica que va en medio de los dos. Suponemos que van encordados porque quizás la moza es más novata, en cualquier caso parecen saber lo que hacen.






Se está de maravilla aquí arriba. Mandamos wasaps para dar envidia a nuestros amigos y nos felicitamos porque lo que viene ya es terreno conocido. Eso sí, con cuidadín: los Infiernos son un tresmil fácil pero lo ideal es seguir el "camino" que más o menos señalizado discurre por unas laderas de vértigo... Ni pensar en dar un mal paso.

A la vista del ibón de Tebarray nos vemos ya en zona segura pero hay un nevero en medio. Pasamos de pinchos porque la nieve está más blanda y la pendiente no es muy fuerte. Alejo sin pensarlo planta en él sus zapatillas y empieza a descender cuando resbala y empieza a caer. Pero es viejo zorro y en dos segundos -muy largos- consigue revolverse y clavar la hoja del piolet en la nieve deteniendo la caída. ¡Olé los campeones! Menudo susto.

Sin más contratiempos y en dos minutos llegaremos al collado del Infierno. Allí hay dos montañeros que también bajan hacia los Azules y Bachimaña. Se están poniendo los crampones y nos miran mosqueados: dos locos en zapatillas y pantalón corto... El que parece mayor comenta algo a modo de advertencia pero viendo que vamos equipados con piolet se tranquiliza y nos desea buen día. ¡¡Adios, adios!!


Y allá que vamos montaña abajo a la carrera como dos chiquillos. ¡Qué gozada! Los neveros que descienden hasta casi los Ibones Azules no son muy empinados y a estas horas la nieve está muy blanda, además de que hay una pedazo de huella al ser una ruta de GR.

Una ruta circular imprescindible.









En mi Garmin


En las 7 horas que nos llevó esta actividad lo único que comí fue un puñado de avellanas antes de llegar a la nieve. Alejo se regaló con un sadwich de jamón en el collado de Saretas. Nada más. Eso sí bebimos abundante agua y algunas sales. Con todo a las 13:56 en los lagos Azules tenía 235 ¿por los nervios pasados en la ascensión o por la alegría de haberlo conseguido? Y a las 15:43 al llegar al coche tenía 133. Me puse 3 uds de novorapid y comí un poquillo: Unos trozos de chorizo y queso acompañado de una lata de cerveza que mi amigo había llevado pero nada más, pan no teníamos. Eso sí, no dejamos de beber agua en todo el viaje de regreso a casa.

Bromeamos con los desayunos y comidas que nos ofrecen en los hoteles cuando vamos de vacaciones: Alejo había estado en Denia y allí además del desayuno, comida y cena que ofrecía la pensión completa del hotel, daban almuerzo y merienda: sandwichs, bocadillos de todas clases ¡hasta paella! y toda suerte de bebidas a mitad de mañana y a mitad de tarde ¡y la gente se ponía doblada!

lunes, 16 de julio de 2018

San Donato Plus

En el mundillo del asfalto llamamos tirada larga a esos entrenos más largos y exigentes que nos metemos de cara a una maratón. Mi gran objetivo de la temporada es la TDS, una de las pruebas que se celebran junto con la Ultra Trail de Montblanc (119 kmts desde Coumayeur a Chamonix con un desnivel positivo acumulado de 7300 mts), he pensado en el Beriain y en la ermita de San Donato para castigar patas y cabeza de cara a esa cita en los Alpes el próximo miércoles 29 de agosto. El pasado uno de julio metí una vuelta de 35 kmts y me gustó mucho así que vamos a repetirla...

Catorce grados en Ollo a las 6:48 de la mañana cuando echo a trotar por la pista que asciende a la sierra. El cielo está despejado pero los abundantes charcos evidencian las fuertes tormentas que han caído las dos tardes-noches anteriores. Así llevamos muchas en lo que llevamos de Verano y es por eso que el monte está tan verde. Vacas y caballos se alimentan de la fresca hierba de estos puertos y el sonido de sus esquilas es el único que rompe la paz de esta mañana.


Puedo correr durante toda la pista y eso que tiene algunas rampas durillas donde gastaría menos gasolina andando pero quiero darme una poca de caña. Y bien a gusto porque el aire está fresco todavía. El sol me pilla cuando ya he dejado atrás la pista y camino, ahora sí, entre los bojes y espinos que pueblan buena parte de la montaña, un laberinto vegetal que, gracias a los cairns que señalizan la ruta, se puede atravesar sin apenas problema.

El astro sol ha salido a mi espalda por encima del Txurregi, todavía no calienta apenas y como además sopla un poco de viento continúo avanzando fresco y animado. Al llegar a una chabola de pastores encuentro una especie de pista, apenas marcada, por donde suelen subir los campeones de la bici de montaña y puedo reanudar un trote tranquilo por la tendida pendiente.

Miraré de reojo el portillo de Uharte, a mi derecha, allí abajo está Uharte Arakil y enfrente toda la Sierra de Aralar. Algunas nieblas se agarran a las laderas de los montes. Qué alto estoy ya...

Ermita de San Donato, son poco más de las 8:30, los 11 kmts desde Ollo me han llevado una hora y cuarenta y cinco minutos. Mi azúcar: 85 mg/dL, no he tomado más que agua con limón que llevo en la mochila. Al levantarme tenía 124, un café con leche y cuatro nueces han sido mi desayuno. Bien.
No entro en la ermita pues al abrir la puerta veo un para de chicos durmiendo todavía dentro de sus sacos. Hace fresco pero al abrigo del edificio se está perfectamente. Cinco minutos para hacer cuatro fotos y tomar un gel.

 
Y emprendemos de nuevo la carrera, ahora sí que corro, hacia el portillo de Unanua -o como se llame-, donde empieza el vertical descenso a este pueblo del valle de Ergoiena, un rincón de la Barranca donde se sitúan tres pequeños pueblos: Unanua, Torrano y Lizarraga. Los puedo ver debajo mía, mientras pierdo altura en un sendero de vértigo en el que, yo al menos apenas corro, pues el camino es una sucesión de escalones y pedreras donde un mal paso supondría bajar rodando montaña abajo. Solo me cruzo con tres chicos y eso no es raro si pensamos en que anoche fue el "Pobre de mí" que da fin a los Sanfermines.  Hoy no era el mejor día para madrugar si has disfrutado a tope esas fiestas...

A unos 900 mts de altitud y sin llegar a Unanua, que todavía está muy abajo, tiraré por un sendero marcado con pintura rosa fosforito, que se tira en dirección Oeste hacia la proa del Beriain. Llegado a un collado herboso tiraré a mi derecha (norte) para caer a un bosque de viejas y corpulentas hayas. En la bajada se suceden dos o tres sendas de ganado, las iré pasando hasta llegar a la del fondo por la cual, cuando parece que me he perdido en el bosque más oscuro del mundo, acabo saliendo a una pista de hierba. Hay una valla que no cuesta saltar y continuaré la pista, cada vez más limpia, hasta llegar a un cruce con letreros indicativos de GR que señalan el camino a Uharte Arakil.

Encima de mí se levanta la montaña y me fijo que cae algo de agua por las cascadas próximas a la Brecha de Ihurbain, lo cual evidencia la mucha agua que cayó estos días atrás.


 
Se puede correr a buen ritmo por el sendero que dentro del bosque lleva hasta Uharte Arakil. Parada técnica en la fuente próxima a las piscinas municipales: son las 9:50 y mi azúcar está en 139. Salvo el gel que he tomado en la ermita solo he bebido agua y sales en las tres horas que llevo de excursión. Empieza a hacer calor y además hay mucha humedad, bebo abundante agua y tomo otras dos pastillas de sal. Son justo las 10 de la mañana cuando emprendo la subida al Portillo de Uharte ¿conseguiré subirlo en una hora? Mi tiempo en el KM Vertical hace unos años fue 1 hora y tres minutos (Uharte - San Donato). A ver...
 

No quiero tomar otro gel hasta llegar arriba pero se me hace muy muy dura la subida. Como he dicho la temperatura y la humedad son elevadas y pronto me veo sudando como un ceporro. Empapado.

Poca gente también en esta subida. Alcanzo a una pareja de chicos y a su vez me pilla a mí un mozo que lleva la camiseta de la Camille Xtreme de este año. Tarda en alcanzarme pero cuando lo hace se pierde sendero arriba en un visto y no visto. Claro que yo no hago más que parar cada tres minutos para coger aire. Tragaré un gel al salir del bosque para asegurar fuerzas en los últimos repechos bajo las cornisas de la montaña y por fin llegaré al Puerto de Uharte. Las 11 y veinte, uffff, yo creo que con menos calor y mejor forma puedo conseguir bajar de la hora...

Corre algo de aire y hace fresquito ¡¡se está en la gloria!!  Me siento, me descalzo y aireo los pieses mientras como una barrita de proteínas de naranja y chocolate. ¡Qué buena! El azúcar ni lo miro, me siento bien. Chirriado de sudor y agotado de la subida pero bien.

Una gorra blanca de visera me protegera del sol africano que se levanta en todo lo alto del cielo y me tiro a la carrera monte abajo por el mismo itinerario que hace unas horas me ha traído aquí. ¡¡Vamoosssss!!
 

Es genial notar que las patas tienen fuerza y seguridad para salvar las abundantes piedras calizas entre los bojes y todavía es mejor cuando llego a la pista y puedo alargar la zancada. Eso sí, cuanto más abajo más calor y al llegar a la Granja Escuela de Ollo, a 500 metros del pueblo detengo la carrera y continuó andando hasta la fuente próxima al albergue.

Las 12:18 de la mañana, 5 horas y media de excursión. Dieciocho minutos menos que el pasado 1 de julio. ¡Biennn!  ¡Ah sí! Mi azúcar: 86 mg/dL.  Beberé bien de agua y me refrescaré en la fuente observado por cuatro mozos que juegan a la pelota en el frontón, ésos van a sudar más que yo todavía...

Llegaré con tiempo a Zizur para refrescarme en la piscina y disfrutar de una fantástica comida familiar con Begoña, Diego y Sergio. ¡¡Buen Domingo!!

En mi Garmin el 1 de julio y el 15 de julio

miércoles, 30 de mayo de 2018

Regreso a las Crestas del Infierno

Tras correr su segunda edición en 2014 este año he vuelto a Gavín, en Huesca, donde el Pirineo juega siempre en Primera División. En la primera categoría de gentes, paisajes y carreras de montaña. Carreras donde siempre respiras ese ambiente familiar, de cariño y entusiasmo en la organización y trato a los locos, perdón: a los deportistas enamorados de estos montes.


Me encontraré con multitud de viejos y nuevos amigos: Del equipo Sarrios está Manu, muy bien acompañado por su hija Alba ¡los dos subirán al podio! Manu es quinto mío y siempre es una referencia para entrenar y apretar los dientes, si él puede volar yo puedo correr... Y ojalá pudiera hacerlo como Victoriano, también del Sarrios Zaragoza, o Guillermo -del GMS-, a quien felicito por su segunda paternidad  -¡¡Enhorabuena por la pequeña Ainara!!- que por cierto, es una copia de su hermano Mario jejeje... Si el padre está feliz con la pareja no veas cómo están los abuelos: Pili y Felipe, mis amigos de Sabi.  Hacía mucho que no coincidía con Juan Martín Tirapu, quien tras un invierno parado por cuestiones médicas está de nuevo al 100%  ¡¡Aúpa los de Noain!!   Jesús Sánchez y Sergio Cazcarro no correrán hoy pero estarán en todas partes, el segundo como organizador y el primero -el gran Samuel- pues también:  con el tobillo tocado después de sus aventuras en el Atlas lo veremos en la salida, arriba del todo y en la meta, donde llegará antes que yo... ¡Menos mal que no tenía dorsal!  Estoy en Huesca, en familia.

Con Guillermo y Juan Martín. El de Noain se ha estrenado como abuelo hace muy poquito, Zorionak!!
Juan Martín es un genio: ¿Pues no va a y me dice: vamos a hacernos una foto con el campeón? Efectivamente: Sergio Gimeno será el primero con un tiempo de 02:52 ¡qué fiera!

La carrera es dura de narices: En mi Garmin salen 28,19 kmts y 1790 metros de positivo acumulado. Un desnivel que nos comemos casi de tirón después de dar ¡¡Dos vueltas al pueblo!! Una más de la prevista, supongo que por confusión de la cabeza del pelotón. Menudas risas hicieron el espiker y el público... ¡Es que van como locos!  Durante la primera vuelta Juan Martín me habla maravillas de la carrera O Viento Rondador, en la que participó el pasado 12 de mayo:  Tendré que ir un año al Sobrarbe, a las orillas del Ara, entre Jánovas y Boltaña...


Pero hoy estamos en la comarca del Alto Gállego, entre el Valle de Tena y el de Broto, sudando la gota gorda mientras ascendemos montaña arriba por un bonito sendero dentro del bosque. Hace calor pero yo por lo menos estoy encantado: Hay alarma por tormentas y tenemos mucha suerte con la mañana que ha salido, casi sin nubes.  Casi, porque al llegar arriba las cimas de la Tendeñera empiezan a cubrirse de gris oscuro.

Pero antes de llegar arriba subimos y subimos. Con algún descansito donde corremos despacio y menos despacio... En una de esas me veo fuerte y meto caña a toda pastilla: Escucho a un corredor detrás mía cuando caigo en que será el primero de la prueba de 20 kmts que han salido después. Saboreo el momento unos 100 metros y en cuanto me es posible me echo a un lado para que pase. Durante un minuto (larguísimo) hemos ido al mismo ritmo...

Pisamos montones de nieve vieja dentro del bosque. La hierba en muchos sitios sigue muerta, señal de que lleva pocos días al descubierto...  Estamos ya en el lomo de la cresta que delimita al Sur el Barranco del Asieso. Sus abismos quedan a nuestra izquierda mientras que a la derecha dominamos un mosaico de montañas y valles que se alejan hacia Sabiñánigo.   Nos sentimos muy altos pero entonces divisamos la punta verde del Pico Sarase delante y encima nuestra. Sus 2200 mts de altitud son un tortazo de realidad y dolor en las piernas mientras tragamos el aire a bocanadas por la empinada cuesta herbosa que asciende a su cima. Uffffff
Súper répor de Noelia Cazcarro en la subida a Punta Sarase: Ahí está Alba, estoy yo y cómo no el gran Juan Martin Tirapu. Todos sudando a tope en la cuesta más kañera de la excursión.

Los voluntarios están animadísimos. Me ofrecen la bota de vino. -¡No gracias, luego en Gavin si eso jajaja!-, solo he comido dos cachos de plátano en el avituallamiento sólido de más abajo pero me noto muy bien. Hago unas fotos y en ese momento me pasan montaña abajo un puñado de corredores ¡ya os pillaré!


Porque ahora toca bajar. Y bajar y bajar. En diagonal por una ladera interminable que cae a pico hacia el barranco del Infierno. ¡Cuidadín con caerse al Infierno! Atención a las piedras y escalones herbosos. Perdemos mucha altura: cuatrocientos metros de desnivel hasta un rincón donde nos esperan los demonios, perdón las demonias: Las chicas de Linás nos ofrecen un avituallamiento líquido en una mesa de piedra repleta de vasitos. ¡¡Gracias!! ¡¡Adios adios!!

Aquí fue donde Jorge Silva se tiró hacia abajo por error. Para corregirlo añadió casi 400 mts de desnivel y cinco kmts extra a su excursión pero aún y todo llego 8 minutos delante mía ¡qué tío! Seguro que habría llegado entre los 15 primeros pero eso solo lo sabrá el año que viene jajaja  ¡Animo campeón!

Fotos de la organización. Zonas de Crestas: Jorge, Victoriano y Manu. Estos dos Sarrios serán Segundo y Primer Veteranos. ¡¡Bravo!!

Las demonias rojas!!!!
Fuerte subida que se nos atraganta a todos. Doscientos mts de desnivel hasta un alto collado y ahora sí, bajar a toda pastilla hasta la cabecera del barranco del Infierno. Avituallamiento sólido y líquido. Como dos trozos de sandía y agarrando dos cachos de plátano prosigo la carrera para no perder a una chica que llevo de referencia desde la Punta Sarase. Corremos por pista un rato y enseguida la dejamos por un sendero que nos llevará a media ladera sobre el barranco. Muy chulo y corredero.  Alcanzo a la chica (inglesa), que parece un poco tocada y prosigo adelantando corredores hasta pillar a otra chica: ¡Alba Martos!, la joven aragonesa mantiene una carrera regular y la animo con que su perseguidora va un poco peor. No será así y al final la inglesa logrará entrar un minuto y pico antes en meta ¡mecachis! Pero las dos serán segunda y tercera en la clasificación femenina ¡Enhorabuena!

Salimos a una pista, volvemos a un sendero. Piedras, escalones, más piedras ¡cuidado! Muchos corredores acusan el cansancio y descienden más despacio y más prudentes. Yo nada, me he cebado con un chaval a quien no consigo coger y los dos vamos dando caza y dejando atrás bastantes corredores.

San Bartolomé de Gavín. Foto de la Organización
La carrera no ha terminado aún: Llegamos al avituallamiento líquido junto a la Ermita de San Bartolomé de Gavín, que por cierto yo al menos no la he visto todavía...  Aquí no hago ni parar y de ese modo me quito al chico que llevaba delante hacía rato, jejeje.

¡Sorpresa!  Una subidica, corta pero intensa -100 mts positivos- que después de 24 kms de carrera sienta regular. Pero la cabeza solo pienso en Gavin a donde falta muy poco ya para llegar.

Adelanto ahora a chicas y chicos de la carrera corta, no sé si la de 10 o 20 kilómetros. Corremos por encima de la carretera de Cotefablo. Ya escuchamos la bulla de meta. Ya estamos en Gavín!!

Cuatro horicas y un minutico. ¡¡Bieeeen!!  Dos minutos más que hace cuatro años pero con una vuelta extra al pueblo en la salida jejeje  ¡¡Y cuatro años más viejo!!  Además de que en el 2014 me perdí y fui un rato por pista forestal en lugar de sendero.

Mi azúcar en meta: 111 ¡¡el número de la suerte!!  Lo celebré con mi amigo Felipe dando buena cuenta de un plato de migas y una cerveza. Me puse 3 uds de novorapid.  En cuanto a mi asúcar decir que a las 5 de la mañana amanecí con 130, me puse dos uds de novorapid con el desayuno (café con leche y un puñado de almendras). Bebí un litro y medio de agua antes de la salida y durante la carrera solo pillé cuatro trozos de plátano y otros tres o cuatro de sandía. ¡¡Muy contento!!  Por la tarde no tomé nada más hasta la cena sin tener nada de hambre y sin bajones de azúcar.  Mi próximo plato de migas y la próxima cerveza serán en la siguiente carrera...

Hasta entonces: ¡¡Viva la vida baja en Hidratos de Carbono!!

La tormenta nos pilló en la entrega de premios

Los campeones absolutos: Sergio Gimeno y Ona Sociats ¡¡Enhorabuena!!


Mi carrera en el Garmin.


miércoles, 23 de mayo de 2018

Zazpimendi - Siete Montes


BHZ Menditrail son tres carreras: Bimendi, Hirumendi y Zazpimendi. Dos, Tres o Siete Montes a lo largo de 13, 28 y 44 kilómetros respectivamente, con salida y meta en Villava. Un verdadero reto para los corredores pero más aún para el formidable equipo de chicos y chicas del Run19 enamorados de la montaña, volcados a tope en la edición de este año para rendirle un homenaje a su amigo y compañero Ximun, recientemente fallecido.

El Domingo 20 de mayo amanece un día de primavera, casi de verano, pero eso lo comprobaremos dentro de unas horas al subir el monte Ezkaba o San Cristóbal...  Siete Trizurkos nos hemos inscrito a la Zazpimendi: Sonia, Ascen, David, Santi, Rufino, Alejo y servidor de ustedes. También está Joseba que hará de escoba de la prueba ¡y cargado con más de 6 kilos en la mochila para entrenar sus retos de este año!  Más tarde vendrá Fernando para participar en la Bimendi, donde conseguirá el tercer puesto en veteranos. Así pues nuestro equipo estará muy bien representado, sobre todo con nuestras dos chicas: Ascen y Sonia, segunda y tercera clasificadas y Ascen además primera veterana. ¡¡Olé las Trizurkas valientes!!

Sonia, Joseba, Rufino, yo mismo, David, Ascen, Santi, Iñigo y Alejo
Itxipi, Aritz y Toño ¡¡Tres Txurregis peligrosos!!

Minuto de silencio en homenaje a Ximun antes de la salida
No llegamos a cien los que salimos a las 8 por la calle mayor hacia el Puente de la Trinidad para cruzar el río Ulzama y tirarnos a los senderos del Miravalles, el primero de los siete montes que nos esperan hoy. Iñigo Goroskieta no se me despega. Este campeón del Atlético Lerinés ha venido con mucho respeto a su primera carrera larga, ha corrido medias maratones y algunas carreras de más distancia como la de Irati del Domingo pasado, pero hasta hoy no les había pedido a sus patas más de 30 kilómetros. Y menos por montaña, así que me ha jurado amor eterno -o por lo menos durante los 44 kmts de la carrera-. Y cumplirá lo prometido: sus patas le piden más caña cuando corremos por el Camino de Santiago hacia Zabaldika, pero se frena y ajusta su ritmo al mío. Cambiamos posiciones y nos vamos avisando cuando nos cruzamos con algún peregrino. Por cierto que la organización ha señalizado muy bien este tramo a corredores y peregrinos, con cartelitos gráficos recomendando ir por la derecha para evitar sustos.

Por el Camino de Santiago (Foto Diario de Navarra)
Rufino al ataqueeeerrrr (Foto D.N.)

Santi y Alejo (Foto D.N.)
El siguiente monte será Larzabal a donde subiremos alternando senderos y pistas entre pinares, sufriendo ya un poquico de calor en la primera subida seria del día. Casi arriba, al llegar al lomo de la montaña avistamos la Cuenca de Pamplona y un poquico de viento Norte nos refresca. ¡Bien!

Llegados a nuestra segunda cima continuamos perdiendo altura hasta un collado donde encadenamos la subida al Antxoritz. El monte está precioso: el tojo, un arbusto de flores amarillas que abunda en todo el recorrido está en plena floración y su perfume, dulce, es tan intenso que casi molesta. Lo dejaremos atrás al entrar en la oscura selva de bojes, quejigos y altos pinos que cubren totalmente nuestra tercera montaña.

La bajada es bastante cañera: hay que vigilar las ramas arriba, abajo y a los lados por el estrecho pasillo vegetal por donde caemos a toda la velocidad que la temeridad nos deja. Enseguida salimos a una pista y estamos abajo.

En Sorauren tenemos el primer avituallamiento sólido y líquido. Me pongo morado de tomate con sal, lo mismo como 6 o 7 trozos ¡riquísimo! Tiene vitamina C, agua, la sal que le pongo y lo mejor es que no me sube el azúcar ¡viva el tomate!

Cruzamos de nuevo el Ulzama y enseguida empieza la subida al Ostiasko. Casi podemos correr por el sendero pues el camino gana altura muy poco a poco en varias lazadas que nos llevan a una chabola de cazadores. Esta parte me la sé de memoria por los entrenos de estos últimos meses. -¡Vamos Iñigo! ¡Después de la chabola podremos correr a tope porque viene un rato casi llano!- le digo a Iñigo. Y así es: una verdadera gozada coger un poquico de velocidad ahora que todavía estamos fuertes.

Pero la subida del Ostiasko viene más adelante. Creo que es la más exigente de todas y aunque al principio puedo mantener la marcha detrás de mi compañero, a mitad de montaña pararé un par de veces: lo justo para recuperar el resuello y poder reanudar la ascensión. Iñigo me espera y deja que lo alcance para llegar juntos a la cima. Ahí está Javier (Flecha Coja), como voluntario del control de paso. Nos anima de muy buen humor y nos dice que vamos en el puesto cuarenta y pico. ¡Genial! Mi objetivo en casi todas las carreras es la mitad de la clasificación pero sé que cuantos menos corredores más fuertes están y más jodido es de conseguir, como así será hoy.

Junto a Javier hay un corredor sentado en el vértice cimero. Se ha pegado con la cabeza en una rama y está un poco atontado pero enseguida se recuperará y vendrá detrás nuestra.  Por otra parte nosotros llevamos toda la carrera intercambiando posiciones con un chico: le alcanzamos bajando pero él nos vuelve a dar caza en las subidas... Llegará a meta por delante nuestra y allí nos contará su ilusión por la Aneto-Posets dentro de dos meses. ¡¡Mucha suerte campeón!!

Bajamos con este mozo a Anoz, y durante un rato perdemos de vista las marcas. No hay problema: al llegar cerca del pueblo comprobamos que hemos ido por una pista paralela. No entramos en el pueblo y nos dirigimos a unos preciosos prados a media ladera donde ganamos una poca de altura para cambiar de dirección y faldear la montaña por unas estrechas sendas de ganado.  En el avituallamiento bebo agua, isotónico y relleno bidones. ¡Vamosss!  Esta zona es especialmente chula: Anoz es un pueblo pequeñito totalmente rodeado de montañas, prados y bosques en todas las direcciones. Un verdadero Shangri-La escondido en el valle de Ezkabarte de cuya existencia no sabíamos nada a pesar de estar a solo 21 kmts de Pamplona.



Seguimos fuertes y podemos correr en cuanto la pendiente disminuye, más adelante entramos en el hayedo y la cuesta se pone más fuerte ¡A caminar tocan! Estamos subiendo al Mendurro. Creo que no pisamos su cima pero sí pasamos cerca.

Le prometo a Iñigo que esta subida es rápida y así es. Además le animo con la divertida bajada que nos espera por unos barrancos trialeros y divertidos hasta Navaz, en el valle de Juslapeña, donde nos espera el segundo avituallamiento líquido y sólido. Tenían tomate. No digo más.

Muchos corredores se pusieron aquí las botas con los macarrones y la chistorra que los voluntarios habían dispuesto al fuego en sendas cacerolas. Yo ademas del tomate pillare dos cachos de sandía.

De Navaz a Cildoz corremos entre campos de cereal. Un mar verde de trigos y cebadas se extiende hasta muy lejos, allí donde se levanta esa montaña ¿qué montaña? Ezkaba, también llamada San Cristóbal. La miramos serios, más serios cuanto más nos acercamos. Va haciendo más calor pero todavía vamos a gusto, yo además me he remojado la cabeza en la fuente de Cildoz y el aire me refresca el doble.

Entramos en un pinar ¡cuidadín la procesionaria! dejamos la pista forestal y nos tiramos por entre los pinos fuera de sendero: la organización ha desbrozado aquí las zarzas y ramas que hace un mes nos destrozaron las patas y hoy podemos correr casi sin problema.  En cualquier caso solo es un kilómetro y enseguida salimos del bosque para llegar a la carretera junto a Berriosuso.

Avituallamiento líquido. El voluntario me conoce del blog y nos anima a enfrentar la penúltima subida de la jornada. Me echo un vaso de agua por la cabeza y sin pensarlo más nos despedimos dando las gracias ¡Adios adios!

Iñigo sigue fuerte y continuará delante mía toda la subida. ¡Qué calor! Igual que en el Ostiasko pararé un par de veces a coger aire. No sé si es que me estoy exigiendo más para no fastidiar a Iñigo o qué pero bueno, tampoco voy tan mal: medio minuto y me recupero sin problemas reanudando la marcha. Detrás nuestra vienen algunos corredores dos de los cuales nos pillarán antes de la cima. .

Al llegar arriba unos voluntarios nos señalan la bajada del cortafuegos por donde nos tiramos como zombis después de la paliza que nos hemos dado para subir ¡Ufffff!  Las patas están un poco tablas al principio, pero enseguida se recuperan conforme saltamos montaña abajo ¡que me matoooo!

Adelantaremos aquí a dos chicos ¡qué buenos somos y qué bien bajamos!  No, lo que pasa es que ellos todavía están más rotos que nosotros...

Enseguida nos vemos corriendo por Berriozar pueblo, ¡qué casualidad! Entre los vecinos y excursionistas que andan por aquí nos cruzamos con una prima de mi mujer -¡Inma qué tal! ¡Adios adios!- la saludo y me despido casi al mismo tiempo. Iñigo también se para un segundo con unos amigos que se han acercado para animarle y los dos echamos a correr más tiesos que un ajo. Postureo total...

Porque ya vamos muuuuy tocados. ¿Dónde está el avituallamiento? Nos habían dicho que en Berriozar pero ya hemos dejado el pueblo atrás y no hay rastro...  Llegamos a una fuente. De nuevo toca remojarse y porsiaca rellenamos los bidones porque toca subir otra vez a Ezkaba.

Más arriba vemos una pequeña carpa ¡Avituallamiento líquido y sólido! Allí está Pablo, del 42195, a quien había saludado en la salida. Le ha dado un pajarón y se ha quedado aquí un rato a ver si se recupera. Mientras hablamos beberé un poco de agua, un vaso de isotónico y tras dudar un poco pillaré un pastel de chocolate: pura bollería industrial que está cojonuda. No me he mirado el azúcar en toda la excursión pero creo que lo llevo bien. Lo llevaba, pues al poco rato lo "notaré" alto... Pero qué rico estaba el pastelito!!

Pablo se vendrá detrás nuestra monte arriba pero poco a poco se quedará atrás. Todavía no está al 100% pero el tío no pierde la sonrisa ¡Qué grande es este 42195!






Por otra parte Iñigo cada vez se queja más del calor. Y yo también. Y todo el mundo. Pero le noto un pelín más desanimado ¡mecachis!  Yo como soy tan majo le desanimo más cuando llegados arriba de nuevo le recuerdo lo duro que es dar la vuelta al Fuerte.  El recorrido alrededor del Fuerte de San Cristóbal tiene una sucesión de llaneos y toboganes, con cuestas cortas pero jodidas a estas alturas de la película y que nos pasan factura.  En cualquier caso tenemos claro que ahora casi todo será bajar hasta Villava. ¡Vamosss!

Avituallamiento líquido. Dos tragos. Dos cachos de sandía no, cuatro. Y pies para que os quiero. Corremos ahora por todo el lomo de la montaña poniendo cuidado de no tropezar y caernos pared abajo al Norte.

Nos cruzamos con bastante gente que han subido al Fuerte para celebrar el 80 aniversario de la Fuga. Banderas de Navarra y de la República, flores y mucha pena por aquellos 795 presos de los que solo tres consiguieron escapar a Francia...

Ahora soy yo quien tiro de Iñigo montaña abajo en dirección a Ezkaba Txiki. Me veo fuerte: con las patas y la caja al 100%  salvo en alguna pequeña subida donde disminuyo el ritmo para alivio de mi compañero. ¡¡Venga campeón que ya lo tenemos!!

Corremos, corremos y corremos. El Ezkaba Txiki exige subir un par de escalones en la roca pero enseguida lo dejamos atrás y volamos de nuevo montaña abajo. Una cuestica hasta el collado que asoma encima de Arre y nos tiramos de nuevo por un sendero en fuerte bajada hasta la carretera. ¡Un kilómetro a Villava!

Mil metros que correremos juntos Iñigo y yo más felices que unas perdices. Seis horas y 49 minuticos.  Bieeeeennnn.  Y el bueno de Pablo llegó solo 15 segundos detrás nuestra ¡Ni nos habíamos enterado que venía detrás! ¡Mecachis habríamos entrado los tres juntos!

Ascen, Amaia y Sonia ¡Nuestras Trizurkas segunda y tercera clasificadas! ¡Y Ascen primera veterana! ¡Bravooo!
La mejor imágen: Santi entrando en meta. Nuestro amigo llevaba más de un año sin correr por lesión. ¡¡Enhorabuena!!

Alejo más contento todavía que Santi, menudo pájaro...

Aquí el precioso vídeo de la carrera:



Mis glucemias regular: Los días anteriores reduje la Insulina Tresiba (Lenta) de 8 a 6 uds. y el domingo amanecí con 209 de azúcar en sangre a eso de las 6 de la mañana.   Me puse 2 uds de Novorapid (Rápida) con el desayuno: café con leche y cuatro nueces.  A pesar de llevar el medidor muy a mano en un bolsillo de las mallas no me miré el azúcar hasta llegar a meta: ¡¡254!!  Muy alto pero es que además de un gel que tomé en la subida a Ostiasko y otro en la primera subida a Ezkaba, bebí dos vasos de isotónico, sandía en dos avituallamientos y sobre todo el dichoso pastelito de chocolate...   

En meta me puse tres unidades de Novorapid y para celebrarlo comí de todo ¡¡hasta un cacho de Trenza del Reyno de Chocolate!!  Por lo que me puse otras dos unidades.  

En casa a las 9, antes de cenar tenía 66. Las siguientes glucemias volvieron a la normalidad. Seguiremos aprendiendo y procuraremos olvidarnos de Trenzas y pastelitos...