Correr, caminar, pedalear, trepar, nadar, saltar...Trabajar y VIVIR. La diabetes, una anécdota.

Siempre y cuando controlemos el ejercicio y nuestra glucemia en sangre. Esta enfermedad que junto con la obesidad está considerada la epidemia del siglo XXI permite llevar una vida activa perfectamente normal gracias a médicos e investigadores, profesionales apasionados que no dejan de trabajar para que mañana sea de verdad una anécdota. Hay dos tipos principales de diabetes: Tipo I y tipo II. La primera es la mía, la insulino-dependiente o también llamada infantil, porque en un alto porcentaje de casos se presenta a edades tempranas, aunque yo "debuté" con esta enfermedad a los 44 años. Mi sistema inmune falló y atacó a las células del páncreas que producen la insulina sufriendo a continuación los tres síntomas del libro o las "tres Pes": Poliuria (orinar mucho), Polidipsia (sed horrible a todas horas) y Polifagia (hambre, hambre, haaaambre).



¿Porqué a mí? Pensé. A mí que toda la vida he hecho deporte, que sólo tres meses antes terminé mi Cuarta Maratón en Donosti, a mí que no fumo, a mí que soy un chico formal: Buen padre y ejemplar esposo, a mí que hago la declaración de renta puntualmente y pago la contribución urbana y el impuesto de circulación religiosamente cada año... ¿Porqué?



El estrés que tantos sufrimos en mayor o menor grado, herencia genética, un catarro mal curado, la contaminación, el agujero de la capa de ozono... Médicos, familiares, amigos, vecinos y yo mismo apuntamos una u otra causa, pero lo cierto es que daba lo mismo. El caso es que mi cuerpo -mi páncreas- casi no tenía reservas de insulina y que ya no iba a producir más -o muy poca- y que iba a necesitar "pincharme" insulina todos los días.

lunes, 29 de octubre de 2018

Maratón de Tendeñera

Tenía dos títulos para esta crónica: "Aventuras en Alaska" y  "¡¡Jodo qué viento!!". Como no me decidía por ninguno de los dos me he quedado con el nombre oficial: Maratón de Tendeñera, organizada por el club Mundo 080 y primera de las tres pruebas de la XIX Os Foratos de Lomenás que tiene lugar en Torla cada año por estas fechas.

Tomás Cardona seguido de Oscar Abadía, con ellos iría buena parte de la carrera.
Iñigo y yo hemos estado toda la semana a vueltas con las prediciones meteorológicas que anunciaban la llegada del Invierno justo para el sábado 27, día de la carrera. Algo difícil de creer con todos los días de buen tiempo, caluroso y despejado que estábamos disfrutando este Otoño, al menos en Navarra. Lo peor es que los pronósticos hablaban de precicipitaciones: Un día apuntaban 11 litros, al otro solo uno ¡bieeennn! pero al siguiente ponían 30 ¡Ay madre!  Txitxo y Adri, que se habían apuntado a ultimísima hora para venir con nosotros sumaron eso a sus líos domésticos (hijas-guardería-catarros-dalsy) y decidieron quedarse.  Hay quien tiene sentido común...

Pero Iñi y servidor somos optimistas, las prediciones se hacen para que no se cumplan -sobretodo si son malas-, y con esa idea en la cabeza el Viernes por la tarde salimos de Zizur, poco más tarde de las cinco para llegar a Torla a eso de las 7:30. Queríamos llegar a la charla técnica pero estaban terminando cuando entramos en sala de usos múltiples de la Oficina de Turismo. Justo en ese momento estaban presentando a Jorge Gª Dihinx -la Meteo que viene-, que nos comentó cómo tendríamos el tiempo al día siguiente: Por fortuna los montes y valles que íbamos a recorrer no están en primera línea y lo más gordo se la llevarían las montañas de la divisoria y sus vertientes norte. Eso sí frío pasaríamos seguro, sobre todo por el aire en altura, así que abrigarse y pensar no solo en qué ropa llevar para correr sino también algo más para el caso de una lesión o accidente y tener que esperar horas quizás hasta que te socorran.

En el control de material entre otras cosas comprobaron que llevábamos guantes, gorro, cortavientos, dos capas térmicas, chubasquero y frontal con pilas de repuesto. Esto último confíabamos en no tener que utilizarlo. Yo al menos, pensaba en la maratón de Ezcaray de hace dos semanas cuando había llegado a meta para la hora de comer y me decía que si aquella había sido dura esta debía de ser la leche... También es verdad que en Ezcaray salimos a las 7 de la mañana y aquí saldríamos a las 9 pero aún así.  ¡¡¡¿Dónde nos habíamos metido..?!!!

Nada mejor que una buena cena para alejar miedos: En el Restaurante La Brecha nos pusimos las botas degustando cogollos con anchoas, endivias con ídem y salsa roquefor, chuletas de ternera a la brasa, san jacobos, queso con membrillo y contesa helada... Entre los dos nos intercambiamos los platos para probarlo todo ¡qué rico! Pero sobre todo intercambiamos la botella de Tinto Pirineos, de bodegas somontano, de la cual no quedó ni gota. Tan bien y tan contentos terminamos la cena que aceptamos un vaso de orujo de hierbas que la señora de la casa nos aseguró era casero y que nos sentó divinamente.

Con todo eso no fue raro que al levantarnos a las 7:30 los dos tuviéramos un pequeño dolor de cabeza ¿nervios? ¿las endivias? ¿los cogollos? ¡El vino o el licor seguro que no!

Por lo menos la mañana estaba muy tranquila, el cielo nublado y fresquito pero por ahora nada de aire ni agua. Eso sí, las puntas de Escuzana y Mondarruego se veían ligeramente blancas, nada, un espolvoreo que nos hizo pensar en cómo estaría nuestra montaña preferida: Tendeñera.



Con Asier Huarte -¡Que conseguirá el tercer puesto en la general! ¡Enhorabuena!-, con Iñigo y Fernando.
La organización nos invitaba a churros con chocolate pero nosotros -sobre todo yo-, pensamos en que eso era un combustible muy pesado para echar a correr luego, así que desayunamos unos caféses con leche que yo acompañé con un puñado de nueces e Iñi con un plátano y una guarrería dulce tipo tarrina de arroz con leche ¡qué envidia!

En la plaza hay muy buen ambiente, saludamos a Asier Huarte y a Fernando Orejas, del Run19, y a Letizia Marquinez, del Sarbil Etxauribar. Sobre todo hay muchos corredores del Trail Runing Zaragoza y con ellos está Hector a quien puedo dar un abrazo ¡A ver si la próxima vez también llevas las zapatillas! Pero sobre todo me alegro de poder saludar a Oscar Soriano, un super campeón que tras sufrir una complicada lesión en la maratón de Zaragoza ha podido y ha sabido recuperarse para estar hoy aquí. Y por cierto que hará un carrerón también.

Somos menos de 90 los corredores que salimos a las 9 en punto de la mañana. Saliendo de la plaza enseguida tiramos por una calle a nuestra izquierda, la primera cuesta empieza ahí mismo. Proseguimos ganando altura y dejamos Torla a la derecha y debajo nuestra. El pelotón está bien estirado cuando proseguimos la ruta llaneando y superando algún que otro tobogán en dirección a Bujaruelo.

Valle de Ordesa
Río Ara. Precioso en Otoño.

Aquí "cacé" a Angel Aznar -Atletismo la Almunia-, con él y con Antonio Cumplido fuimos intercambiando posiciones casi toda la carrera.

Cruzaremos el río Ara por el Puente de Santa Elena y tomaremos el precioso sendero que discurre por su orilla izquierda (sentido de la corriente), valle arriba hasta llegar al camping. Empezamos a notar el frío, sobre todo cuando salimos del abrigo de los árboles a campo abierto, donde el viento norte pega helador. Casi todos nos ponemos el chubasquero pero un rato después volvemos a quitarlo pues más arriba del camping volvemos a correr dentro del bosque por una pista. Aquí hice mis últimas fotos pues mi móvil se quedó sin  batería quizás debido al frío.

Así llegamos al primer avituallamiento en la Cabaña de Ordiso donde aprovecho para engullir cuatro trozos de plátano y beber un poco de agua. Rellenaré medio bidón de los míos con isotónico (porsiaca) y comeré dos puñados de cacahuetes. Por aquí anda Hector animando al personal y me dice que Iñigo está haciendo un carrerón. Super Iñigo va en quinta posición y ese será su puesto en la clasificación final, consiguiendo un magnífico tercer puesto en veteranos ¡¡olé olé los de Etxabacoitz!!
Foto de la organización

Cruzando el puente de Ordiso nos despedimos del Río y del Valle de Ara para ganar altura por el de Ordiso.  Hace buen rato que me ha alcanzado Oscar Abadía -del club Mayencos- y continuaré con él casi toda la subida hasta la "Peña de Ordiso" primera y muy dura de las tres que nos esperan. Progesar por hierba alta y fuera de sendero se hace muy duro y pesado.  Los bastones son imprescindibles.

Arriba hay tres o cuatro voluntarios -no hay palabras suficientes para agradecer su trabajo-, nos dicen que vamos muy bien y que tenemos un descenso delicado por una ladera muy empinada donde han colocado una cuerda. No es que sea muy necesaria pero nos da confianza para perder altura. Más abajo podemos correr algún kilómetro al tran tran en una zona muy tendida, donde nos sobra la ropa otra vez. Volveré a guardar el chubasquero en la mochila y no lo pondré hasta la siguiente subida, la buena, la que nos ha de llevar al techo de la carrera junto a la cima de Tendeñera (2845 mts).

Foto Oscar Abadía

Resultó ser la menos dura de las tres subidas, pero fue donde más frío y miedo pasamos -yo por lo menos-. Una fina capa de nieve cubría las piedras y en algún apoyo las zapas resbalaban pues estaba medio helada... La niebla además de la nieve complicaba seguir las marcas pero teníamos la huellas del resto de corredores así que no tuvimos demasiadas dificultades en llegar al collado junto a la cima que era el paso a la vertiente Sur, encima de Linás de Broto.  Lo del frío no fue ninguna broma: había tardado en ponerme los guantes y cuando lo hice ya no sentía los dedos de mi mano derecha, así que metí la mano dentro de mis mallas -en esa parte que siempre tenemos caliente- y al cabo de cinco minutos que empezó a doler al recuperar la temperatura saqué la mano de nuevo. Ni que decir tiene que mientras tanto no dejé de caminar. Como para estarse quieto...

Foto Oscar Abadía
Foto Oscar Abadía
 
Foto Oscar Abadía
Foto Organización

Si los voluntarios de Peña Ordiso tenían dos huevos, los de aquí arriba tenían dos y medio ¡madre mía! Ahí estaban junto a una tienda de campaña soportando el frío y el aire...

Aquí nos enfrentamos a un tramo peligroso perdiendo altura por un sendero a media ladera que con la nieve helada requería poner cuidado en cada paso: Un resbalón podía suponer irte para abajo sí o sí. Se hizo largo, muy largo hasta que llegamos a la parte menos comprometida donde por fin pudimos acelerar la marcha.
Oscar tuvo la fuerza y valor de sacarse los guantes para hacer esta foto en el tramo más peligroso.


Oscar estaba más fuerte y se me había ido en la subida a Tendeñera, ahora iba con un chico del Trail Running Zaragoza: Tomás, un cachondo que solo lleva año y pico corriendo por el monte y que ahora está tan loco como todos nosotros. Juntos llegamos al avituallamiento de la Cabaña de la Plana donde las chicas voluntarias nos ofrecieron un caldo. -¡Cuidado que quema!- nos advirtieron, pero esperando tres segundos a beberlo no se quemó nadie. Dentro de la cabaña había un fuero encendido y se estaba caliente así que aproveché para mirar mi azúcar: 130, y solo había tomado isotónico diluido durante la etapa anterior ¡Muy bien!

Aquí pillamos a Oscar que se había entretenido haciendo fotos y me fui detrás de él para enfrentar la tercera etapa. A poco de salir nos despistamos y bajamos a cruzar el barranco. Subiendo la ladera opuesta reparamos en que no había marcas por ninguna parte y tras consultar la ruta en Wikiloc, Oscar confirmó que la ruta subía al otro lado. Cinco minutos o diez no tienen importancia pero cómo fastidia bajar unos metros...
 
De nuevo en el camino correcto nos juntamos con Tomás y también con otros dos veteranos: Angel y Antonio. Cinco mosqueteros que enfrentamos la "última subida bastante dura y fuera de sendero por praderas"... Así la describen los organizadores. Y así es: Dura no, durísima.

Yo hablo poco cuando voy jodido y aquí lo estaba pero aún así me ayudó ir cascando con mis compañeros de aventura: Antonio que hacía dos semanas se había comido las 100 millas en la Ultra del Rincón (Valencia) no dejaba de lamentarse de la locura que le había traído aquí, a la carrera más macarra y cabrona de su vida. En eso coincídimos todos... 

Pero entre los cinco, poco a poco, chino-chano, tipi-tapa, fuimos ganando altura en esa ladera salvaje e interminable: Más de 600 metros de desnivel hasta arriba, donde veíamos a otros corredores, muy pequeñitos y muy altos.

Seguía haciendo frío: el aire no dejaba de soplar y todavía nos pegó más arriba pero yo decidí continuar sin el chubasquero con la esperanza de que tarde o temprano llegaríamos a algún abrigo. Los cojones.



 

Todas las fotos de súper Oscar ¡¡El campeón de Embún!!

Arriba unos voluntarios -tan valientes o más que los de Tendeñera- nos señalaron el largo cordal que nos conducía al Pico Mondiniero ¡nuestra última subidica!  A donde llegamos doblemente alucinados: por el horrible viento helador y por las vistas que teníamos en todas las direcciones. Lo dicho: Alucinante.
El cordal hasta Mondiniero. Al fondo el Tozal de Guara. Guapísima foto de Angel Aznar.

En la cima de Mondiniero había otros tres valientes que nos felicitaron y aseguraron que ya teníamos todo el desnivel hecho. Eso sí, no nos dijeron lo larga y empinada que era la bajada. ¡Madre mía que bajadica! No habréis visto una ladera inclinada hasta que no vengáis al Mondiniero...

Pero Angel y Antonio debían ser expertos en estas bajadas porque aunque les habíamos dejado unos minutos detrás en el cordal nos pasaron como cohetes en esta ladera. ¡Cómo bajan los tíos!

Al llegar al tercer avituallamiento situado abajo en una pista forestal salían nuestros dos campeones, cómo correrían por la pista y el sendero que baja a Torla que nos sacaron 15 minutos...

En ese último avituallamiento hacía el mismo viento y el mismo frío que arriba, así que los voluntarios tenían el mismo mérito. Eso sí, contaban con los coches donde se metían de vez en cuando para no morir congelados. Gracias a ellos pudimos comer unas magníficas rodajas de pan con tomate y jamón -yo más jamón que pan-, una vaso de caldo caliente ¡¡Gracias, gracias, gracias!! y dos puñados de cacahuetes, tras de lo cual echamos a correr hacia la meta.

Ahí fuimos a la carrera Tomás, Oscar y servidor de ustedes. Con un trote alegre, pero sin prisa. Cansados pero contentos. Y frescos, muy frescos...

No sé si fueron dos kilómetros por la pista hasta que tiramos por un sendero ya en el bosque -donde pegaba menos el viento ¡¡bieeennn!!- y por el que  bajamos los últimos 350 mts de desnivel que más o menos teníamos al pueblo.

Nueve horas y veintinueve minutos de PURA MONTAÑA.  ¿En Alaska? No, en los Pirineos.

Enhorabuena y un millón de gracias a una organización valiente y a unos voluntarios más valientes todavía. Aventuras como esta no se olvidan.
 
En wikiloc tenéis la ruta subida por Alejandrorossi46. Cuarenta y cuatro kilómetros y 3311 mts de positivo. ¡Casi nada!
 Mis glucemias: 

207 a las 7 de la mañana del sábado. Normal con la cena del día anterior y que me había metido al sobre sin comprobar para corregir. Con el desayuno me puse dos uds de Novorapid: Tres nueces y un café con leche. Los churros y el chocolate ni mirar por supuesto.

130 a las 15:05 en la Cabaña de la Plana (2º avituallamiento) eso me animó a probar un poco de pan con tomate y jamón.

En meta ni me miré pero me puse 4 uds para comer un plato de macarrones con tomate, un vaso de caldo y un culín de tinto. En casa a las 21:46 tenía 136

sábado, 13 de octubre de 2018

Los Lunes al Saioa


Pero no al sol, porque el Lunes 8 de octubre teníamos fresco y muchas nubes. Lluvia no,  pero sí nieblas y nubes agarradas en los altos tapando un poco las vistas. Eso sí, dentro del bosque los senderos nos mostraron bellísimos escenarios dignos de un cuento de hadas... O de corredores por montaña.

Quinto Real en Otoño siempre vale la pena y eso que los amarillos y rojos solo asoman tímidamente aquí y allá, más en los quejigos y arces que en el hayedo. Pero aún así siempre vale la pena dar un paseo por estas montañas, más aún si viene un amigo de Zaragoza: Jorge Aranburo tiene unos días de fiesta y quería acercarse a estas montañas, de modo que Alejo, Carlos Nuin y servidor hemos querido acompañarle y llevarle por los caminos de la Nafaroa Xtreme desde Zubiri hasta el Saioa, pasando por el Adi.

Alejo y mi tocayo tenían que estar pronto de regreso por lo que han venido solo hasta la cima del Adi. Allí nos hemos despedido y mientras ellos desandaban el camino, bajando a toda velocidad, Jorge y yo hemos proseguido la excursión hacia el Saioa. Primero hemos bajado al Puerto de Urkiaga y desde ahí al de Artesiaga siempre siguiendo el recorrido de la carrera. Solo nos hemos cruzado con un pastor, con un ciclista parado en el alto de Urkiaga y con una pareja que iba de travesía hacia el Adi, mucho más cargados que nosotros porque iban con la casa a cuestas en su pesada mochila.

Gracias a las nieblas los puestos de caza de paloma que jalonan la travesía estaban desiertos y pudimos avanzar sin preocupación, oímos tiros de escopeta pero lejos. Eso sí, mis compañeros vieron un ciervo correr ladera abajo entre las hayas.  Y hablando de ciervos, fue divertido confundir el sonido de una motosierra abajo en el valle con el de la berrea de estos animales...




Siempre es una maravilla atravesar estos hayedos encima de Cilveti...
 


Adi (1457 mts)




Sale el sooooool !!!!!!!!!

Disfrutando por los senderos que vuelan por encima de Alduides y Baztán


Más de 400 mts de desnivel de Artesiaga a la cima de Saioa

Saioa (1419 mts)
32 kilómetros de paseo por Quinto Real. Todas las fotos aquí
Por 2 euros pudimos ducharnos y cambiarnos en el polideportivo de Zubiri y después reponer fuerzas en el Gau-Txori, donde nos trataron pero que muy bien. ¡¡Jorge ¿cuándo hacemos la próxima?!!

domingo, 30 de septiembre de 2018

Por la Sierra de la Demanda

Para coronar la cima del San Lorenzo, que con sus 2271 mts es el jefe de la región y techo de La Rioja. Muy cerquita, en la misma Sierra de la Demanda está su vecino San Millán, de 2131 mts, que a su vez es el techo de Burgos.  Descubrir un monte participando en una carrera de montaña es una fórmula tan buena como otra. Hace ocho años conocí de esa forma el Pico San Millán, desde Pradoluengo. Y ayer sábado hice lo mismo con el San Lorenzo participando en la IV Edición de la Ultra Trail Picos de la Demanda, en Ezkaray.

Fuimos dos Trizurkos, bueno no, una trizurka y un trizurko: Rebeca Artieda y servidor de ustedes los que nos acercamos hasta Ezkaray el Viernes por la tarde. Mi compi salía a las 8 del currelo por lo que no pudimos llegar a tiempo a la charla de presentación de la carrera. Pasaban de las 9:30 de la noche cuando llegamos a nuestro destino. Por suerte los organizadores todavía estaban entregando las bolsas del corredor y pudimos dejar esa tarea hecha. Y menos mal, porque la carrera salía  las siete de la mañana y lo que menos nos apetecía era preocuparnos de coger el dorsal antes de desayunar...

En el albergue juvenil el Molino, compartimos habitación con Unai, de Vitoria. Nuestro colega del Amurrio Trail Taldea también ha venido para la ultra así que no tendremos problema con poner la alarma: ¡Todo el mundo arriba a las 5:00!

Rebeca estaba horrorizada con el madrugón pero más todavía con su estreno en una ultra de montaña: Ultra entre comillas, porque "solo" eran 44,8 kmts, eso sí muy duros por el positivo acumulado de 2918 mts. -¡Tranqui Rebeca! Si tú ya te has comido dos maratones de asfalto no tienes que preocuparte por esta carrerica...- Traté de animarla mientras desayunábamos. A la mesa estaba Unai y otro chico de Vitoria que había venido para preparar la Hiru Mendiak, una ultra de verdad de 101 kmts que tendrá lugar el próximo 20 de octubre. ¡¡Estamos todos locos!!

Pero que muy locos, como Patxi Arbizu, a quien nos encontramos tomando un café en el bar próximo a la meta, donde nos cobijamos de los 14 o 15 grados que había en la plaza del pueblo a las 6:30 de la mañana.  Patxi fue quinto hace dos semanas en la Ultra de Canfranc, una de las carreras de montaña más duras que puedes encontrar en el calendario mundial... También quiere correr la Hiru y su intención hoy es ir de tranqui, "para soltar las piernas", ha venido con su chica que también correrá, pero más tarde otra prueba de 23 kmts. Hay una tercera de 12,7 kmts.  Entre las tres nos juntaremos 600 corredores, siendo la ultra, con 250 inscritos la que más participantes congrega.

Mientras hablamos con Patxi, aparece Mauri, del equipo Adi-Ike y al poco llega Javi Oteiza, otro colega de Pamplona. Estos dos últimos se han pegado el super madrugón viniendo en el día a la carrera. Charla que te charla se nos echan las 7 y salimos a la plaza para meternos en el corralito.


Con Rebeca y Mauri a poco de salir
A las 7 está todavía oscuro, así que todos llevamos el frontal en la cocorota. Solo nos hará falta unos 45 minutos pero qué se le va a hacer. En el control nos han activado el chip y han comprobado que llevamos un litro de agua al menos y el chubasquero. Nos retrasamos dos minutos porque unos cuantos despistados se han metido al corral sin pasar por el control pero una vez que todos estamos fichados... ¡¡Salimos!!

Sin haberlo hablado previamente, Rebeca y yo hemos decidido ir cada uno a nuestra bola: mi compa quiere ir tranquila, a su ritmo, sea el que sea, sin otra preocupación que la de llegar a la meta donde la estarán esperando sus dos chiquitas y el papi Isidoro.


Al que sí veo correr delante mía es a Mauri, pero solo un rato hasta que pasado un tapón se pierde monte arriba a un ritmo que desde luego no es el mío ¡Me sacará más de una hora en meta el pajarico de Biurrun! Y por cierto que con él entrará también Patxi. Vaya dos...

La carrera fue tremenda. Chula, dura, muy dura, más todavía... Pero sobre todo chula y guapa. Estos montes de la Sierra de la Demanda encierran hayedos y caminos preciosos. ¡Y cortafuegos con bajadas asesinas como la del kilómetro 5,9 donde perdimos 200 metros casi en vertical!

Entre bromas, risas y alguna culada conseguimos llegar abajo y seguir a media ladera un buen rato mientras los primeros rayos del sol, por el Este y a nuestra izquierda nos daban los buenos días... Delante nuestra, los hayedos cubren del todo una sierra a la cual subiremos por una pista dentro del bosque.  
Con el corredor de medias azules coincidí en casi todo el recorrido intercambiando posiciones. Finalmente llegó a meta unos segundos detrás mía. Encantado Iosu!!
A continuación bajaremos al fondo del valle del Oja, aguas arriba de Ezcaray.  Aquí atravesamos dos pueblos: San Antón y Azarrulla, cada uno a un lado del río. Y vuelta otra vez a ganar altura por un estrecho valle y un hayedo precioso, cruzando y descruzando la regata que corre por su fondo mediante pintorescas pasarelas de madera. Coincidimos aquí con dos chicos que suben en bici ¡dos cracks! porque entre la pendiente y el sendero que ya es malo caminando...

Con uno de ellos iremos intercambiando posiciones cuando más arriba corremos por un sendero a media ladera. Bastante inclinada la ladera por cierto lo que hace nuestro camino algo aéreo, muy guapo para correr pero una locura para ir en bici, al menos para mí.  Con ese campeón de las dos ruedas llegaremos al avituallamiento que precede la subida final al San Lorenzo.

Entre el público aquí congregado me sorprende ver a Rubén Aristu -¡Pero qué haces tú aquí!- le pregunto al campeón del equipo A4' X KM, porque también había venido a la carrera. Pero nuestro amigo no ha tenido el día y tras quitarse el traje de romano ha subido aquí para animar a todos los corredores, ¡Bravo Rubén!

Yo sigo para arriba, pero me noto flojear cuando enfrentamos las rampas finales que nos llevan a la cima. Solo había bebido agua en el avituallamiento así que me tomo un gel. Me pasarán bastantes corredores en esta parte y seguirán pasando más en la bajada al otro lado de la montaña.  Habíamos subido por una especie de sendero entre las piedras pero ahora no hay camino de ninguna clase y como un muñeco roto me dejo caer con cuidado de no pisar mal entre las piedras y la hierba traidoras...  Mi problema es que noto las patas a punto de acalambrarse, los cuádriceps me duelen y avisan con bloquearse, mis gemelos lo mismo pero al menos ahí pongo el remedio de subir las medias de compresión que llevaba bajadas en los tobillos.

No soy el único que pasa apuros: una chica comenta con otro mozo los mismos problemas pero ella va mejor y poco a poco les pierdo de vista montaña abajo.

Soy un desastre: He olvidado poner las cápsulas de sal y magnesio en la mochila y aunque he comido algún plátano y sandía, eso no es suficiente para reponer con toda la paliza que me estoy dando. Por eso es que me acechan los calambres.  Por si acaso me miro el azúcar: a las 12:32 y tengo 88, no está mal pero tomaré otro gel que seguro necesito para continuar.

Pero lo que de verdad quiero son sales, pregunto a un par de corredores si llevan pero nada, así que al llegar al avituallamiento del km 35 -Piquilla-  les pregunto a los voluntarios.  Uno de ellos, más veterano todavía que yo, me ofrece la sal que estaba poniendo a una ensalada y se la acepto encantado. Tomaré dos puñados que pasaré con dos vasos de agua, además resulta que hay tortilla de patata ¡Qué buena!  Comeré cuatro pedazos de trozos que me saben a gloria. También pillaré otros cuatro cachos de sandía y con todo eso me despediré del mejor avituallamiento de la carrera donde tal y como prometían había dulce y salado. ¡Sí señor!

Menos mal las sales porque aunque las patas las sigo notando a punto de romperse, consigo superar la siguiente etapa donde la organización nos sorprende con un tramo acuático, metiéndonos por el fondo de un barranco dentro del bosque. Está guapísimo sí, pero a estas alturas de la excursión no estamos para la gimnasia que exige cruzar y descruzar la regata saltando de piedra en piedra o saltar los troncos y ramas que cortan el paso aquí y allá.  Eso sí, no sabemos si hará calor ahora que pasa de la una del mediodía, seguro que sí pero aquí dentro se está super fresquito.

Y seguiremos frescos casi todo el camino hasta la meta porque después de ese barranco tan simpático el recorrido nos llevó siempre dentro del bosque hasta el mismo Ezcaray.  Por suerte los últimos kilómetros fueron llanear y bajar por caminos y pistas de buen piso en los que pude mantener un trote de entre 5 y 6 minutos por kilómetro ¡¡casi como Elud Kipchioge en Berlín!!

7:11:17 en meta ¡¡¿Dónde están las patatas a la riojana?!! Gracias Juan Barriola!!

Rebeca y Unai llegaron juntos en 7:47:05 ¡¡Enhorabuena!! Nuestra Trizurka preferida disfrutó muchísimo más que yo. Ya la estamos poniendo en canción para pasar a los 60 o 70 kmts  ¿Te veremos en la Nafarroa Xtreme? Bueno, de momento descansa que te lo has ganado...


Entre otros despistes, además de olvidar las sales olvidé también cargar el móvil así que el wikiloc (color naranja) me llegó hasta el km 21. A partir de ahí puse el garmin (color rojo). Lo peor es que no pude hacer más fotos...


Mi diabetes y yo:

Hablando de despistes. Me dejé las sales, llevé el móvil con la batería casi a cero y lo peor:  ¡¡La pluma con insulina rápida que llevé -Novorapid- estaba también en las últimas!!  Le quedaban 7 unidades. Me puse cinco con la cena, que consistió en una ensalada mixta doble a medias con Rebeca y un plato de bacalao con tomate que también compartimos -riquísimo por cierto-, en el restaurante Lladito, que nos aconsejaron unas chicas voluntarias de la carrera. ¡Muchas gracias!

Pues eso, la cena ligerita y suave. Ni pan, ni vino ni café.

A las 5 de la mañana tenía 55, bajito de azúcar. Mi desayuno consistió en dos cafés con leche (más café que leche) y un puñado de almendras y nueces. Tiré una gota de insulina sin querer y la última me la puse con todo el cariño del mundo.  De reojo miraba cómo Rebeca y Unai untaban mantequilla y mermelada a sus tostadas o como otro chico se metía tres magdalenas sin pestañear... Después en la plaza tomamos un té verde (yo sin azúcar por supuesto) y con todo eso pues ya sabéis: a correr una maratón de montaña.

Durante la carrera en el primer avi bebí dos vasos de agua. En el siguiente agarré dos trozos de plátano, en el tercero comí sandía -5 o 6 cachos-, lo mismo en el siguiente. No bebí isotónico en ninguno. En meta tenía 113, que no está mal después de toda la tortilla de patata del avi en el km 35...

Por suerte y para correr la Carrera de 13 kmts había venido mi amigo Samu, del Team One, que también gasta insulina como yo y me dejó una pluma de Humalog. Me puse cuatro unidades y así pude degustar un plato de patatas a la riojana que acompañé con una cerveza. ¡¡Qué... pero qué biennnn!!  Por cierto Sara ¡¡Enhorabuena por tu carrera!!

Aquí con Sara y Samu celebrando la jornada y la insulina, jeje...

Está es la mesa de los campeones: Sergio Aramendía fue segundo veterano y quinto clasificado de la general ¡Un Txurregi de los grandes!  ¡¡Zorionak txapeldun!!

Una gran carrera. Apuntarla porque vale la pena: Ezkaray, su gente, los voluntarios, las montañas, las patatas a la riojana y... Ese jodido barranco dentro del hayedo por donde nos metieron cuando ya llevábamos las patas echas polvo ¡Que es precioso!