Correr, caminar, pedalear, trepar, nadar, saltar...Trabajar y VIVIR. La diabetes, una anécdota.

Siempre y cuando controlemos el ejercicio y nuestra glucemia en sangre. Esta enfermedad que junto con la obesidad está considerada la epidemia del siglo XXI permite llevar una vida activa perfectamente normal gracias a médicos e investigadores, profesionales apasionados que no dejan de trabajar para que mañana sea de verdad una anécdota. Hay dos tipos principales de diabetes: Tipo I y tipo II. La primera es la mía, la insulino-dependiente o también llamada infantil, porque en un alto porcentaje de casos se presenta a edades tempranas, aunque yo "debuté" con esta enfermedad a los 44 años. Mi sistema inmune falló y atacó a las células del páncreas que producen la insulina sufriendo a continuación los tres síntomas del libro o las "tres Pes": Poliuria (orinar mucho), Polidipsia (sed horrible a todas horas) y Polifagia (hambre, hambre, haaaambre).



¿Porqué a mí? Pensé. A mí que toda la vida he hecho deporte, que sólo tres meses antes terminé mi Cuarta Maratón en Donosti, a mí que no fumo, a mí que soy un chico formal: Buen padre y ejemplar esposo, a mí que hago la declaración de renta puntualmente y pago la contribución urbana y el impuesto de circulación religiosamente cada año... ¿Porqué?



El estrés que tantos sufrimos en mayor o menor grado, herencia genética, un catarro mal curado, la contaminación, el agujero de la capa de ozono... Médicos, familiares, amigos, vecinos y yo mismo apuntamos una u otra causa, pero lo cierto es que daba lo mismo. El caso es que mi cuerpo -mi páncreas- casi no tenía reservas de insulina y que ya no iba a producir más -o muy poca- y que iba a necesitar "pincharme" insulina todos los días.

domingo, 6 de agosto de 2017

Xibero Trail. Corriendo en el país de la lluvia.

En el pais de la niebla, de los bosques y pastos siempre verdes, de los altos puertos que asoman al sol, a los cielos azules y a la luz deslumbrante del Sur, tan cerca y tan lejos. De las regatas cantarinas que se unen y abren profundos tajos en la montaña: gargantas como la de Holçarté donde los hombres han construido una pasarela que parece sacada de una película de aventuras.

¿Xibero Trail? ¿Qué es eso? ¿Una carrera de montaña?, Jean Michel nos habló de esta prueba hace un año, nos dijo que era en Larrau, el pequeño pueblo que da nombre al puerto de montaña próximo al Orhi y que comunica el valle navarro de Salazar con Haute Soule -Zuberoa-, territorio del País Vasco francés.  Este año, su tercera edición ha dispuesto dos distancias: 42 y 13 kilómetros. La carrera larga además de llevarte por la famosa pasarela, te sube después a la frontera asomando al Valle de Roncal, sube el  Otxogorrigaña (1913 mts) y recorre toda la línea de muga hasta el Orhi, el primer dosmil de los Pirineos, desde donde baja para volver a los 650 metros de Larrau. Un itinerario super variado por escenarios espectaculares.

Con esa atractiva carta de presentacion cuatro Trizurkos nos hemos animado a sudar la camiseta: Iñigo, Joseba, Txitxo y servidor, que muy bien acompañados por Celia -nuestra conductora preferida-,  salíamos el Viernes por la tarde de Pamplona hacia Ochagavía.

Subiendo al Puerto de Larrau, vistas hacia las cimas de Belagua y Huesca
El Orhi y la niebla que quiere pasar la muga

Una carretera espectacular: la Selva de Irati a la izquierda y los bosques de Roncal-Salazar a la derecha


Mucho calor en Pamplona y más fresco en Ochagavía, la capital del Valle de Salazar, desde donde proseguimos viaje subiendo a los 1458 metros del puerto de Larrau.  Allí arriba, encima del bosque de Irati y debajo del Orhi, viendo asomar las nieblas del otro lado de las montañas nos despedimos del sol y bajamos a Larrau por un estrecho y retorcido carretil ideal para ciclistas pero terrible si vas en coche y te mareas.

Llegamos a tiempo para recoger los dorsales en el trinquete, donde la organización había dispuesto toda su logística y junto al arco de salida-llegada de la carrera.  El pueblo de Larrau es muy pequeñito, llama la atencion su iglesia rodeada por cementerio y situada en medio del casco urbano, formado por unas pocas casas en cuesta. Tras mucho insistir y gracias al francés justo de Txitxo o el euskera batúa de Joseba, Iñigo y Celia nos indicaron una finca donde podríamos montar nuestro campamento para pasar la noche: un prado debajo del pueblo donde ya había varias furgonetas aparcadas. Montamos una pequeña tienda y con la furgoneta preparada de Iñigo ya teníamos lo necesario para dormir aquella noche. Unos bocatas, un poco de fruta y a dormir, o intentarlo, porque yo al menos apenas conseguí conciliar un "duermevela" en una noche donde el mercurio no bajó de 20 grados.

El amanecer llegó con la misma temperatura, humedad alta y un cielo totalmente cubierto, no sabíamos si por nubes o nieblas. En cualquier caso no llovía ¡mejor! así que desayunamos, nos vestimos de romanos y lo recogimos todo con tiempo de sobra para situarnos en la salida quince minutos antes de las siete, hora prevista por la organización. Celia aprovecharía para dormir una hora más y enseguida saldría hacia el puerto de Larrau con el objetivo de subir al Orhi y animarnos en ese punto de la carrera.


Iñigo, Txitxo, yo mismo y Joseba
Somos algo más de 350 corredores y coincidimos con Asier Huarte del Run19 además de cuatro mozos del Irati-Zaraitzu de Ochagavía. Poco antes de las 7 uno de los organizadores improvisó un briefing para explicar los detalles de la carrera que se prolongó hasta las 7:10, casi quince minutos en francés que nosotros soportamos educadamente al cabo de los cuales un escopetazo dio la señal para echar a correr. Eso sí que lo entendimos perfectamente. ¡¡Vamooooossssss!!


Primeros kilómetros muy rápidos pues bajamos de los 630 mts de Larrau hasta los 400 mts de Logibar, cruce de caminos y principio de la ruta turística a Holçarté. Pistas y caminos entre fincas de hierba donde vacas y caballos nos miran pasar, pequeños bosques donde saltamos regatas de agua y chapoteamos en el barro ¡¡barro!! ¡¡ni me acordaba!!  Corremos y corremos.

Hemos salido de los primeros y me extraña que no me pase mucha gente, eso sí mis colegas han salido para adelante disparados perdiéndose de vista en el primer kilómetro, lo mismo que el Run19 y los cuatro del Irati-Zaraitzu, pero uno de ellos: Javier, va más tranqui y lo alcanzo en el camino que nos lleva a la pasarela. Me explica que la construyeron para poder explotar la madera de los bosques al otro lado de las gargantas y que es espectacular, lo mismo que la pendiente herbosa del Otxogorrigaña, que con sus 45º de inclinación es la parte más dura de la carrera. Sus compañeros están super fuertes y dos de ellos conseguirán el 9º y 10º puesto en la clasificación ¡¡Bravo Mikel y Ander!!  Asier del Run19 conseguirá ser 15º y ya que estamos felicitaremos a Txitxo e Iñigo por su 25º y 30º puesto, una hora antes que yo ¡No está mal!  Joseba entrará 10 minutos delante mía en un 80º y yo conseguiré entrar 24 puestos detrás en 6:39. Seré el 6º Veterano B ¡¡Qué fuertes están los jubilados franceses!!

Pero hasta la meta disfrutaremos por supuesto de esos escenarios fabulosos que nos han contado: la pasarela de Indiana Jones, que se mueve extrañamente a nuestro paso y casi nos marea, los bosques de hayas, robles y toda clase de árboles que cubren las laderas. La niebla que nos moja y nos remoja, una verdadera lluvia bajo los árboles. La inolvidable sensación cuando llegas al collado de Belay, dejas la niebla detrás y te deslumbra el sol en un cielo azul y despejado.  Los oscuros bosques de Roncal y Salazar allí debajo, las cimas de Larra recortadas al Este y el Orhi al Oeste, muy lejos y casi oculto por la cortina de niebla que se asoma en la línea fronteriza. ESPECTACULAR.

Me sentí muy bien en la carrera: el cuestón de Otxogorrigaña lo subí sin detenerme, parándome arriba para grabar un poco con el móvil. En los avituallamientos me puse morado desde el principio: devorando jamón serrano, salchichón, ¡chorizo frito en barbacoa!, queso, ciruelas pasas deliciosas y cocacola, así como agua con zumo de limón que llevaba en mis dos bidones y mucha más agua que bebí además de la cocacola. El azúcar no me lo miré: había amanecido con 126 a las 5:42 y en meta a las 13:54 salieron 166. Estuve atento a mis sensaciones y como he dicho en todos los avituallamientos comí y bebí bien. Antes del famoso Otxogorrigaña y su cuesta de hierba bebí dos vasos de cocacola que me vinieron de cine.

Desde los 1900 de esta primera cima teníamos una bajada tendida hacia el Orhi, interrumpida por largos llaneos y algunos toboganes. Casi todo el tiempo dentro de la niebla donde costaba un poco ver las banderitas rojas que señalaban el itinerario, sobre todo si como fue mi caso no tenías algún corredor delante.  Cuando salías de la niebla la temperatura subía de tal modo que agradecías meterte de nuevo tras esa cortina húmeda y fresca de la cual ya no salimos hasta la cima del Orhi. Allí arriba super Celia me sacó un par de fotos y me contó lo bien que iban Txitxo e Iñigo, que a Joseba lo tenía muy cerca porque andaba regular con las tripas... ¡¡Adiós, adios!!


Txitxo "volando" sobre las nubes llega a la cima del Orhi, poco detrás iba Iñigo

Joseba y yo llegando también a la cima del Orhi

Los 10 kmts de la cima del Orhi a meta no fueron ningún regalo, por lo menos los primeros que discurrían por terreno algo técnico más por lo resbaladizo de la roca que por la dificultad. Muchos corredores dieron con sus huesos en el suelo, yo preferí perder minutos y asegurar el culo de modo que llegué con los pantalones limpios jejeje.  Más abajo pude correr con ganas por los estrechos senderos que faldeando la montaña nos llevaron al último avituallamiento en la carretera. Desde allí solo nos quedaba correr por buenos caminos y pistas sin otra preocupación que vigilar el piso para no torcerte el tobillo. Muchas piedras en la pista final donde ya los cuadriceps empiezan a notar el esfuerzo pero pude mantener un buen ritmo gracias a que mis pies pisaban perfectamente y sin problema gracias a mis nuevas plantillas ¡¡Gracias Niko!! En fin, que con todo eso conseguí llegar a meta en el puesto 104 de 314 que terminamos la prueba, no está mal, no señor. ¡¡Más feliz que una perdiz!!

Mi peli de la jornada:

Peli oficial (guapísima)


La carrera en mi Garmin

miércoles, 19 de julio de 2017

Un Ultra Fin de Semana en Villanúa

Participando en las tres pruebas de la Ultra de Collarada en su segunda edición. Una locura que decidí a última hora pues mi idea inicial era correr solo el Super Trail de 63 kmts del sábado. Pero el ambientazo que viví con Iñigo unos días antes cuando nos acercamos al Txindoki para animar a Oscar y a Joseba en su Ehunmilak, me decidió a inscribirme a la Ultra completa. Y es que seguir a estos dos campeones en las 100 millas de Beasain nos dio un subidón a todos los Trizurkos. ¡Quién sabe el año que viene!

Y así, pasadas las 5:30 del viernes 14 de julio salíamos de Zizur, junto a Pamplona, tres Trizurkos: Iñigo, Joseba y servidor de ustedes. "Pobre de mí" se cantaría aquella noche en Pamplona cuando dieran las 12 y terminaran los sanfermines ¡pobres de nosotros!

En principio Joseba venía para acompañarnos y ofrecerse como voluntario a la organización pero cuando nos vio con los preparativos para correr la Media Maratón Nocturna "Güena Nuei" se vino arriba y bastó con que Iñigo le provocara un poco para apuntarse a la carrera cuya hora de salida eran las 8:30 de la tarde. Ni una semana había pasado desde la Ehunmilak ¡qué tío!

 Merendamos unos bocatas de queso fresco con membrillo y esa fue nuestra gasolina para los 21 kmts con más de 1000 mts de desnivel por las pistas y senderos próximos a Villanúa. La primera parte resultó bastante corredera y ahí Joseba me adelantó sin problemas demostrando que el gran fondo no le ha restado fuerza ni velocidad. Su objetivo era pillar a Iñigo y no lo consiguió por dos minutos. Ambos llegaron en 8º y 10º puesto a meta. Mi tiempo fue de 2:29, que no está mal. Participamos 53 corredores.

Con Iñigo y Joseba, poco antes de echar a correr la Güena Nuei

La organización nos ofreció una cena en plan barbacoa junto al pabellón deportivo donde habían instalado toda la intendencia necesaria para el fin de semana. Los hermanos Jorge y Javi Galve andaban por allí liados a tope, lo mismo que Anchel Terrén y un montón de voluntarios super currelas gracias a los cuales los locos de las zapatillas nos lo hemos pasado como los indios este fin de semana. Joseba habló con Jorge y quedó en que al día siguiente madrugaría con el grupo de voluntarios encargado de la carrera en el pico de Somola Bajo y Alto, Punta Nevera y Collaradeta ¡¡Sudó un poco acarreando hasta arriba de la montaña pero se lo pasó como un enano, un enano de dos metros!!

Entre unas cosas y otras nos tiramos al saco pasadas las doce. Nuestro hotel sería el polideportivo donde pasamos la noche con tres o cuatro corredores y con Ramón Ferrer que cómo no había de ser el reportero oficial.  Un aire norte azotó la cubierta toda la noche y seguía soplando a las 5 cuando nos sonaron los relojes. ¡¡Arriba!!  ¡¡A las 6:30 empieza la segunda etapa!!

Antes de la salida puedo hablar con Manuel Pintor, un colega de insulina a quien ya saludé ayer: es del equipo Team One, que aglutina deportistas de distintas especialidades y todos con una cosa en común: tienen diabetes de tipo uno.  Le vengo siguiendo la pista desde hace un año y sé que está fuerte, de modo que no tendrá problema ninguno en superar las tres pruebas. Hablamos del freestyle y ambos coincidimos en que por ahora nos controlamos mejor con el método del pinchazo en el dedo. Nos deseamos buenos controles y buena suerte en la carrera. ¡¡Vamooosssss!!

Iñigo se lanza adelante con el grupo de los buenos por las calles de Villanúa.  Me mosquea ver que giran a la izquierda hacia la carretera nacional cuando alguien advierte que se han equivocado y dan media vuelta. ¡Qué bien! ¡¡Ahora voy de los primeros!! Bueno, durante un minuto que es lo que tardan todos en ponerse otra vez delante.

Corremos por el centro del pueblo y enseguida salimos al monte, por caminos que van ganando altura. Andamos más que corremos entre pinos y bojes. Me adelanta una de las tres chicas que corren, creo que es Silvia, italiana afincada en Barcelona. Detrás llega Sandra Brunet, de Villanúa con la que iré intercambiando puestos durante toda la carrera. Solo tres chicas pero valientes como ninguna...

Hemos cogido bastante altura cuando me dicen que toca bajar un cortafuegos, ¡qué rabia! porque luego nos tocará subir otra vez. Estamos en la comarca de Garcipollera y el pueblo abandonado a cuyo lado pasamos es Cenarbe, expropiado por el Patrimonio Forestal del Estado con motivo de la construcción del Pantano de Yesa.  Los pinares que se extienden en todas las direcciones y ocupan valles y montañas son repoblaciones de pino laricio, un bosque interminable cubre lo que antiguamente serían pequeños campos de cultivos en terrazas arriba y abajo de las laderas.  Saliendo a una pista unos volunarios nos proveen de agua y powerade, el avituallamiento sólido lo tendremos enseguida que llegemos a Iguácel.  Santa María de Iguácel es una preciosa ermita románica que se levanta en una pradera abierta entre los pinares.  Un sitio mágico y precioso donde me pongo morado de paraguayos y jamón, los voluntarios tienen tan buen humor como el día que empieza, con el sol cada vez más alto en el cielo azul. Me despido de ellos y cuando reanudo la marcha veo que otro corredor no está para comer nada, al contrario lo está echando todo y puede que su carrera termine aquí. ¡Animo campeón!






He venido casi todo el rato junto con un mozo de Trail Running Zaragoza pero está más fuerte y se escapa pista arriba hacia la Sierra de Bacún. Un largo ascenso donde acuso un poco de cansancio en las piernas. Son las 9:21 y tengo 81 de azúcar, demasiado justo así que tomaré un gel de biofrutal y una barra de proteína con chocolate ¡¡riquísima!! Agua no me falta: llevo medio litro de powerade, medio de agua y el camel a la espalda con más de un litro. Junto al camel llevo una pluma de Tresiba y otra de Novorapid, es el mejor sitio pues con la humedad no se calentarán demasiado las insulinas.

El paisaje va ganando espectacularidad conforme subes: Oroel y San Juan de la Peña hacia el Sur y debajo mía, cada vez más pequeñita en el fondo del estrecho valle la ermita de Iguácel...  Una pasada, pero más pasada es llegar arriba, al pie de la Sierra de Bacún y asomar al Valle de Acumuer que se aleja en dirección a Oturia y Sabiñánigo por un lado y llega casi hasta Collarada por el otro.  Y enfrente toda la cortina caliza de Collarada, Collaradeta, Peña Nevera, Somolas, Bucuesa y yo qué sé cuántos montes más.  Aquí está Anchel Terrén con otro voluntario que me hará una fotaza ¡Gracias! Ya estoy más animado y aunque me señalan la costera de hierba que asciende a las puntas de Bacún no me importa y me despido de ellos más contento que para qué...






De las montañas verdes de Bacún hay una bajada de vértigo hasta el refugio de la Espata, entrando en el bosque de pino negro resbalaré varias veces con las piñas que cubren el camino, ¡¡puñeteras piñas redondas y cabronas!!  Me noto flojear pero pensando en el avituallamiento paso de geles, me miro el azúcar y tengo 68, no importa porque en dos minutos estoy sentado con un plato lleno de espagueti, tomate y atún. Por cierto que el tomate crudo está buenísimo. Son las 11:42.

Al mismo tiempo llega Sandra que casi perderá más rato en curarse los pies que en comer. Yo mientras acabo con los espagueti, y me lanzo a los paraguayos y al melón ¡¡vivan los carbohidratos!! Insulina? Cero.

También nos pilla aquí otro loco del Trail Running Zaragoza: Javier Aliaga, con el dorsal 1. El mozo es cantante aficionado: aquí le tenemos en una actuación con su socio, son los Parnets. Tanto le gusta cantar y tan fuerte está que saldrá delante nuestra haciendo toda la subida hasta el Somola canturrenado en voz alta pues lleva puestos los cascos. ¡¡Menudo elemento!!  Me da mucha envidia porque yo no tendré aliento ni para resoplar ¡¡Ufffff!!

La siguiente etapa es como un bucle que nos llevará al techo de la carrera para volver de nuevo a este punto de control dentro de 10 kmts.

Aunque iniciamos juntos la subida enseguida me quedaré el último y cada vez más lejos de Javier y Sandra. A las 12:49 aún queda mucho para la cima, me miro el azúcar: 149. Bueno, por lo menos eso lo llevo bien. Pero mi caja no da abasto a respirar y mis patas tampoco rulan. Puede que sea consecuencia de la hipo de hace una hora, no lo sé. Pero tengo que subir ahí arriba!!

Como para no subir si Ramón Ferrer me sale al encuentro cámara en mano y me fríe a fotos!! Jajaja, qué tío!! Está tan loco como su tocayo Ramón Malcorra, el de Zegama, que ha venido con su chica preferida a disfrutar de estas bellas montañas que son tan desconocidas.

Fotazas de Ramón Ferrer subiendo al Somola Bajo:
Iñigo y Plácido 

Sandra, Manuel, los dos UTZ y yo un rato largo más tarde

Con tanta buena gente y casi tocando la cima me iré animando y llegaré arriba con buena cara para saludar al bueno de Joseba y todos los voluntarios que jalonan el recorrido en los sitios más comprometidos. Algunos pasos delicados, no difíciles pero sí un poco expuestos han sido equipados con cuerdas, entre eso y los voluntarios que nos van orientando avanzamos con total seguridad. En la siguiente cima está Tono Molpeceres, otro campeón que prefiriría estar corriendo la ultra pero que ha optado por colaborar aquí arriba y cuidarse un poco de tantas palizas ¡¡Qué grande!!



Alcanzo a Javier que ahora camina junto a su compa de equipo, el que me había adelantado al principio de la excursión pero que ahora está pasando también alguna miseria. De eso no nos libramos casi nadie. Me pongo delante y continúo en solitario admirando las vistas hacia el norte sobre el Circo de Ip y el horizonte de tresmiles que destacan hacia el Este. Es una zona salvaje y espectacular, atravesando una especie de meseta aérea que nos acerca a la última cima: Collaradeta, la vecina y hermana pequeña de Collarada a donde subiremos mañana. Uffff, ya veremos...








...Porque queda mucho, mucho para eso.  Primero hay que bajar de nuevo a la Espata. Pedreras, pastizales, más pedreras, hierba, pinos, paredes que hay que destrepar... Montaña pura en absoluta soledad pero con el lujo de seguir una ruta perfectamente indicada y voluntarios en mitad de ninguna parte para señalar un paso delicado. ¡¡Qué suerte la nuestra que nos gustan lujos tan baratos como esta aventura que nos organizan los amigos de Villanúa!!

Y hablando de lujos, me comeré otro plato de espagueti con tomate y atún en la Espata. Como hace un rato a las 15:22 tenía 206 de azúcar, ahora que son las 16:13 me pondré 3 uds de novorapid. Tras de lo cual me despido de la buena gente de este Puesto de Control doble (kmts 22 y 32). Me han prometido que hasta Canfranc casi todo es bajar excepto los primeros tres kmts que por una pista me llevan a la Trapa, bajo los cortados de Collarada. De ahí seguiré por un sendero de Heidi, entre prados y bosques de pino negro hasta asomar al valle encima de Canfranc. Salvo la primera parte cuesta arriba troté a buen ritmo en buena parte de esta etapa, sobre todo por el sendero que a base de zig-zags pierde altura valle abajo y que parece no acabar nunca. Pasé calor en esta etapa pues el sol estaba todavía muy alto y pegaba de lleno en esta ladera de orientación Oeste. Y menos mal que el bosque proporcionaba algo de sombra... Decir que aprovechaba cada regata y abrevadero para remojar cabeza y gorra, con lo cual conseguía un refresco casi continuo.

En Canfranc son las 17:31, aquí está Hector del Trail Running Zaragoza que ha venido a animar a sus chicos y se alegra un montón de verme tan bien. ¡¡Porque me siento muy bien!!  Sandra también está aquí y se alegra todavía más de verme: sorprendida de verme recuperado y encantada de que salgamos juntos hacia el refugio López Huici, pues está aburrida de ir sola en esta carrera durísima.

Charla animada por sendero entre pinos, ahora estamos ganando altura por la otra ladera del valle del Aragón. Como es orientación Este, el sol casi no nos pega y subimos a gusto. Sandra me cuenta sus miserias del año pasado en esta misma ultra que no pudo completar a falta del 2KV a Collarada y es que todavía hizo más calor que hoy y eso pasó factura a no pocos participantes. La felicito solo por terminar el Super Trail pues la zona de Lecherines, que este año no tocamos, tuvo que ser muy dura.

Enseguida veo que Sandra va mejor que yo, apenas puedo hablar y mantener su ritmo. Además el estómago me está empezando a... molestar, solo molestar por ahora. Pero me falta el aliento y le digo que tire para arriba que si recupero ya la alcanzaré. Está preocupada con el frontal: se le ha roto y vamos muy justos para llegar de día. A ver.

El caso es que apenas he comido en Canfranc: un paraguayo y un trago de Powerade. Con ese líquido azul he rellenado uno de los bidones delanteros por si tuviera una hipo. Y sí la tengo: a las 18:01 me miro y tengo 62. Tampoco es el fin del mundo porque voy a tope de geles y barritas. Me siento unos minutos para comer y beber tras de lo cual reanudo la marcha. ¡¡Y me sale al encuentro el amigo Juan -Perrojuan-!! El campeón de Zaragoza que está pasando el finde por aquí y se quiere acercar mañana a Villanúa para estar con Vito, Ambargreen y Manu del club Sarrios y con Pantoja y otros fieras del Ibonciecho...

Nos despedimos y sigo para arriba. No tiro cohetes en esta subida y me cuesta mucho llegar por fin arriba del bosque. Junto a una regata dos voluntarios sentados junto a un montón de botellas de agua y powerade me señalan el tejado del refugio López Huici que asoma arriba de unos prados. Se ve lejos y todavía muy alto. - ¿Cuánto tiempo me llevará hasta allí?- les pregunto. - Hora y media, porque todavía tienes 700 mts de desnivel-. -¡No jodas!- contesto desesperado, - ¡que quiero llegar a Villanúa de día...!-. Nos ponemos a calcular horarios y no nos sale la cuenta: Son las 7 menos diez, pongamos 8 y media en el refugio y desde allí a meta 10 kmts... pero con una bajada que me han advertido no es fácil, ummm...

Sin pensarlo más salgo pitando monte arriba con la vista puesta en el alto collado donde se levanta ese refugio. A pesar del cansancio disfruto de la paz y belleza de esta zona: un gran circo de verdes prados donde las vacas ponen la nota musical de sus esquilas. Las sombras van creciendo en el atardecer pero aún hay mucha luz y la Collarada al fondo, se levanta toda de oro bajo los rayos del atardecer. Qué paz...



Justo en el límite de la sombra se levanta el refugio. Al fondo la Collarada.

Pico de la Garganta, Aspe, Lecherines...


...Qué paz pero que prisas, ahora que me he despabilado un poco consigo un buen ritmo y gracias a eso "solo" me cuesta una hora y diez minutos llegar al López Huici. Allí hay un grupo de voluntarios, entre ellos un niño que está orgullosísimo de lo bien que han señalizado la ruta: -¡Verás que bien están puestas las banderas! ¡Así no te pierdes!-. -Más vale- le contesto de buen humor, -porque sin las gafas de lejos ya te digo que no veo nada bien...-.  El lugar es fantástico, con unas vistas formidables hacia todos lados: la Collarada allá lejos, los Lecherines y el Aspe encima que casi pueden tocarse... una pasada. Me despido de todos y tiro pista arriba a todo lo que pueden mis patas y mis bastones. Me han dicho que tengo 5 kmts de pista ¡cinco kilómetros! uffff...  Los dos primeros son cuesta arriba, subida tendida con algún tramo casi llano donde apenas corro pero sí puedo caminar rápido.  Los siguientes tres kmts son cuesta abajo y ahí me pongo a correr a todo lo que puedo ¿5:30 minutos el kilómetro? Pero muy contento de ver que los pies resisten el golpe de cada zancada. De ese modo tendré alguna oportunidad de llegar con luz a la bajada...


El sol ya se está poniendo hacia el Oeste y proyecta mi sombra en la ladera izquierda: Un compañero que corre todo el tiempo a mi lado. Con tantos kilómetros en las patas y en la cabeza hay algún momento en que lo miro extrañado de su poca conversación ¡Ah no, que es mi sombra!

Los primeros metros de la bajada son una macarrada: las banderitas me llevan por una ladera que cae a pico sobre el valle. Estaré a unos 2100 mts de altura de modo que hay más de mil para bajar al pueblo, que no puedo ver desde aquí. Después de salvar un trozo super malo parece que la cosa mejora pero no, hay más escalones, más paredes y más rampas delicadas en las que me obligo a bajar despacio poniendo todo el cuidado en no resbalar, tropezar o simplemente salir volando.  La señalización de lujo eso sí: me daré un tortazo pero no me perderé jeje...

Alcanzo a Sandra que se ha roto una uña, la campeona de Villanúa se acomoda una venda en un plis plas y tras atarse las zapas reanuda la bajada a toda pastilla perdiéndose delante mía. Son las 9:30 y queda poca luz, mucha menos cuando vamos por dentro del bosque, pero todavía no es necesario el frontal. Doy por hecho que más abajo, cuando no se vea ni jotas me esperará para seguir bajando juntos pero no será así: esta valiente moza se conoce estos caminos al dedillo y como además va como un cohete conseguirá llegar a la meta 16 minutos antes que yo, lo cual de verdad es muy meritorio pues incluso con mi frontal los últimos dos kilómetros se me hicieron puñeteros.  Mi tiempo en meta 15:54:28. Fuimos 24 los que conseguimos completar esta segunda prueba.

Son las 10 y media de la noche pero todavía hay tiempo para felicitar a Joseba por su aventura como voluntario en el Somola y a Iñigo por su gran carrera en la que ha conseguido el 4º puesto de la general.  También tendré tiempo de ducharme, de un masaje con el fisio y cenar todo lo que los amables voluntarios me ofrecen: pizza, tortilla, jamón... ¡¡dos cervezas!!  Sobre las 12 nos tiramos a dormir. Esta noche somos más en el polideportivo porque han llegado muchos corredores para el doble KV de mañana.

Duermo bastante bien y me levanto despejado, lo mismo que mis compañeros. Nos espera la última prueba: comernos los 2000 mts de desnivel entre Villanúa y la cima de Collarada (2886 mts) así que desayunamos a tope. Mi azúcar a las 6:45 está en 131, bien. Tomaré tres vasos de café con leche -más café que leche-, dos tostadas con aceite, dos trozos de plátano, un paraguayo... y me pondré tres unidades de insulina rápida.

Hoy no me pongo la mochila, hay avituallamientos de sobra y además en los bolsillos del pantalón llevo tres o cuatro geles. Es curioso pero las piernas no las noto muy cansadas: el masajito de anoche y el sueño reparador han hecho su efecto. Eso sí: el objetivo es terminar, no podré exigir mucho del motor y las ruedas -mis pieses- tampoco están para volar en la bajada.

A diez minutos de la salida caigo en que no llevo el chip ¡¡está en el coche!! No tenía intención de calentar pero saldré a la carrera y entre ir y volver cae un kilómetro a menos de 5 min/kmt ¡¡soy un campeón!!

Un campeón que sale en la cola del pelotón. Por ahí delante van Tedy, Iñigo, Carlos Nuin y su compañero Koldo, Carlos Irujo, Ramón Anaut y Asier del Adi Ike y un montón más de campeones. Le deseo suerte a Sandra que como yo tampoco ha querido faltar a esta tercera excursión y... ¡¡Salimos!!

Qué bien vamos aquí detrás, como vamos los últimos nos comemos todos los tapones ¡¡mejor!! así el motor que casi hemos quemado estos días podrá aguantar un tercer calentón. Espero.

Hace calor y eso que vamos a la sombra casi todo el rato. El sendero se retuerce en cien vueltas y revueltas y va ganando altura entre los pinos. Es bonito. Y cuando salimos a los prados de la Trapa, al pie de los cortados que cierran el paso a la montaña, es más bonito todavía. Ya podemos oír la gaita tocando y este año le acompañan las castañuelas. La música nos señala la puerta de acceso a los prados superiores.

Pero antes echamos un trago en el avituallamiento y comemos un poco de fruta: paraguayos ¡cómo no!  Después seguimos para arriba y pasando junto al gaitero y las castañuelas, muy bien tocadas por una simpática mozeta, agarramos un poco la cuerda que quita el miedo en la repisa y salimos arriba para contemplar la imponente costera de hierba que debemos subir. Uffff...

Manuel que venía detrás mía me adelanta poco a poco, yo había llevado un ritmo constante hasta ahora pero noto que me fallan las fuerzas y tengo que hacer alguna parada para recuperar el aliento. Me tomo un gel y sigo para arriba. La cuesta de hierba hace un pequeño rellano que cuando llegas permite ver otra cuesta todavía más larga y empinada. Un tubo de goma negra baja de casadiós para llevar agua a algún abrevadero y progresamos a su lado.

Superada la segunda cuesta hay un avituallamiento que me viene de perlas: ¡¡viva el powerade!! Además las chicas voluntarias me ofrecen chocolate y una barrita casera ¡¡riquísima!!  Les aseguro que son las mozas más guapas y simpáticas de toda la Collarada y agarrando una botella de powerade sigo para arriba. Hipoglucemias a mí...

Los primeros campeones bajando de la cima se han cruzado conmigo hace rato y siguen bajando. Entre ellos Tedy, por supuesto, que conseguirá un 7º puesto en la general y 1º en veteranos ¡¡bravo!!

Por fin consigo llegar a la pedrera donde es más penosa la progresión pero me encanta porque significa que me queda muy poco para la cima. Una vez en la canal central ya puedo echar mano a piedras gordas, incluso a las paredes y allí no me voy para atrás. Animado por los voluntario gano los últimos metros y por fin llego arriba ¡¡cimaaaa!!  Esto ya lo tengo, aunque sea rodando llegaré a Villanúa...

Rodando no, pero sí más despacio que ninguna otra vez, sobre todo porque las piernas no resisten la tensión de bajar corriendo y los pies menos. Salvo algunos saltos bajando por la pedriza, después por la hierba pongo mucho cuidado para no pisar mal entre la hierba y las piedras gordas.  ¡¡Venga, poco a poco!!

Bajar los cortados, llegar a la Trapa y entrar de nuevo en el bosque por el camino viejo es todo uno... Hace mucho calor ahora por lo que me esfuerzo en correr toda esta parte de la bajada para llegar lo antes posible a la meta. ¡¡Esto se acabaaaaa!!

Mi tiempo en meta: 04:38:07, solo una hora y veinte minutos más que mi mejor crono en esta carrera. Pues no está tan mal...

¡¡Qué bien entraron esas migas y esa longaniza señores!! Y la cerveza, y el vino... ¡¡Y los pasteles casi helados con que todos los años nos obsequia Villanúa!! ¡¡Qué bueno todo!!

Y si además subo al cajón para recibir un premio como segundo veterano ¡¡para qué quieres más!! Muchas, muchas, muchísimas gracias Villanúa. Los 2KV Collarada sois muy grandes. ¡¡¡Más grandes y más altos aún que la Collarada esa!!!
Fotos de Ramón Ferrer
La crónica y las fotos de Ramón en su blog: Corriendo por la Sierra

Clasificaciones en Tempo Finito

Y este fue nuestro Ultra Fin de Semana en Villanúa.

Mis fotos y alguna que he pillado de Ramón aquí.

jueves, 6 de julio de 2017

La Moleta y Pala de Ip

Yo quería ir al Bisaurin pero Alejo está ciego con Canfranc y recorrer parte de su Maratón subiendo a la Moleta y bajando por Iserias. Una vuelta corta de unos 16 kmts que nos permitiría estar de regreso en casa para mediodía.   En cualquier caso no veía claro meterme hora y pico de coche para ir a un monte en el que ya hemos estado un porrón de veces. Le hubiera convencido con el Bisaurin pero Carlos Nuin se apuntó también a la excursión y al decirnos que no conocía la zona acepté ir a Canfranc. ¡Pero con una condición!: Subir la Pala de Ip. - Solo hay media hora desde la Moleta- les dije a mis compis mintiendo como un bellaco.  Bueno, técnicamente no mentía pues no tenía claro el tiempo que podía llevarnos recorrer la cresta redondeada, también llamada de la Tronquera, hasta los 2779 mts de la Pala de Ip. Pero sí lo recordaba como un paseo fácil y espectacultar con formidables vistas a uno y otro lado. Si no eran treinta minutos serían cuarenta pero valía la pena y mis dos amigos echarían otra cima a su mochila. Como no es un tresmil es una montaña poco concurrida y disfrutamos de toda la montaña para nosotros solos, y es que salvo dos montañeros que estaban en la Moleta cuando pasamos por segunda vez, no vimos a nadie allí arriba.  Eso sí al bajar al fondo de la Canal de Izas, a eso de las 11 o 12 de la mañana nos cruzamos con dos o tres grupos de montañeros ¡qué poco madrugadores!

El Ibón de Ip y la Norte de Collarada desde la Pala de Ip
 
Con Alejo y mi tocayo Carlos Nuin en la cima de la Moleta

Ibón de Samán debajo nuestra, a continuación la Canal de Izas y detrás el Midi d'Ossau. A la derecha Palas, Balaitus y Frondiellas. Casi todos con nieve reciente tras unos días de frío y tormentas.

Panorámica desde Candanchú a la Pala de Ip


El Campanal de Izas recortado contra la niebla


Formigal a la vista. También vemos el macizo de Infiernos y Argualas, y Vignemale, y Monte Perdido, y Tendeñera y...

Carlos y Alejo se mosquearon un poquico cuando vieron que la media hora de la Moleta a la Pala de Ip se convertía en más de cuarenta minutos pero me perdonaron porque el paseo valió la pena.

Espectacular
 
La peli de la excursión. 

Seis horas de correr, trepar y reir. La ruta aquí en Wikiloc: Pone que nos curramos un desnivel de 2688 mts pero no hay que hacerle caso, como mucho serían 1800 mts más o menos.


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lunes, 19 de junio de 2017

Fin de semana en Panticosa...

.. Y en plan señor

Nada de refugios con literas corridas ni vivacs con mosquitos fastidiando, no señor: En Hotel con tratamiento termal incluído. La idea de mi señora claro, gran aficionada a buscar ofertas por internete que contrató dos noches en el Hotel Continental. Y para allá que nos fuimos el Viernes por la tarde.

Bonita vista desde la habitación
Resulta que al día siguiente tenía lugar en Sabiñánigo la clásica prueba ciclista Quebrantahuesos y por eso tantos coches con bicis en la carretera. Lo más curioso fue que también en nuestro hotel se alojaban muchos participantes, cosa que me extrañó pues entre Sabi y el Balneario de Panticosa hay 31 kmts y muchas muchas curvas. Los alojamientos de toda la zona estarían completos o a lo mejor se trataba de dormir fresquitos, y puede que fuera lo segundo pues a 1630 mts de altitud las noches son maravillosas.

En cualquier caso y gracias a nuestros amigos los ciclistas el desayuno del sábado sería entre las 6 y las 11 de la mañana en lugar del horario habitual de 8 a 11.  ¡¡Y qué desayuno!! Yo que pensaba salir con un trago de agua y unos frutos secos, me dí un homenaje de dos huevos fritos, queso brie, bacon, jamón york, unas rodajas de sandía y otras dos de melón acompañado todo con dos cafés con leche. Y si no fuera por la diabetes me hubiera dado una vuelta por la sección de dulces, tostadas, mermeladas y más cosas que aquí no tengo sitio para poner.  Me puse cuatro uds de insulina y salí a la calle (digo al monte) más contento que un chico con zapatos nuevos. Zapatos no, pues llevaba mis viejas Saucony Xodus pero sí que estrenaba mochila: la mítica de Salomón de 12 l de capacidad. ¡¡Qué gozada de mochila!! Se ajusta bien y es tan cómoda como decían mis colegas.

La excursión sería subir al Pico Xuans, de 2838 mts. En wikiloc ví la ruta subida por mcello, que debe ser un campeón porque indica un tiempo de 2h 58 minutos.  Como quiera que no quería pegarme toda la mañana fuera y quería estar de regreso para las 11 de la mañana me pareció una opción perfecta para poner una nota de monte en un finde familiar.

Los 16 grados de temperatura son geniales para enfrentar la dura subida. Primero por el camino que asciende a los ibones de Brazatos para enseguia tomar un desvío a los ibones de Labaza. Es curioso que noto más calor al coger altura entre los pinos y rododendros, incluso los mosquitos no dejan de hostigarme en las paradas. Más arriba del bosque y ya en zona de bloques, la temperatura se nota más fresca y como además el terreno está orientado al Oeste, no veré el Sol hasta casi la cima de mi excursión.  No pasa lo mismo con la vertiente Este de los tresmiles que dominan el Balneario: Algas, Argualas, Garmo Negro, Arnales e Infiernos que a mi espalda destacan con toda su luz sobre la oscuridad del profundo circo de montañas.

No acabo de pillarle el truco al móvil y muchas fotos salen pelín desenfocadas...
Uno de los Ibones de Sarrato. Arriba los Batanes y a su izquierda mi objetivo: La Peña Xuans.
Más arriba ya estoy sobre el Ibón de Labaza.


Ibón superior de Labaza, todavía helado. Encima suya La Peña Xuans. Llegaré al collado iluminado por el sol haciendo travesía por encima de los neveros.
  La excursión no es difícil pero es una ruta poco concurrida. Hasta el collado próximo a la cima voy por bloques y neveros en absoluta soledad: No me cruzaré con nadie en toda la ruta salvo con dos excursionistas en las proximidades del balneario. Entre eso y que los últimos metros exigen toda la atención por ser zona expuesta, respiraré ese aire de riesgo, de aventura que atrae e intimida al mismo tiempo. La trepada es fácil y la roca presenta buenos agarres pero el patio debajo mía impone un poco, cuidadín...

El Ibón de Xuans tammbién cubierto de hielos. Más abajo el Superior de Bachimaña... Y el de Bramatuero y...

Panorámica desde la Cima con el Pico Serrato muy cerca a la derecha.




Curiosamente lo pasé peor y tuve más dudas en la bajada final. Al principio perdí altura por extensos neveros y terreno fácil pero más abajo algunas paredes cortaban la montaña, justo encima del pequeño ibón de Cuanga hasta cuyas orillas conseguí llegar echando mano del wikiloc casi todo el rato, aún y todo no seguí la misma bajada que el tal mcello, que repito tiene que ser un crack: él hizo menos de tres horas mientras que a mí me salieron casi cinco horas...


Ya veo el balneario!!

Añadir leyenda

Creía que la ruta me llevaría hasta el nuevo refugio de Bachimaña, el cual podía ver debajo mía mientras perdía altura pero no, ni llegué al refu ni regresé al Balneario por la Cuesta del Fraile sino por el Sendero de los Machos, que no conocía y me sorprendió con rincones y paisajes nuevos en una zona que tengo muy pisada.  No eran mucho más de las once cuando llegaba al hotel, empezaba a hacer calor pero el resto del día no me iba a pillar el Sol, jejeje...



Para el Domingo había pensado en subir al Garmo, pero quería estar de regreso para desayunar con Begoña sobre las 10, de modo que me planteé un "paseo rápido" en plan entreno subiendo a los Ibones Azules. Una bonita excursión en la que,  igual que la jornada anterior el Sol me pegó muy poco rato: Salí de la sombra más arriba del Ibón Superior de Bachimaña y entré en ella de nuevo al regresar, pues justo abajo de la Cuesta del Fraile y dada la hora aún temprana, los rayos del Sol todavía no llegaban al fondo del valle.

Las nieves de Panticosa se derriten a un ritmo tremendo. Las temperaturas de este Verano anticipado harán que nuestros Pirineos pierdan sus galas blancas en pocos días. En Julio nos parecerá que es Octubre y veremos entonces si los ríos e ibones que en mi paseo estaban a tope de agua sobreviven al estío...


¡¡¡Un fin de semana sin pasar calor sí señor!!!