Correr, caminar, pedalear, trepar, nadar, saltar...Trabajar y VIVIR. La diabetes, una anécdota.

Siempre y cuando controlemos el ejercicio y nuestra glucemia en sangre. Esta enfermedad que junto con la obesidad está considerada la epidemia del siglo XXI permite llevar una vida activa perfectamente normal gracias a médicos e investigadores, profesionales apasionados que no dejan de trabajar para que mañana sea de verdad una anécdota. Hay dos tipos principales de diabetes: Tipo I y tipo II. La primera es la mía, la insulino-dependiente o también llamada infantil, porque en un alto porcentaje de casos se presenta a edades tempranas, aunque yo "debuté" con esta enfermedad a los 44 años. Mi sistema inmune falló y atacó a las células del páncreas que producen la insulina sufriendo a continuación los tres síntomas del libro o las "tres Pes": Poliuria (orinar mucho), Polidipsia (sed horrible a todas horas) y Polifagia (hambre, hambre, haaaambre).



¿Porqué a mí? Pensé. A mí que toda la vida he hecho deporte, que sólo tres meses antes terminé mi Cuarta Maratón en Donosti, a mí que no fumo, a mí que soy un chico formal: Buen padre y ejemplar esposo, a mí que hago la declaración de renta puntualmente y pago la contribución urbana y el impuesto de circulación religiosamente cada año... ¿Porqué?



El estrés que tantos sufrimos en mayor o menor grado, herencia genética, un catarro mal curado, la contaminación, el agujero de la capa de ozono... Médicos, familiares, amigos, vecinos y yo mismo apuntamos una u otra causa, pero lo cierto es que daba lo mismo. El caso es que mi cuerpo -mi páncreas- casi no tenía reservas de insulina y que ya no iba a producir más -o muy poca- y que iba a necesitar "pincharme" insulina todos los días.

miércoles, 5 de septiembre de 2018

Una semana en los Alpes

Para participar en la TDS, una de las ¡¡Siete carreras!! que se celebran esos días en Chamonix (Francia), debajo y alrededor del macizo de Mon-Blanc, de las cuales la más importante y madre de todas ellas es la UTMB.

La Ultra Trail de Mont Blanc, un tour completo alrededor de esta montaña que con sus 4810 mts es la más alta de los Alpes y de la Unión Europea. El techo oficial de Europa es el Elbrus (5642 mts) en el lejano Caúcaso, pero fue aquí en los Alpes, en el Mont Blanc, donde los hombres empezamos a interesarnos por las montañas más allá de lo material: Aguas, pastos, caza, contrabando... Ilustrados como Rousseau contribuyeron a crear una nueva sensibilidad, a desarrollar el gusto por la naturaleza, a poner de moda los paisajes vírgenes y salvajes. El espíritu enciclopédico del Siglo XVIII encontró en las montañas un campo para sus investigaciones científicas, y así los primeros escaladores fueron botánicos, topógrafos y geólogos cargados de pesados instrumentos.


Ese espíritu nació en los Alpes y de allí pasó a los Pirineos. Y nosotros, locos y enamorados de los Pirineos, cogimos la furgo, la caravana y el coche para recorrer los más de mil kilómetros que nos separan de los Alpes y volvernos más locos todavía.

Yo quiero ir tras los pasos de los Duques de Saboya, que en francés se dice Sur les Traces del Ducs de Savoie, los 121 kmts de la TDS, mientras que Oscar, Joseba, Ignacio, Iñigo, Toño y Samu se enfrentarán a las 100 millas, 171kmts de la UTMB ¡¡madre mía!!

Queda muy lejos el mes de enero, cuando nos confirmaron las inscripciones y empezamos a prepararlo todo. Parecía que no iba a llegar pero detrás del Invierno, vino la Primavera y después el Verano, que nos parecía muy largo pero llegó el mes de agosto y el domigo 27 por la mañana salíamos de Pamplona a primera hora de la mañana Iñigo, Celia, Joseba y servidor de ustedes en la furgo del primero.

Iñigo está ilusionado por enseñarnos Chamonix, donde ha estado en varias ocasiones haciendo escaladas aquí y allá y hace dos años para correr también la UTMB cuando una gripe inoportuna con fiebre incluída le obligó a retirarse. Está nevioso, activado, y mientras conduce no parará de hablar: Cuestiones de trail, de montaña, de material... deportistas famosos, historia o política serán el hilo conductor de la conversación, un debate acalorado donde casi siempre querrá tener la razón para resignación o risas de los demás. Y así sin darnos cuenta, se nos hacen más cortas las más de 11 horas que suponen este viaje.

Celia no viene a hacer ninguna carrera pero le gusta la montaña, el deporte y sobre todo le gustan los ojos azules y brillantes de Iñigo, con el cual quiere compartir estos días y a ser posible animar en todos los puntos de paso que pueda para ayudarle a llegar a esa meta con la que todos soñamos. Además se turnará al volante y así la paliza del viaje se repartirá un poquico entre los dos. ¡Olé las chicas guapas y valientes!

Joseba, lo mismo que yo, no ha dejado de soñar con Chamonix desde el lejano mes de enero y cada carrera o entreno desde entonces ha querido que fuera una baldosa más para llegar aquí. Empezó la temporada volando en el cros, cosa que todos le discutimos ¡sobre todo Iñigo! pero después fue pasando progresivamente al gran fondo. No le asustan las 100 millas pues el año pasado completó la famosa carrera de Beasain -Ehun Milak- y sabe lo que es el cansancio, el sueño y las miserias de una distancia que asusta. Es el más jóven del grupo y lo mismo que un niño sabe la alineación de todos los equipos de fútbol, nuestro amigo conoce a todos y a cada uno de las figuras del trail mundial ¿A qué edad subió Kilian al Aneto? Joseba te lo dirá...

Como digo el viaje fue largo, tanto que hasta dejamos de discutir con Iñigo, no te digo más, y con las últimas luces del día, cuando nos parecía que eso de los Alpes era una leyenda urbana y que Francia era un país casi tan plano como Holanda, nos fuimos acercando a unas montañas tan altas como las de Navarra, después vimos unas muy lejos que parecían como los Pirineos y por fin, al salir de un túnel, de otro más, de asomar a un valle y a otro más...

...Vimos el Mont Blanc.



Y lo seguimos viendo después de cenar en un parking junto a un laguito en las afueras de Chamonix. Donde cenamos junto a la furgo, bien abrigados porque la noche era fría, fría...  Joseba y yo, echados sobre las esterillas y dentro de nuestros sacos de dormir intentamos coger el sueño mientras pensábamos en el jodido Iñigo, que con 18 años y un Opel Corsa vino hace muchos años aquí mismo, acompañado de un amigo y tras discutir qué día era más propicio, subió él primero y el otro al día siguiente hasta allí arriba y de un tirón. Joder... Hasta allí arriba...

La Luna estaba saliendo detrás de la Aiguille de Midi y unas nubes enganchadas a la cima hacían brillar un extraño arco iris circular... No tenía una buena cámara para hacer la foto, pero esa imágen no se me olvidará.

Sin levantarnos de la "cama": los primeros rayos del sol sobre la cumbre del Mont-Blanc

Lunes 27 de agosto
Cinco grados cuando nos levantamos al día siguiente. Desayunamos en unas mesas y en un segundo estamos preparados para nuestra primera excursión. Iñigo había propuesto varias pero yo le pido una cortita, porque antes de las 13:00 he quedado para que nos entreguen las llaves de la casa que hemos alquilado en Chamonix. Decidimos pues tirar hacia el refugio Bel Lachat, por un sendero en el bosque que tenemos aquí mismo. En principio serán poco más de 10 kmts entre ida y vuelta y algo más de 1200 mts de desnivel.  Antes de iniciar el paseo llamamos a Toño.

Antonio Soria, Toño para los amigos, es un buen colega del club Txurregi: Desde hace años coincidimos con él en mil carreras y entrenos. Siempre dispuesto a cualquier locura, está super fuerte y a la vista de los tiempos que hace, por sus patas no pasan los años. No sabemos cómo lo hace... Tiene que ser genético le decimos medio en broma pero no hay otra con este campeón. Se ha venido con su vieja auto-caravana desde Pamplona. En principio venía con la familia pero al final no ha podido ser y pasará estos días a su aire más agusto que un arbusto como él suele decir. Desde el camping donde se aloja se acercará a nuestro campamento en la bici que ha traído para sus desplazamientos por el valle. No sabe nada Toño...

Es una excursión muy recomendable porque conforme asciendes vas dominando todo el valle donde se extiende Chamonix y la ladera opuesta: nada más y nada menos que el Mont Blanc. Las vistas pues son impagables.


Además el día ha salido espectacular y la temperatura sube un poquito permitiendo subir en manga corta, eso sí arriba pondremos chaqueta gorda porque el aire sopla un pelín fresquito...

El refugio Bel Lachat está construído con madera y es muy bonito. Nos sentamos en la terraza para comer algo y compramos una botella de agua ¡6 euros la botella de litro y medio! En adelante estaremos atentos a llevar bien de agua porque no siempre la tienes cuando la necesitas. En la subida hemos pasado por algún arroyo pero no nos hemos fiado...

Toño, Joseba, Celia, Iñigo y yo en Le Brevent

Son las once menos veinte y de algún modo Iñigo nos convence para encadenar nuestra excursión con otra que sube a la cima de Le Brevent, allí hay una estación de teléferico hasta donde suben los funiculares desde el fondo del valle.  Yo ando agobiado con el reloj y viendo que no llego para las 13:00 a la casa llamo a la señora encargada de darnos las llaves. Ningún problema en posponer la cita a las 15:00. Menos mal.

Las vistas son las mismas desde el nido de águilas donde está la estación pero no te cansas de mirar. Numerosos grupos de turistas andan por aquí. Fresquito a 2525 mts pero el sol pega también y nos ponemos crema para evitar quemarnos. Bajaremos por otro sendero hacia Chamonix y echaremos alguna carrerica, tengo la TDS pasado mañana pero confío en que este paseo no sea perjudicial. En cualquier caso no todos los días puedo venir aquí y además está Iñigo que disfruta más que nadie enseñándonos todo: Allí la Aiguille Verte por cuyos heleros subió a base de piolets, allá el refugio tal y encima de aquéllos seracs la Aiguille de Bionnassay..
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Ufff... ¿He dicho que hacía fresquito arriba? Pues conforme bajamos va haciendo más y más calor. Nos cruzamos con corricolaris equipadísimos, corriendo monte arriba y monte abajo... Este valle es la capital mundial del Trail en estos días y se nota.

No quiero saber los kilómetros y el desnivel total de nuestra aventura pero el caso es que llegamos abajo bien acalorados. Joseba y yo nos digirimos gugelmapeando hacia nuestra casita de Heidi mientras que Celia e Iñigo van a su furgo y Toño al camping. Después nos veremos para echar unas cervezas por el centro. ¡¡Adios, adios!!

Casi las tres cuando encontramos nuestra "chabola" y aparece la señora responsable de darnos las llaves y cobrarnos la "fianza", la cual devolverá cuando nos vayamos. En fin, lo normal. La señora es portuguesa pero solo habla francés y nosotros solo español pero con buena voluntad y mejor humor nos entendemos perfectamente.  Mientras recorremos las habitaciones de arriba vemos alguna abeja medio tonta volando y muchas muertas en el suelo. La señora parece sorprenderse y entre los tres limpiamos todos los pobres bichos con la escoba y un aspirador. ¡Qué raro...!  No será tan raro cuando al despedirse, la señora nos señala un insecticida especial para abejas que deja sobre un armario...



En cualquier caso el sitio es fabuloso. Desde el salón y la terraza podemos ver nuestra montaña preferida y nos sentimos privilegiados de contar con este campamento base de lujo.

Sobre las 4 de la tarde llegó Oscar muy bien acompañado de su mujer Juani -Ju para los amigos- y sus tres chavales: Naroa, Markel e Iraia.

Oscar es el Trizurko que menos tiempo lleva corriendo pero sin duda es el más y mejor preparado de todos nosotros. Con sus tres chavales pequeños y un trabajo de mañana y tarde que le ocupa también los sábados hasta mediodía, sabe mejor que nadie aprovechar cada minuto del día para cumplir con la disciplina y entrenos que le señalan cada semana. Y no le oiréis quejarse. El año pasado completó la Ehun Milak y este pasado julio también lo habría hecho de no ser porque la suspendieron a causa de las fuertes tormentas. Cuando le cortaron en Azpeitia, km 53 más o menos iba en el tercer puesto de veterano. ¡Ahí es nada!  Pero bueno, los 132 kmts de la Euskal Trail en Baigorri allá por mayo tampoco están mal para que las patas recuerden lo que son cien millas...

DetrásJunto a un campeón hay una campeona y esa es Ju, la primera fan de Oscar y su más fiel seguidora en todos los sentidos de la palabra. Con ella vienen Naroa, una mujercita que nos ayudará encantada cuando hagamos los macarrones y que dice tener muchas ganas de empezar el nuevo curso, y Markel, un rubiales vivaracho y travieso inseparable de su maltrecho conejo de trapo incluso cuando duerme y la pequeñita de la familia: Iraia, alias Sara la Exploradora, que no ha dejado de sonreir un solo día en sus cinco maravillosos años. ¡¡Una tribu de campeones!!

Joseba y yo dejaremos a Oscar y family instalándose y nos acercamos a Chamonix donde habíamos quedado con Iñigo, Celia y Toño. Allí recorrimos las calles, vimos escaparates y entramos en las tiendas de deportes donde pecamos un poquito: unos bastones ferrino a muy buen precio fueron una tentación a la cual no nos pudimos resistir.

Terminamos reuniéndonos todos. Poco después de Oscar llegaron Ignacio, Olga y Samuel que habían salido los últimos esta misma mañana desde Pamplona.

Ignacio es un AVC, un Amigo de la Vuelta del Castillo que nos presentó Fernando Zaratiegui hace un año. Es de Falces pero curra en Pamplona y aunque nadie le cree, no deja de quejarse de lo poco que ha entrenado para la carrera.  El también estaba en la Ehunmilak y lo mismo que a Oscar le cortaron la carrera a los 53 kmts.  Una pena porque de haberla terminado estaría mucho más tranquilo y sonriente. Pero seguro que no todo han sido fiestas este verano y que alguna vueltica también se ha dado para tener las patas a punto.

Olga es de Villafranca, cerca de Falces (y sobre todo muy cerquica de Ignacio), también trabaja en Pamplona pero no se olvida del pueblo y para que lo conozcamos nos ha traído una caja de pastas mantecadas de las que yo comeré al menos tres ¡qué pecado más rico! Olga también corre pero esta semana solo ha venido para acompañar y seguir a Ignacio en su aventura. Será este próximo Domingo cuando en Benasque correrá 25 kmts en la Trail 2 Heaven Pirineos. ¡Seguro que estos días en Chamonix pondrán super a punto a nuestra campeona!

Con Ignacio y Olga ha venido Samuel, Samu para los amigos.  Viene de Burgos, en concreto de Castresana pero trabaja en la mancomunidad de pueblos de Medina de Pomar. Samu igual que yo tiene diabetes del tipo I, tipo One como el equipo cuyos colores luce con orgullo: el Team One donde tienen cabida todos los amantes del deporte que necesitan insulina externa para funcionar. Samu siempre sonríe, siempre está dispuesto a una aventura y algunas veces parece que está despistado pero eso es que está pensando en la próxima excursión o en una amiga que tiene por ahí...  En Chamonix luce con orgullo sus cuatro pulseras de las BUTS de 2017, porque los puntos que necesitaba para venir aquí los consiguió en esas cuatro ultras. Espera poder añadir una quinta pulsera: la roja de la UTMB, y aunque es el más humilde y despistado del equipo algo me dice que la conseguirá.

Esa tarde en Chamonix brindamos por todos, por nuestros sueños y por la mejor semana del verano.




Toño se fue para su caravana, Celia e Iñigo a su furgo y los demás nos fuimos a la Casita de Heidi a ver si cenábamos algo. Cayeron unos macarrones y una ensalada con los tomates que el aita de Joseba pone en su huerta y por caer hasta cayó un vaso de vino. No nos faltaba de nada.


Martes 28 de agosto. Esta tarde debo recoger el dorsal entre las 4 y las 6, para lo cual la organización requiere repasar todo el material que exige para la carrera. Ayer por la tarde recibí un mensaje diciendo que solo me exigen el equipo normal. Son buenas noticias: no se prevé mucha calor ni mucho frío. A pesar de todo necesitaré un ratillo para prepararlo todo pero no obstante me apunto a la excursión de hoy que nuestro jefe, guía, gurú y amigo Iñigo propone.

La idea es hacer dos grupos, el primero se comerá a pata todo el recorrido y el segundo utilizará funicular y tren para no tener que subir ni bajar los desniveles más importantes. El grupo dos subiremos a la estación intermedia de la Aiguille de Midi en funicular -habríamos subido arriba del todo pero el día anterior se joribió uno de los cables-. Desde la estación intermedia un sendero sube y baja pero casi llanea hasta la estación de tren de la Mer de Glace y desde allí tomaremos el tren que nos devolverá a Chamonix. El grupo uno formado por Iñigo, Ignacio, Toño, Samu, Olga y Celia lo harán todo a pata en plan entreno -casi 20 kmts y 1600 mts de positivo -.

Espectacular la subida al Plan de la Aiguille, la estación intermedia. Cómo será subir arriba del todo... Tiene que ser la hostiaaaa pensamos mientras el cacharro coge altura y se balancea al pasar por las dos o tres torres de sustentación.

Unas fotico en el Plan de la Aiguille se distingue uno de los cables colgando más que los otros...

A unos 2300 mts de altitud hace fresquito. En la estación superior que se ve allí arriba, a 3842 mts no quiero ni pensarlo

Chamonix a nuestra izquierda en el sentido de la excursión y muy muy abajo...


Ahí delante la Aiguille Verte ¡qué chula!

Olga y Celia

Iraia fue una campeona y habría hecho toda la excursión a pata pero en algunas cuestas la ayudamos. Ahí está con super Toño: a casi cuatro minutos por kilómetro...

Desde el Plan de la Aiguille debemos bajar un poco para coger la senda que lleva a la Mer de Glace. Nos cruzamos con un grupo de españoles, veo que uno lleva una camiseta que pone Ejea y otro lleva la de la Aneto-Posets. A este último le saludo jovial y le digo que también he corrido esa ultra y que quiero participar en la TDS... -¡Pues te vas a mojar, han dicho que va a llover la de dios!- me salta el tío. -¡Qué majo y simpático!- pienso para mí y decido pasar de él. Proseguimos a nuestra bola y al tirar por la hierba para atajar el mismo tipo nos grita algo de que si todo el mundo va por donde le da la gana no puede ser y tal y cual... Yo le contesto tres veces que sí señor, sí señor y sí señor. No sé si me pilla el cachondeo pero me da lo mismo. Más tarde su grupo nos adelantará en el camino y no haremos ni saludarnos. ¡Joder con el paisano!

Por lo demás la jornada será perfecta. Los amigos del grupo uno nos pillarán pronto y juntos proseguimos el paseo hasta asomar a uno de esos paisajes que todos hemos visto en los libros de la escuela: Un valle glaciar, con su lengua, sus morrenas, su valle, su hielo y sus pedruscos. Sobre todo sus piedras pues con la regresión buena parte del final del valle es un lecho de rocas bajo las cuales está el hielo. Iñigo afirma que de la primera vez que lo vio a ahora ha bajado un montón. Lo del cambio climático es cierto pero en cualquier caso esto hay que verlo. ¡Qué pasada!


La tribu al completo: Oscar, Yo, Samu, Ignacio, Joseba, Iñigo y Toño. Abajo y delante Celia y Olga. En medio están Markel, Iraia, Naroa y Ju. 


Desde la estación bajamos de vuelta a Chamonix. 

Olvidaba que esa misma mañana, antes de salir de casa Oscar y Ju me dijeron que a mitad de noche su hija mayor se había pasado a dormir con ellos porque en su habitación oía ruidos raros. Al amanecer comprobaron que había más abejas muertas por el suelo y si guardaban silencio se podía escuchar como un murmullo en el techo. ¡¡Madre mía ahí debía haber una colmena!!  Efectivamente desde la calle pudimos ver abejas saliendo y entrando por el agujero de una viga de madera.

Durante la excursión informé por correo electrónico al dueño de la casa y horas más tarde me contestó confirmando que había mandado a unos "expertos" para solucionar el problema. Me pedía que no usaramos ese dormitorio las dos próximas noches. En fin, cuando regresamos vimos restos de un producto blanco en la viga que servía de entrada y dentro de la habitación más abejas muertas pero ya no se oían ruidos. En cualquier caso Naroa durmió el resto de las noches con sus padres. Menos mal que era el dormitorio más grande...

En Chamonix comimos algo más tarde de las tres, yo subí a la habitación para preparar el material el cual metí todo más o menos ordenado en una bolsa de esas grandes de caldo Aneto y de esa guisa me acerqué andando hasta el polideportivo donde la organización tenía todo preparado. Teníamos un kilómetro y medio hasta allí y casi siempre íbamos andando aunque los autobuses municipales que pasaban cada media hora eran gratuitos para vecinos y alojados en el valle. En cualquier caso las dos o tres veces que los utilizamos nadie nos pidió billete.

¡¡Todo OK!! La voluntaria finalmente me dio el visto bueno. Lo más difícil fue lo del "roaming" del móvil que debía tener activado. Con lo torpe que soy y los nervios me costó mostrar la señal del dichoso roaming ¡A ver cómo pensaba que le daba el parte a mi señora cada día si no..! En fin, ya tenía la pulsera azul en mi muñeca, con las letras TDS, mi viaje por los Alpes.

Con Leyre Fernandez que en unos minutos correría dosmil metros por Chamonix y al día siguiente la YCC de 15 kmts en Courmayeur también. ¡¡Menuda fiera!!

El paisano de Ejea tenía razón con lo de la lluvia pues a media tarde recibí un mensaje de la organización informando de modificaciones en el recorrido a causa de la meteo, así como que se retrasaba la salida dos horas. Eso último me gustaba: antes debía coger un bus en Chamonix a las 4 de la madrugada que me llevaba a Courmayeur de donde salía la carrera a las 6. Ahora saldría en bus a las 6 para echar a correr a las 8. Dos horas más de sueño. Mejor porque con el paseo de la mañana y la tarde arriba y abajo con el material y recogida de dorsal estaba un pelín cansado. Y nervioso!!

Todos se fueron a pasar la tarde por Chamonix, mientras yo preparé la mochila, cené pronto y me tiré en la cama a ver si dormía un poco. Pero no lo conseguí y cuando volvió la gente me bajé con ellos a charlar un poco mientras cenaban. Más tranquilo volví a subir a la habitación que compartía con Joseba y esta vez sí pude dar un par de cabezadas.


Miércoles 29 de agosto, el reloj suena a las 4:40. Lo tengo todo preparado para echar mano y bajar a la cocina sin despertar a Joseba. Mi azúcar está en 98. ¡Qué bien! No me extraña porque a pesar de que estamos comiendo macarrones y arroz a discreción no hemos parado en los dos días que llevamos aquí. Desayunaré un café con leche, un puñado de nueces y dos porciones de chocolate -73% de cacao-. No llueve -¡que se joda el de Ejea!- agarro la bolsa para la base de vida, me pongo la mía a la espalda y tiro por el camino peatonal que paralelo al río Arve, aquí canalizado lleva hacia el centro de Chamonix. Es noche cerrada y no hay un alma en todo el camino. Me entran dudas, a ver si me he liado con la hora y... Pero conforme me acerco al polideportivo y la carretera próxima veo a muchos otros corredores caminar hacia la zona de autobuses. Los voluntarios nos ordenan en una fila y seguimos caminando por la acera hasta llegar a los primeros autobuses. Subimos en silencio y nos sentamos. Cada uno con sus bártulos. A mi alrededor franceses, pero sobre todo asiáticos que al principio pensaba eran japoneses pero me fijo en su dorsal y veo que son chinos ¡como para confundirme si les saludo! también hay ingleses, italianos, algún español... gente de muy lejos, tan lejos como Nueva Zelanda ¡madre mía! En fin, esto es la ONU, pero aquí nadie discute y todos somos iguales o muy parecidos, por lo menos en cuanto a las armas que llevamos: mochilas ajustadas, bastones plegados, zapatillas deportivas, mallas de colores cortas y largas, y los ojos de sueño pero con un brillo especial... Por el miedo y la emoción. ¡Ya falta poco!

El túnel del Mont-Blanc tiene 11,6 kmts de largo y nos lleva a Italia, a Courmayeur concretamente.  Donde está el arco de salida de nuestra carrera la TDS. Amanece un día despejado y encima nuestra se levanta la otra cara de la montaña, también salpicada de heleros y glaciares y tan imponente aquí como del lado de Chamonix.

Me acerco al "muelle" donde nos recogen las bolsas para la base de vida. En esta carrera nos daban dos: una para mitad de carrera -color naranja- y la otra para meta -color azul-.  Yo solo he preparado la de mitad de carrera pero he metido la pata porque he cogido la de color azul. Me las veo y deseo para explicar a los voluntarios el error y no es hasta que viene un corredor español que por suerte habla francés cuando puedo aclarar la situación. Un voluntario escribirá con su rotulador en mi bolsa y la pondrá con el resto de bolsas naranjas. Después veré que no he sido el único despistado.

Casi falta una hora para las 8 así que no entro en el corralito sino que me resguardo en un colegio junto a la meta. En el vestíbulo y pasillos del colegio se está caliente y multitud de corredores nos sentamos nerviosos esperando que pasen los minutos. Mi azúcar está en 193, ¿culpa del chocolate?. No tengo hambre ni sed ni nada así que intento relajarme observando a mis compañeros de viaje: dos chinas con vaqueros rotos y ropa deportiva machacan a fotos a un grupo de corredores y corredoras de su país. Foto mientras se atan la zapatilla, concentrados y sentados en el suelo, estirando... Solo falta que les afoten haciendo pis...
  


Faltan 35 minutos y salgo al corralito, tampoco quiero quedarme al final de los 1600 corredores que participamos. Ya tengo muchos delante pero para tranquilidad mía son muchos también los que se van poniendo detrás. Ningún compatriota a la vista. A mi lado franceses y chinos, también hay japoneses y un barbas pelirrojo de Nueva Zelanda que como yo se hace un selfie de recuerdo. Suena la música de Gladiator y por fin llegan las 8 cuando el espiker saluda en varios idiomas, también en español nos desea suerte a todos. No recuerdo si echan cohetes, creo que sí. ¡Y nos vamos!

Courmayeur es más pequeño que Chamonix, daremos una vueltecita por sus estrechas calles antes de salir a una pista que en fuerte pendiente asciende montaña arriba por lo que parecen unas pistas de esquí. Sale el sol y hace calor. La multitud de corredores levantamos una nube de polvo como no se ha visto en las Bardenas o los Monegros ¡¡Madre mía qué polvareda!!  Y es que el piso de tierra es más polvo que otra cosa. En fin, yo procuro entrar el aire por la nariz y echarlo por la boca pero aún así la sensación es un poco agobiante. Vamos ganando altura y la cosa mejora un poco pero no es hasta que llegamos arriba del todo, al primer punto de control y avituallamiento que dejamos de levantar polvo.

El primer avituallamiento es al terminar la pista, en el Col Checrouit, a casi 2000 mts de altitud. Bebo agua, como salchichón y queso (sin pan) pero no me puedo resistir y también pillo un trozo de bizcocho (pequeñito)...

Segundo avituallamiento líquido y sólido. Me pongo hasta arriba de queso y salchichón, bebo agua con y sin gas, dos vasos de caldo y relleno los flashes (los bidones de medio litro cada uno que llevo).



Absolutamente espectacular la ascensión al Col Chavannes, que con 2598 mts será el techo de la carrera. No puedo resistirme a salir de la senda y sacar unas fotos a la hilera de "corredores" que se pierden montaña arriba y montaña abajo desde mi posición. Es una imágen con la que he soñado toda la vida: Montañas de película y una multitud de valientes desafiando un objetivo que parece imposible. ¡¡Estoy emocionado!! Y se me escapan unas lágrimas de felicidad. ¡¡Qué momentazo!!



Llegados al collado, donde unos voluntarios toman tiempos y nos ofrecen agua, se presenta delante nuestra un largo valle que debemos descender. Primero por sendero estrecho pero más abajo por una pista interminable. Pliego y recojo bastones y me lanzo a la carrera. Enseguida me veo adelantando a docenas de corredores que o bien bajan caminando o corren menos rápido. En cualquier caso me veo bien. He olvidado la emoción y la felicidad arriba porque hacia el Norte se ven unas nubes oscuras que poco a poco van tapando el cielo en nuestra dirección.  ¡¡Ahora solo pienso en correr!!


16 kmts hasta llegar abajo. Adelantaré a 88 corredores.
Llegados abajo hay una fuente donde aprovechamos para echar un trago y menos mal porque aunque hay público animando no tenemos avituallamiento de ninguna clase. Cambiamos de dirección hacia el Sudoeste por un alto valle casi sin árboles y volvemos a ganar altura. Hace calor y algunos corredores bajan al río para beber pero no es buena idea porque más arriba hay un montón de ganado. Yo aprovecharé una manguera que a un lado del camino deja escapar un chorro de agua fresca para no echar mano de mi provisión líquida.

El sol se oculta tras las nubes y nos olvidamos del calor. Pero las nubes se están poniendo más y más negras. Se escuchan truenos lejanos, caen gotas, se levanta un viento frío y empieza a llover. Primero es una lluvia suave pero enseguida se pone a jarrear. Ya me había puesto los manguitos y el chubasquero pero además saco el pantalón de agua, los guantes y las manoplas impermeables y de esa forma, forrado a tope continúo la marcha. Hay quien solo se ha puesto el chubasquero y sigue con mallas cortas y sin guantes, qué tíos y qué tías...

Llueve todavía cuando llegamos al avituallamiento del Coll du Petit San Bernardo, pero ya cae menos fuerte. Aquí hay unas carpas, hay músicos tocando y bastante buen ambiente para lo feo que se ha puesto el tiempo.  Como y bebo de todo, también pillo un trozo de bizcocho y prosigo la marcha de nuevo a la carrera porque ahora toca llanear y bajar y bajar y bajar...

Deja de llover y la temperatura sube un poco. Me sobra todo y me echo a un lado para quitarme ropa mientras me adelanta una decena de corredores. Total que luego ellos también se detendrán y volveré a ponerme delante. 

Bajar hasta Saint Maurice, a unos 800 mts de altitud. Es curioso pero 3 kilómetros antes pasamos por el pequeño pueblo de Seez, donde hay un avituallamiento líquido. Sobre todo tengo sed y bebo agua con gas sin fundamento. Aprovecho para mirar el azúcar: Son las 15:25 y tengo ¡¡328!! Madre mía, no me lo explico. Me pongo 2 uds de novorapid y prosigo la carrera hasta el avituallamiento líquido y sólido de Saint Maurice donde como abundantemente y bebo tres vasos de caldo. Al salir me revisan el material, me piden enseñar el pantalón impermeable y el chubasquero. Aquí están llenos de barro...

A continuación viene el tramo que han modificado por la meteo. Dejamos atrás Saint Maurice y subimos por un sendero entre árboles pasando por pequeños pueblos en cada uno de los cuales paramos para remojarnos y beber agua en la fuente. Hace mucha calor y es que son como las cinco de la tarde.  Poco a poco irá cediendo un poco conforme ganemos altura.

En rojo el itinerario normal de la TDS y en naranja el que seguimos este año.
El sendero pasa a un carretil asfaltado por donde bajamos y subimos unos kilómetros ¡qué rollo!  En el fondo de un estrecho valle cruzamos la carretera y pasamos a la ladera opuesto para subir por un sendero en el bosque. El sendero sube, baja y vuelve a subir. Finalmente salimos al carretil de antes y seguimos por él kilómetros y kilómetros en una tendida y cómoda ascensión. Yo me tiro a buen paso bastones en mano y me acuerdo de los entrenos caminando con los colegas de Zizur ¡¡Santi no me pillas!!  Cuando la pendiente disminuye incluso me atrevo a correr un poquito, nada, a unos 6 min por kilómetro pero corro y de ese modo voy adelantando gente, pero mucha según los datos que luego he consultado...

Saludo a un español y los dos comentamos lo pestoso de esta zona yendo por carretera, está claro que en esta TDS se van a batir las marcas, jejeje...

Se escucha un trueno, encima nuestra hay unas nubes negras negras... Chubasquero, guantes, manoplas y a tope por la carretera, que ya tiene que faltar muy poco hasta la Base de Vida en el Cormet de Roselend.

Llueve unos minutos y vuelve a refrescar, pero mucho. Todavía faltará un kilómetro para Roselend cuando me salen al encuentro Iñigo y Celia ¡Qué alegría! Han estado pasando la mañana en Annency y luego se han acercado aquí arriba con la furgo donde se quedarán a dormir.

Ellos no pueden entrar en la Base de Vida y me esperan fuera. Kilómetro 70 aproximadamente. Dentro de la carpa hay cañones de calor y se está genial. Me quito la camiseta húmeda y me pongo dos térmicas de manga larga. Las zapas no las cambio pues los pies los llevo bien, mojados pero perfectos. Mi azúcar a las 19:36 está en 135. ¡Bieeen!  Le digo a un voluntario que el queso está cojonudo. -¡Boffard!- me contesta orgulloso. - Remember: Boffard - repite sonriente en el mismo inglés chapucero con el que yo me manejo. Lo apunto compañero... Y apunto el caldo del cual tomo dos o tres vasos, y un café con leche, y un cacho de bizcocho y...

Mis amigos esperan fuera cuando salgo para retomar la marcha. Lo hago forrado de pies a cabeza porque está anocheciendo y hace fresco. El frontal preparado en la cocorota y ... más ganas de irme a la cama que de seguir la excursión para qué nos vamos a engañar..  No tengo claro si me esperan 40 o 50 kilómetros... con los cambios de última hora no he hecho ni mirar el mapa, pero el recorrido original tampoco lo había estudiado, para qué nos vamos a engañar, jejeje...

¡Adiós Iñi! ¡Adiós Celia! ¡Nos vemos en Chamonix!

Noche cerrada y lluvia débil que a veces paraba y después volvía a caer, pero casi un calabobos. Terminé por quitar el pantalón impermeable y también el chubasquero.

Los kilómetros cunden menos por senderos y aún menos por la noche pero creo que mantuve un buen ritmo porque buena parte de esta etapa íbamos un grupo de seis o siete elementos liderados por un tipo que se manejaba muy bien bajando ¡y yo detrás sin despegarme!

Buenas sensaciones y gran ambiente de montaña ¡por fin! Con pasos delicados junto a torrentes de agua y subi-bajas muy duros. Tan buenas las sensaciones que pasé al jefe del grupo y tiré delante hasta llegar a La Gittaz, un pueblecito a 1700 mts de altitud desde donde volvimos a subir montaña arriba por senderos entre la hierba.  Debajo nuestra una hilera de luces y más débiles, en la montaña de atrás, otra hilera bajando a La Gittaz... ¡Adiós, adiós!

Sigue chispeando pero muy poquito, así que continuamos sin chubasquero ¡mejor! Hace fresco pero como llevamos buen ritmo no hacen falta ni los guantes...  Bajamos, subimos y encima nuestra adivinamos unas paredes gigantes negras y amenazadoras pero no hay problema porque la hilera de luces la veo que discurre bajo ellas.

Coll du Joly. Kilómetro 87 y mi azúcar a las 00:17 del Jueves 30 de agosto ¡¡127!! como mi primer coche, jejeje  Menos mal que no me compre un 1500...

Estoy muy animado. En el avituallamiento hay una pantalla gigante y de alguna manera en Chamonix fichan a los que llegan aquí arriba, los anuncian y si hay familiares o amigos en la meta les graban para que puedan animar en directo a su papá, a su mamá o a su colega de aventuras. Está chulo.

Y yo estoy muy animado. Bebo caldo a discreción. Como bizcocho, chocolate y agua con gas. Y un café con leche. Y otro trozo de bizcocho. Por alguna razón me parece que este es el último avituallamiento y con mi pobre inglés le pregunto a un voluntario cuánto falta para Chamonix. -¡¡¿Once kilómetros?!! - Le pregunto asombrado cuando me dice eleven. Me dice que sí con la cabeza y me pone los diez dedos de sus manos y después uno. Yo alucino. Envío un wasap a mis amigos y les digo que me tienen en meta en una hora pues es lo que calculo pueden costarme los once kilómetros bajando.

Pliego bastones, los guardo atrás en el cinturón y me tiro montaña abajo a toda pastilla. Mantendré la carrera casi todo el tiempo, primero por un sendero algo técnico que pierde altura dentro del bosque y después abajo en el valle: cinco kilómetros llaneando hasta... ¿Chamonix?

Esa iglesia parece, estas calles parecen pero no hay un arco de meta sino un avituallamiento. ¡Estoy en Les Contamines!

-¿How many kmts for Chamonix?- le pregunto al voluntario. -Twenty six- me dice el chaval. No sé qué pensará al ver mis ojos como platos. Yo que pensaba en meterme en la camita a dormir y todavía tengo un buen trecho por delante. ¡Madre mía!  Lo primero llamo a Joseba para advertirle de mi confusión. Por cierto que mi colega estaba alucinando y ya estaba pensando que me había tomado la pócima mágica de los galos, esa que bebía Astérix y que no venden en el Decathlón ni en Intersport...

Resignado cambié impresiones con un catalán que estaba mirando muy preocupado su reloj.  -Ummm mi cacharro calcula hora de llegada sobre las 7-. ¡Joder, las siete! - exclamé (no eran aún las 2 de la mañana). - Estoy pensando en retirarme aquí - me contestó - pero entre lo que hay que esperar y lo que tardarán en llevarme voy a continuar- .

Yo ni lo había dudado, estaba jodido pero desde luego que seguía hacia Chamonix. ¡Vamosss!

Al hablar con Joseba me dijo que según su información me quedaban algo más de 1000 mts de desnivel en dos subidas. Bueno, pues vale, hasta ahora esto ha sido una carrera casi de asfalto pensé recordando los kilómetros de carretera antes de la base de vida. No será tan malo...

Fue lo peor. Primero una subida tiesa pero corta de unos 400 mts positivos hasta Chalets du Truc. No vimos chalets por ninguna parte porque era de noche pero sí vacas, un montón de ellas echadas en la hierba y mirando sin interés la romería de frontales que pasaban a su lado. Me adelantaron como cinco o seis chicos y chicas, bueno, no estaba mal si pensamos en que había ido a tope corriendo en la etapa anterior.

Pero en la subida al Coll de Tricot me pasarían bastantes más. Daba miedo cuando al acercarnos a la base de la montaña veíamos la hilera de luces zig-zag montaña arriba y perderse entre la niebla que cubría la cima. La subida era muuuuy tiesa y muy puñetera para un pobre cansamontañas despistado como yo. Me detuve como tres o cuatro veces hasta que ¡por fin! llegué arriba.

Otro catalán me había advertido de que la bajada también era jodida: mucha piedra y muchas raíces de pino tocando las narices (toma pareado). Y así fue. Además atravesamos algún paso delicado con silga para echar mano y una pasarela colgante sobre un torrente de aguas blancas donde un cartel limitaba el paso a un máximo de dos personas. ¡Joder qué miedo! ¡Cómo se mueve estoooo!

Al mismo tiempo podíamos escuchar truenos que yo deduje serían avalanchas en algún glaciar próximo porque el cielo estaba casi despejado y no se veían relámpagos. Bueno, el camino mejoró un poquillo para ponerse mucho peor en algunos sitios pero de un modo u otro con las primeras luces del amanecer llegué a Les Houches. ¡¡Ya casi estaba!!

Wasapeo con los colegas y veo que están todos locos con mi carrera. Carlos Nuin desde Pamplona afirma que puedo llegar hacia las 7:30.  Son las 6:47, solo faltan 8 km casi llanos pero mis patas están para pocos trotes y nunca mejor dicho. En cualquier caso sí veo que puedo bajar de las 24 horas entrando antes de las 8 así que sin más wasaps salgo del avituallamiento.

Un inglés dice que podemos llegar a las 8... Yo quiero llegar antes así que sin más espikinglis me tiro para adelante a un trote cochinero ideal a estas alturas, es decir a lo que puedo: Si la pendiente va para abajo me lanzo a 7 min el km y si se pone llano o pica para arriba paso a caminar, eso sí, a toda hostia...

Entro en Chamonix ¡qué grande es este pueblo! ¡qué calles más largas! A estas horas no hay casi gente por la calle pero los pocos con quien me cruzo me aplauden al pasar y animan ¡qué gozada! Un español me dice que solo tengo un kilómetro, que lo disfrute y me da la enhorabuena... Ufff ¿Todavía un kilómetro?

Faltará medio cuando aparece Jorge Aramburu del Trail Running Zaragoza, se pone loco de alegría y corre a mi lado grabando con el móvil. Entonces llegan Samu, Joseba e Ignacio que ídem de ídem... ¡Me siento un Kilian Jornet! Pero no os creáis, si no fuera por estos locos habría entrado caminando...

¡¡Muchísimas gracias!!

Mi tiempo en meta: 23:48:20. Puesto 16 de mi categoría V2 y 289 de la clasificación absoluta (1328 llegados y 421 abandonos o fuera de control).

Mi ruta en Wikiloc. En la foto, en rojo el recorrido normal de la TDS y en naranja el de este año con las modificaciones.



Al llegar a la casa me duché, desayuné unos huevos fritos con lomo y pimientos, un café con leche y me metí en la cama a soñar con todo lo soñable... ¡¡Qué bien se está en la cama!!

Aquella tarde montamos una cena para celebrarlo a la cual invitamos a Toño, a Iñigo y Celia. Finalmente Toño no pudo venir ¡Lo que te perdíste campeón! Una pena porque ese era el único día que podíamos montar fiesta.

Arroz, macarrones, ensalada y un redondo de solomillo relleno de cuatro estrellas michelín ¡madre mía cómo nos pusimos! Eramos una gran familia y yo el más feliz de todos pues ya tenía hecha la tarea jejeje...

Reina la alegría pero esa tarde mis amigos recibieron el mensaje de la organización activando el kit de invierno para la UTMB cuya salida será a las 18:00 del día siguiente, Viernes.  La meteo apunta lluvia y frío en altura, con una sensación térmica de -10 grados, por lo cual y entre otras cosas deben añadir al equipo una chaqueta gorda (plumas o forro polar).  Una complicación más por lo que significa meter más cosas y volúmen en la mochila que por el peso. A ver...

Viernes 31 de agosto.

La UTMB sale a las 6 de la tarde. Amanece nublado y frío. ¿Será niebla? Nos preguntamos mirando las nubes grises que ocultan la luz y el paisaje. Mis compañeros se pegan la mañana trasteando con el material que deben llevar y consultando la meteo en el móvil. Les va a llover sí o sí.

Un arroz con pollo y verduras acompañado del solomillo que sobró de la cena de anoche fue una comida perfecta para todos. Oscar cambió la carne por macarrones y es que este hombre se alimenta exclusivamente a base de pasta, arroz, verduras y atún principalmente. Además se ha preparado una pedazo de tarta energética de 12 raciones de la cual comerá la mitad y el resto llevará en la carrera.  El vino que nuestro campeón no bebe me lo tomo yo jeje...

Todos estamos nerviosos: los corredores por lo que se les viene y los que no corremos por el plan de seguimiento que debemos estudiar para poder verles y animar en distintos sitios. La organización ha dispuesto un programa de autobuses para que familiares y acompañantes puedan moverse a uno y otro punto de la carrera. Treinta y cinco pavos cuesta, pero solo pensar en que cruzar el túnel de Mont-Blanc cuesta 50 pavos ¡y otros 50 volver! hacen rentable la pulsera roja que sirve para utilizar ese servicio.
Preparados

Oscar, Ignacio, Joseba y Samu
 Se pone a llover, a ratos fuerte y bromeamos diciendo eso de que todo lo que caiga ahora no caerá después... Pero las nubes siguen ahí después de la comida y la lluvia a ratos más a ratos menos, no para de caer. Ufff...

Sobre las 5 de la tarde nos vamos todos. Los corredores a la salida de la carrera y los demás a pillar el primer autobús que nos llevará a Saint Gervais, en el kilómetro 21, el primer avituallamiento sólido y líquido de la prueba. Celia irá por su cuenta a Les Houches en el km 8.

Me encanta el cachondo que saca la lengua detrás de Joseba... ¿Llegaría a la meta?

No vimos la salida, acercarse al centro del pueblo era una empresa difícil y fuimos directamente al autobús. Iñigo sí pudo incorporarse al grupeto pero Toño que había pillado un atasco con el bus llegó por los pelos y salió bastante más atrás. 

La lluvia dio un respiro a nuestros amigos en los primeros kilómetros pero llegando a Saint Gervais volvió. Allí estábamos Olga, Ju, Naroa, Markel y yo, paraguas en mano y bien abrigados pues la noche era fresca. Llegamos a las 7 y pico y tuvimos tiempo de tomar las mejores posiciones para ver el paso de los campeones. En estas que Celia nos reenvió un wasap de Samu, que en Les Houches se alarma al ver muerto su medidor de glucosa. Necesita dos pilas de botón con la referencia 2032...

No sabemos qué hacer, son casi las 8 de la tarde en una localidad francesa que no conocemos. ¿Habrá tiendas abiertas? ¿Nos entenderán cuando pidamos lo que necesita este hombre? ¿Acertaremos con el tipo de pila?  Por un minuto me planteo dejarle mi medidor cuando pase pero yo también lo necesito y sobre todo mañana que saldremos al monte a cruzarnos con los corredores... Ummm, me tiro a correr por las calles y lo que son las cosas, en una tienda de deportes una chica que chapurrea español me indica dónde puedo encontrar un comercio con pilas. Efectivamente calle arriba están cerrando una especie de estanco y allí consigo las dos preciadas pilas.  ¡¡Conseguido!!

Volviendo a la carrera, decir que el ambiente era tremendo en el pueblo, que vimos pasar a los primeros corredores corriendo como cabrones: Kilian el tercero o cuarto y a solo dos o tres minutos del primero, poco después Luis Alberto Hernando y así un rosario de fieras. De los nuestros primero llegó Ignacio, pero la única que lo vio fue Olga, después sí que vimos a Iñigo y a Oscar. Toño no sé si pasó algo después y por fin llegó Samu que se llevó un alegrón al ver las pilas. Todos nos alegramos.


Oscar e Iñigo a su paso por Saint Gervais

Cuando volvimos a casa casi eran las 11 de la noche, una cena rápida y a la cama. Estábamos agotados. Yo casi habría preferido salir también en la UTMB...

Sábado 1 de septiembre

A las cinco de la mañana no llueve pero hace fresquito. Desayunamos en un segundo y toda la tribu cogemos el coche para ir a Chamonix, donde lo aparcamos cerca de los autobuses que nos llevarán hoy a Italia, a Courmayeur, Base de Vida de la carrera en el km 78. ¿Cómo habrán pasado la noche nuestros amigos?

Pues regular: Toño ha empezado a sufrir un dolor en la espalda, no sabe si por la nueva mochila que no acaba de ajustar bien, por el peso del material o por lo que sea. El caso es que en Courmayeur se dirige a un voluntario para decirle que deja la carrera. El voluntario no le entiende o es un cachondo el caso es que no le quiere coger el dorsal y lo acompaña a una camilla para que le den crema en la espalda. Después le dicen que siga.  Nuestro campeón ve cómo le ha aliviado el casi-masaje con la crema y decide proseguir subiendo al refugio Bertone -1000 mts de positivo-. Casi arriba ve que las molestias siguen e incluso van a más así que se da vuelta para volver a Courmayeur, el mejor sitio para dejar el dorsal. Mecachis!!

Joseba que llegó a Saint Gervais un poco detrás de Iñigo, Ignacio  y Oscar se vio muy bien en los siguientes kilómetros y los cuatro fueron juntos casi toda la noche. Pero durante la madrugada su estómago se rebela y no le entra nada. Al revés, arroja todo lo que tiene. Débil y desmoralizado se quitó el dorsal y lo bajaron a Courmayeur donde se reunió con nosotros.

Samu, bastante más atrás, también pasó miserias con las tripas y tuvo algún susto con el azúcar cuando el medidor le mostró cifras altísimas que mejor no pongo aquí. Corrigió con insulina pero después rozó la hipoglucemia y así pasó nuestro campeón del Team One su particular noche de carnaval.
Markel e Iraia echando un sueño a eso de las 7 de la mañana ¿Cuándo llega papá?

Oscar, Iñigo, Ignacio y Joseba. Este último lo deja aquí. ¡¡Habrá más UTMB!!

Desde Courmayeur Celia, Olga y yo pillamos un bus que nos subiría a Arnouvaz, un refugio situado en un precioso valle de montaña. Desde allí queríamos ir a la contra de la carrera, pasando por los refugios Bonatti y Bertone para encontrar a nuestros amigos. Mientras Ju, Joseba y los chavales regresaron a Chamonix donde los pequeñajos pudieron descansar y ponerse hasta arriba en un McDonalds como premio a la paliza. ¡Yo también quiero!

Pero mi premio fue mucho mejor: La etapa que seguimos desde Arnouvaz subiendo a los refugios Bertone y Bonatti fue una gozada. Aunque el día seguía nublado y frío, las nubes altas dejaban ver la otra cara del Montblanc y todo su macizo de picos, crestas y glaciares a nuestra derecha, al otro lado del valle. Un valle de postal poblado de alerces y rododendros, con prados y arroyos cayendo por todas partes. Guapo, guapo... Y si a eso le añadimos nuestros aplausos  y ánimo a todos y cada uno de los corredores pues no te digo más.



En el refugio Bonatti, besos, achuchones y mucho ánimo para nuestros tres mosqueteros.

En Bonatti pudimos encontrarnos con Iñigo, Oscar e Ignacio. Es el km 90 y están cansados, pero sonríen y están con fuerzas para proseguir la aventura. ¡Bravo!

Aquí Olga y Celia decidieron volver a Arnouvaz pues Iñigo nos dijo que había bastante distancia hacia Bertone y Courmayeur y que con el día que teníamos no valía la pena. No obstante yo decidí proseguir hacia allí y la verdad es que acerté consiguiendo una excursión de cuatro estrellas con bajada a buen ritmo al agujero de Courmayeur. ¡Quién me iba a decir que mis patas funcionarían así de bien un día después de terminar la TDS!


Alucinante ver a Samu fuerte y de tan buen humor ¡Olé los Team One valientes!


Ahí abajo, mil metros más abajo, Courmayeur

Refugio Bertone


Jorge Aranburo, del Trail Running Zaragoza. Ha pasado regular, casi mal esta primera noche pero aquí está recuperado y muy cerca de alcanzar el refugio Bertone. ¡¡Lo va a conseguir!!

En Chamonix comí en compañía de Joseba y dimos una vuelta por el centro asistiendo a la llegada de los primeros de la UTMB. Uxue Fraile fue la segunda en meta con un tiempo de 26 horas y 8 minutos... ¡qué fiera!

Mientras, Olga, Celia y Ju acompañadas por los niños habían ido a Suiza, a los pasos de La Fouly y Trient para animar a sus chicos preferidos.

Pero en el avituallamiento de Trient -km 141- Ignacio no puede más, sus cuádriceps han dicho basta: Están totalmente contracturados y le impiden dar un paso más. Celia le dará un masaje para ver de soltarlos pero no sirve de nada. Aquí deja el dorsal y sus sueños aparcados en espera de otra ocasión que seguro llegará. Como que ya está pensando en el 2019...

Por otra parte Samu continúa a su ritmo, bastante por detrás de Oscar e Iñigo pero sin detenerse. Tipi-tapa, chino-chano... Poco a poco o como lo llamen en Burgos.

Joseba y yo estábamos ya en la cama cuando llegaron Olga, Ju y los niños...

Domingo 2 de septiembre.

A las cinco consulto la aplicación que sigue a los corredores -Live Info- y compruebo que tienen hora prevista de llegada a las 5:30. ¡Vamossss!

No hay tiempo de desayunar. Cogemos el coche y enseguida estamos  en Chamonix para esperar la llegada de nuestros dos campeones.

Poca gente en las calles, todavía es de noche y a la luz de las farolas vemos llegar a varios corredores. Aplaudimos junto a sus amigos y familiares cuando pasan pero no dejamos de escudriñar la oscuridad de la avenida esperando ver aparecer a nuestros amigos. Y por fin los vemos llegar. ¡Lo han conseguido!

35:51:29  Posiciones 381 y 382 de 1778 clasificados. UTMB LIVE
Estamos cansados, sobre todos esos dos tíos con una luz en la cabeza, tenemos sueño, hambre y nos duele todo pero ese momento vale mucho. Mucho.
 Lo mejor de todo fue el chocolate con croisants que nos metimos en una cafetería junto a la meta. A las 7 de la mañana Chamonix despertaba al que seguro es el Domingo más festivo, ruidoso y feliz de todo el año... Nada que ver la llegada de unos campeones a las 6 o 7 de la mañana con la llegada del grueso de corredores que en las horas siguientes iban llegando a meta. Un rosario interminable de ilusiones, sonrisas, lágrimas, risas y llantos. En definitiva, de PURA VIDA... ¿Dónde he leido yo esto?

Y hablando de sonrisas y de vida ahora hablaré de dos campeones: Jorge Aranburo y Samuel Díaz que también consiguieron esa soñada meta después de 100 millas, 171 kilómetros alrededor del Mont-Blanc.
Jorge completó la Challenge Pirineos en 2017 ¿Alguien dudaba que no lograría esta UTMB? ¡¡Enhorabuena campeón!!

No sé de dónde saca Samu la energía pero os juro que pegó un salto de gimnasta en esta foto...


Con Samuel Díaz, del Team One Diabetes. ¡¡¡Oléeeeeeeee...!!!

Se busca. Muy peligroso. Este domingo quiere participar en una carrera de 21 kms y el siguiente finde afirma estar inscrito en la Bocineros Xtreme de 200 kmts. Por favor si lo encontráis hacerle un control de azúcar y no le invitéis a tortilla de patatas.
Os contaría el larguísimo viaje de vuelta que hicimos con Toño en su autocaravana... ¿Cómo la llama? ¿Paquita? Pero lo resumiré un poquico:  Paquita hizo un amago de avería saliendo de Chamonix y nos dio algún sustico pequeño antes de llegar a Lyon, la amiga de Toño se portó como una campeona de ultras llevándonos los más de 1000 kilómetros que nos separaban de Pamplona. Toño condujo toda la tarde del domingo y tooooooooda la madrugada del lunes sin dejar de hablar para no quedarse dormido. Mientras tanto yo, que iba de copiloto, hacía lo que podía por mantener la conversación y Samu se estuvo en coma cuasi terminal en la parte de atrás solo interrumpido las tres o cuatro ocasiones que paramos para cenar, echar un café o simplemente estirar las patas. ¡¡Qué lejos están algunos sueños!!

Si has podido leer todo este ladrillo es que puedes correr 100 millas. Chamonix te espera.