Correr, caminar, pedalear, trepar, nadar, saltar...Trabajar y VIVIR. La diabetes, una anécdota.

Siempre y cuando controlemos el ejercicio y nuestra glucemia en sangre. Esta enfermedad que junto con la obesidad está considerada la epidemia del siglo XXI permite llevar una vida activa perfectamente normal gracias a médicos e investigadores, profesionales apasionados que no dejan de trabajar para que mañana sea de verdad una anécdota. Hay dos tipos principales de diabetes: Tipo I y tipo II. La primera es la mía, la insulino-dependiente o también llamada infantil, porque en un alto porcentaje de casos se presenta a edades tempranas, aunque yo "debuté" con esta enfermedad a los 44 años. Mi sistema inmune falló y atacó a las células del páncreas que producen la insulina sufriendo a continuación los tres síntomas del libro o las "tres Pes": Poliuria (orinar mucho), Polidipsia (sed horrible a todas horas) y Polifagia (hambre, hambre, haaaambre).



¿Porqué a mí? Pensé. A mí que toda la vida he hecho deporte, que sólo tres meses antes terminé mi Cuarta Maratón en Donosti, a mí que no fumo, a mí que soy un chico formal: Buen padre y ejemplar esposo, a mí que hago la declaración de renta puntualmente y pago la contribución urbana y el impuesto de circulación religiosamente cada año... ¿Porqué?



El estrés que tantos sufrimos en mayor o menor grado, herencia genética, un catarro mal curado, la contaminación, el agujero de la capa de ozono... Médicos, familiares, amigos, vecinos y yo mismo apuntamos una u otra causa, pero lo cierto es que daba lo mismo. El caso es que mi cuerpo -mi páncreas- casi no tenía reservas de insulina y que ya no iba a producir más -o muy poca- y que iba a necesitar "pincharme" insulina todos los días.

sábado, 8 de abril de 2017

XI Maratón Ciudad de Zaragoza

Es un tópico eso de "no he preparado nada esta carrera" pero es lo primero que me viene a la cabeza sobre mi maratón de Zaragoza del Domingo pasado 2 de abril. ¿O sí que la había preparado? Las carreras de montaña en Aibar, Arlegi y Montejurra con 21, 18 y 23 kmts respectivamente, con sus desniveles en torno a 1000 mts positivos más los 70 kmts del fin de semana anterior en Nogueruelas puede decirse que sí me habían preparado las patas ¡y la cabeza! para echar a correr sobre el duro asfalto en la mítica distancia de 42 kmts y 195 mts.

Mi hermano Javi llevaba un poco mejor la preparación pues no corre por montaña apenas, sino en llano y en los últimos meses siguió más o menos un plan de entrenamiento para esta prueba. Tenía ilusión en mejorar su crono del año pasado y mucha culpa de que yo volviera a calzarme las nimbus en el asfalto. ¡¡Los hermanos Crespo al ataquerrrrr!!


¡¡Ahí está mi madre preparando el avituallamiento para la maratón!! Yo solo comí una ¿eh?
Pero a Javi le dio un disgusto la espalda justo el Sábado por la tarde, víspera de la carrera: y borracho de voltarén no era plan que saliera a correr al día siguiente en pantalones cortos, ni 42 ni 2 kmts. Si acaso con el chándal a comprar el pan cerca de casa, y despacio...  ¡¡Ánimo Javi!! Ahora toca fortalecer el core y trabajar bien esa espalda para que no te vuelva a fastidiar ¡¡y nos vamos a Donosti en noviembre!!

Me levanto a las 6 de la mañana -la salida es a las 8:00-, la organización ha adelantado la hora con el fin de no complicar a los vecinos de la ciudad la mañana del domingo. En fin.

Mi azúcar a las 6 está en 74, me pongo 2 uds de novorapid y desayuno un café con leche acompañado de unas pocas nueces. Agarro la mochila donde llevo toda la ropa y salgo de casa para caminar los 5 kmts que separan la casa de mis padres en las Delicias hasta el pabellón de Tenerías junto al Puente de Hierro, cerca del Pilar, donde tenemos los vestuarios, duchas y consigna.  Las calles están casi desiertas en una mañana fresca en la que el aire, el famoso cierzo que empieza a desperezarse, no fastidia mucho, sobre todo porque me da de espalda...

Para las 7:30 ya estoy cambiado y todavía tengo tiempo de darme unos masajes con radiosalil en las piernas.  Tras dejar la mochila en la consigna me encuentro con Jorge Aramburu -super Gorka para los amigos-, justo hace una semana estábamos los dos en Nogueruelas ¡qué casualidad!  Él y sus amigos de Andandaeh serán un grupo numeroso en la carrera, no como los Trizurkos cuyo único representante seré yo ¡a ver si os animáis al asfalto que no muerdeeee!

¿Mi estrategia para la carrera? Sobrevivir.  Y llegar a la meta si es posible. Y con la liebre de 3:30 si hay suerte y mis patas quieren. En el bolsillo de mis pantalones cortos de trail llevo el medidor FreeStyle que me permitirá controlar las glucemias durante todo el tiempo sin necesidad de parar. También llevo dos geles de biofrutal que serán suficientes porque a partir del km 15 todos los avituallamientos tienen Gatorade, plátano, sandía, chuches y frutos secos.  

No estoy nervioso, estoy acojonado.

Menos mal que Jesús Arroyo, nuestra liebre preferida, nos empezó a soltar chorradas una detrás de otra en cuanto tomamos la salida. Megáfono en ristre no tenía problema alguno en llevar el ritmo que había de llevarnos en tres hora y media hasta la meta, al mismo tiempo que nos iba dando consejos respecto a la forma de correr: acortar la zancada en las cuestas arriba -que las hay en Zaragoza-, agachar la cabeza y cerrar filas si el aire pegaba de cara o separarnos si nos daba de espalda ¡incluso ladear la espalda si nos daba de lado, como los barcos hacen con las velas!.  También nos advertía sobre los bolardos que no tenían nada que ver con los vándalos, suevos o visigodos que invadieron la Península en el pichicientos sino que son unos pichorros puestos en el suelo para delimitar los carriles bicis. Si nos veía flaquear salía con los güebos que tenían nuestros abuelos, que corrían con alpargatas ¡o descalzos! y que curraron lo que no está escrito para que hoy nosotros corriéramos en calzoncillos de colores... O nos hablaba de tal o cual película - ¡Ay, cuánto daño han hecho las películas del Oeste!-, o de tal o cual libro -¡Ay cuánto daño han hecho los libros de correr!-...  Si queréis pasarlo bien corriendo, venir a Zaragoza y correr con este campeón. Te pone la cabeza como un bombo pero cuando te quieres dar cuenta llegas al km 21, - ¡¡Ya hemos hecho el calentamiento, ahora vamos a correr!! -.  Y a correr se ha dicho...

Primeros kilómetros. Cruzamos el Puente de la Expo. A nuestra derecha Jesús contándonos alguna historieta...

Mis piernas iban de maravilla en esos primeros kilómetros: a 4:50, a 5:00, a 4:40 min el km, con qué facilidad me sentía correr. Las cuesticas de Cuéllar o de Torrero costaron un poquico más de 5 minutos el kilómetro pero sabíamos que después venía el Parque Grande y que al volver sería todo bajada, o casi todo... 

Mis sensaciones eran muy buenas porque además estaba sacando glucemias de libro: 90 en la salida que 30 minutos más tarde eran 101, luego 120, 118...  cada media hora sacaba el cacharro, lo acercaba a mi brazo y ¡¡toma!! una cifra cojonuda ¿qué más podía pedir?  Porsiaca fui cogiendo vasos de Gatorade y comiendo algún trozo de plátano pero cuando bajé a 79 en el km 36 o 37 recurrí a mis dos geles.  

¿He dicho los kmts 36 y 37? ¡¡Ahí me encontré con un muro!! Llevaba unos 10 kmts corriendo por delante del grupo de las 3:30 cuando al acercarnos al Ebro, el viento empezó a darnos de cara en rachas, como a golpes. A eso añadiremos una leve cuesta arriba por la Ronda Hispanidad para cruzar el puente sobre el río.  El viento siguió tocando las narices al otro lado de la ribera y fue en ese tramo que me fui quedando atrás del grupo de las 3:30.  Mi ritmo bajó de los cinco a seis minutos el kilómetro y más de seis subiendo San Vicente Paúl hasta llegar a Coso y por fin bajar por Don Jaime ¿falta mucho? ¡¡No, ya casi estamos!! Por Espoz y Mina me adelantó un corredor a toda leche. No me hubiera fijado en él de no ser porque era más bajito y con una tripa más que evidente... ¡¡Qué campeón!! Le perdí de vista en la Calle Alfonso, tal era el ritmo del veterano corredor, ¿de dónde habría salido?

Mi tiempo en meta 3 horas, 34 minuticos y 37 segundos... No pude entrar con el grupo de Jesús Arroyo pero no me quejo, no señor. Además nos dieron un pedazo de donut que con los 70 de azúcar que tenía, lo comí en tres bocados ¡¡qué ricooo!!

Para terminar y pensando en la Euskal-Trail dentro de unas semanas, que son 130 kmts de nada, decidí volver a casa también caminando y debo decir que nunca he tenido las patas mejor al día siguiente de una maratón de asfalto. Ya sabéis: después de la carrera nada como un paseo...

Aquí abajo os pongo mis controles del domingo y del día siguiente. Puede verse que por la noche estuve un poco bajo pero no fue nada grave ya que no bajé de 60.  



Sentí curiosidad y miré los parciales del corredor que me adelantó al final de la maratón: en el km 30 nuestro campeón marcó un crono de 02:54:02 ¡¡24 minutos más que yo!! y entró en meta con un tiempo de 03:34:42, es decir que los últimos 12 kmts los hizo en 40 minutos 40 segundos ¡¡a un ritmo de 3:20 minutos el kilómetro!!   Sin comentarios.