Correr, caminar, pedalear, trepar, nadar, saltar...Trabajar y VIVIR. La diabetes, una anécdota.

Siempre y cuando controlemos el ejercicio y nuestra glucemia en sangre. Esta enfermedad que junto con la obesidad está considerada la epidemia del siglo XXI permite llevar una vida activa perfectamente normal gracias a médicos e investigadores, profesionales apasionados que no dejan de trabajar para que mañana sea de verdad una anécdota. Hay dos tipos principales de diabetes: Tipo I y tipo II. La primera es la mía, la insulino-dependiente o también llamada infantil, porque en un alto porcentaje de casos se presenta a edades tempranas, aunque yo "debuté" con esta enfermedad a los 44 años. Mi sistema inmune falló y atacó a las células del páncreas que producen la insulina sufriendo a continuación los tres síntomas del libro o las "tres Pes": Poliuria (orinar mucho), Polidipsia (sed horrible a todas horas) y Polifagia (hambre, hambre, haaaambre).



¿Porqué a mí? Pensé. A mí que toda la vida he hecho deporte, que sólo tres meses antes terminé mi Cuarta Maratón en Donosti, a mí que no fumo, a mí que soy un chico formal: Buen padre y ejemplar esposo, a mí que hago la declaración de renta puntualmente y pago la contribución urbana y el impuesto de circulación religiosamente cada año... ¿Porqué?



El estrés que tantos sufrimos en mayor o menor grado, herencia genética, un catarro mal curado, la contaminación, el agujero de la capa de ozono... Médicos, familiares, amigos, vecinos y yo mismo apuntamos una u otra causa, pero lo cierto es que daba lo mismo. El caso es que mi cuerpo -mi páncreas- casi no tenía reservas de insulina y que ya no iba a producir más -o muy poca- y que iba a necesitar "pincharme" insulina todos los días.

domingo, 19 de octubre de 2014

Un paseo por Ordesa



Un largo paseo sí señor, y bonito además, el que nos llevó ayer Sábado desde la Pradera de Ordesa hasta la cima del Cilindro de Marboré (3325 mts). La idea original era conquistar al jefe, al Monte Perdido, pero las primeras nevadas de la temporada nos hicieron temer dificultades yendo en zapatillas, así que Joseba, Antonio y yo salimos de Zizur hacia el Pirineo con todas las opciones abiertas.

Algo más de las 8 cuando bajamos del coche en la pradera, ¡qué frío! los 6 grados de temperatura parecen menos con la humedad que reina en el fondo del valle. El Otoño ha comenzado a pintar los gigantescos murales que forman el Valle de Ordesa y el amarillo, rojo y naranja salpican el verde del bosque.




Antes de ponernos en marcha compruebo mi glucemia: los 72 mg de azúcar en sangre de las 4:55, cuando me he levantado a desayunar se han quedado en sólo 51 a las 8:34, así que "engullo" un bollo con nocilla y echo un buen trago de isostar. ¡¡Ya podemos salir!!

Creo que mi mochila es la que más pesa de las tres, he metido una camiseta de manga larga, además de guantes, buff, chubasquero, el camel con isostar, un bocata de jamón, barritas, frutos secos, mi vieja cámara...  Mis compas en cambio llevan mochilas más pequeñas ideales para pasar más frío y penalidades pero más ligeras y perfectamente válidas para campeones. 

Por eso será que me cuesta seguir su ritmo y corriendo detrás suya escucharé con envidia su animada charla porque los muy sinvergüenzas no callan ni en las cuestas más empinadas.


Adelantamos algún grupo de excursionistas madrugadores y para cuando llegamos al Circo de Soaso la montaña es toda para nosotros, el paseo por el valle es más bonito sin las muchedumbres que en pocas horas llenarán las proximidades de la Cola de Caballo, meta de casi todos que visitan el Parque Nacional.

Las cumbres de las Tres Sorores pintan un poco blancas y pensamos que si en la cara sur aún queda nieve, el pasillo que conduce a la cima del Perdido estará delicado. 



Antonio ya ha hecho un par de veces la ruta de la pradera a la cima del Perdido a la carrera, menudo pájaro está hecho, pero no había subido nunca por las clavijas de Soaso, le gustará comprobar que no tienen apenas dificultad y más aún el tiempo que ahorran con respecto al camino normal. Eso sí, le advierto, si ves que hay mucha gente el camino seguirá siendo más rápido, no veas los tapones que se forman aquí. 

Joseba en cambio es la primera vez que viene a esta región y se maravilla de todo, disfruta de todo y con todo, se lo está pasando como un enano, ¡¡como un enano de casi dos metros!!



Entramos en el refugio de Góriz para echar un café y de paso preguntar cómo estará la montaña más arriba. Mi glucemia a las 10:41 es 193, y eso que tan apenas he bebido cuatro cortos tragos de isostar. Tomaré sólo un cortado sin azúcar. Antonio toma un café solo y Joseba un Acuarius. Los 6,50 euros serían mucho en un bar normal pero aquí cuesta mucho más traer las cosas.  En el refugio nos confirman que hace una semana cayeron unos 30 cmts de nieve por encima de los 3000 mts y que seguramente la "escupidera", como llaman la zona peligrosa en la subida al Monte Perdido tendrá todavía algo de nieve. Nos ofrecen alquilar grampones, pero Antonio y yo traemos unos especiales para zapatillas. Joseba no tiene nada y tras desechar la idea de alquilar o compartir un par entre dos, decidimos cambiar nuestro objetivo por el vecino Cilindro de Marboré. Soy yo quien lo propone pues subí hace muchos años a su cima y aunque recuerdo una trepada por una corta chimena un poco delicada me parece una buena opción. No obstante, lo comento con el chico del refugio quien me habla de otra chimenea paralela, más expuesta pero más fácil. 

Dicho y hecho proseguimos la excursión, dejando detrás y muy abajo el refugio de Góriz nos metemos ya en el mágico ambiente de la alta montaña. Apenas hay restos de viejos neveros en las paredes que nos rodean y de la nevada del otro día sólo quedan algunos espolvoreos dispersos en las cumbres. No obstante el agua corre por muchos sitios y el paisaje es precioso se mire donde se mire: Detrás nuestra la polvorienta y marrón montaña del Tobacor ya se ha quedado muy abajo y permite ver el horizonte de montañas detrás suya. Distinguimos la Sierra de Guara, Peña Oroel... ¡¡El Moncayo!!  y es que el día es sensacional, cielos azules y limpios y una temperatura de verano, aunque aquí arriba cada vez notamos más frío.






A casi 3000 mts el Lago Helado está helado, hace frío y pisamos nieve. Efectivamente el pasillo que sube al Perdido no invita a subir por dos motivos: tiene un poco de nieve y como todavía está en sombra, estará helada. Volvemos la vista al vecino Cilindro y aunque también ahí tenemos un pasillo con algo de nieve para subir el sol le pega de lleno y es mucho menos expuesto. Decidido ¡¡vamos para allá!!

Al poco de iniciar la subida pasamos junto a otros tres chicos con el mismo objetivo, bromean al ver nuestra pinta, más de corredores que de montañeros, y se hacen a un lado como si fuéramos a 100 por hora.  Les saludamos con una sonrisa y algún jadeo, - Ufff, cualquiera corre con esta puñetera cuesta - , les digo agarrando los bastones. - ¡Venga que luego nos pilláis! -. 

Antonio y yo nos hemos puesto los pinchos en las zapatillas y progresamos con seguridad en la cuesta, Joseba tampoco tiene mucho problema porque hay huella profunda que aprovecha como escalones, además la nieve no está muy dura y la suela de sus Saucony Xodus consigue morder un poco en el blanco elemento.

Enseguida estamos al pie de las "famosas" chimeneas que debemos superar para seguir nuestra excursión hasta la cima. Cuando subí yo hace más de 20 años (¡¡qué viejo soy!!) la nieve estaba más alta y daba menos miedo. No obstante es buena roca y hay agarres, tras subir un metro en la pared bajo para echar un ojo a la otra chimenea a nuestra izquierda. Efectivamente se ve más fácil pero es más expuesta pues bajo ella está el patio del otro lado, una ladera empinada que vale más no mirar.  Subiremos por ahí, además es Antonio el que toma la iniciativa, eso sí, nos advierte: es la primera vez que me lío a trepar un monte. Subiré tras él, más torpe y más despacio - eso que soy más largo y llego mejor a los agarres-, pero tengo más miedo y más dudas. Me lo pienso un poco y por fin estiro la mano aferrando un pequeño agarre que me da la confianza suficiente para seguir progresando.  Los siguientes pasos son más sencillos y enseguida estoy arriba de este puñetero escalón que viene a ser la llave para hacer la cima en el Cilindro. ¿Y Joseba?  Nuestro gigantesco campeón llega mucho mejor que nosotros a los agarres, además no le hemos dado otra opción que la de seguirnos y aunque también es un novato en la montaña enseguida supera el paso.  Los tres nos felicitamos con la sonrisa pequeña pensando en la bajada y continuamos el camino que nos lleva a la cima, un corto paseo donde también encontramos algún obstáculo, pero estamos crecidos y nada puede impedirnos llegar a la meta. 







Justo arriba había otro grupo de montañeros, dos chicos y una chica de Madrid, que inician el descenso cuando llegamos. Nosotros sólo estaremos el tiempo justo de hacernos dos fotos y mirar al otro lado donde descubrimos el lago de Marboré, todavía libre de hielos. También es un buen sitio para admirar uno de los últimos glaciares de los Pirineos, el de Monte Perdido, cae sobre el Valle de Pineta, se distinguen bien las grietas del helero inferior mientras que el superior es sólo un nevero pegado a la ladera cimera.

Toca desandar el camino y yo al menos no dejo de pensar en el puñetero destrepe de la chimenea. Pero hemos ganado en confianza, somos 20 minutos más viejos y más sabios ¡¡vamos allá!!  Cuando llegamos al paso, los tres montañeros que venían detrás lo acaban de superar y volvemos a saludarnos. Ellos van con cuerdas y nos ofrecen ponerlas para ayudarnos en la bajada, lo que yo acepto sin dudar. Soy el primero en probar el invento, que primero iba a ser tan simple como destrepar agarrado a la cuerda, algo que los montañeros desechan enseguida y con razón, decidiendo montar todo el aparejo para un rápel, con su "ocho", su doble cuerda y toda lo necesario. Total que mientras yo bajo como un señor por la chimena principal, Joseba sin decir nada decide bajar por la de subida y Antonio finalmente también, llegando abajo casi a la vez.  Desde abajo nos despedimos de los montañeros no sin agradecerles su interés y buenísima disposición. Es verdad que por encima de los 3000 mts no hay más que buena gente.




Son las 12:15, tengo 119 de azúcar y como se está de maravilla aquí arriba, bajo el sol de octubre que más parece de julio, almorzamos como unos señores. Yo compartiré con Joseba mi bocata de jamón y mi amigo me dará un buen trozo de su pócima mágica: Chocolate Valor. ¡¡Qué rico!!

Antonio, el que no tenía ni idea de monte, bajará la ladera de nieve en un bolero, Joseba seguirá detrás suya sin apenas resbalar y yo cerraré la marcha dando algún patinazo, pues aunque he vuelto a colocarme los pinchos se me olvida que debo poner toda la planta para que agarren. No obstante enseguida estamos abajo y tras quitarnos Antonio y yo los gadchet-grampones, y guardar todos el chubasquero en la mochila continuaremos la bajada donde resulta que podemos correr muchos tramos ¡qué bien se baja del monte en zapatillas!

Volvemos a entrar en Góriz pero ahora no queremos café, tomaremos una cerveza (bueno Joseba un Acuarius), mi glucemia a las 15:09 está en 215, sigo sin ponerme ni una gota de insulina porque con todo el tute que llevo sé por experiencia que cada gota multiplica sus efectos, además aún queda mucha excursión así que tras despedirnos de los guardas que están comiendo un delicioso cocido de garbanzos (ummm qué bien huele), nos lanzamos montaña abajo, hacia Soaso.

Nos cruzamos con muchos grupos de que suben hacia Góriz, con este buen tiempo seguro que hoy ponen el "completo" en el refugio. Cuando asomamos sobre la Cola de Caballo, la preciosa cascada donde el Arazas se precipita al valle, alucinamos con la multitud de gente que pulula en sus alrededores ¡¡parece Salou!!  Sin acercarnos a esa concurrida playa, cogeremos el sendero que en larga y tendida pendiente sube hasta media altura en la pared norte del cañón, por una terraza maravillosa que muchos afirman es el mejor mirador de este fabuloso valle: La Faja de Pelay.






Cuesta mantener un ritmo de carrera por el camino que no deja de ganar altura sobre las Gradas de Soaso, pero más adelante la pendiente nos da una tregua y podemos correr a gusto mientras echamos cortas ojeadas al paisaje. Casi se me había olvidado lo largo que es el camino hasta el mirador de Calcilarruego, enfrente del Circo de Cotatuero, además creo que hay más subidas que bajadas ¡¡ufff !! y es que ya llevamos muchos kilómetros ¿cuántos? no lo sé porque mi Garmin se ha muerto pero Antonio calcula que la excursión llega casi a los 40. No está mal.

No está mal el paisaje cuando por fin llegamos al mirador, el sol está bajando y los colores del bosque y las paredes son aún más intensos, más bonitos. No os digo más, venir a Ordesa y lo veréis.

La bajada por la Senda de los Cazadores se nos hizo dura y delicada, la montaña cae casi vertical y el camino traza mil vueltas hasta llegar a la pradera donde por cierto, mis compañeros de excursión se picaron en el último kilómetro y echaron mano a su depósito secreto de nitroso para volar hacia el bar, nuestra soñada meta final.  Las 17:56, mi glucemia: 110. 

La nota triste de la jornada fue conocer la noticia del fatal accidente de montaña sufrido por Itziar Lasurtegui, del club Beste Iruña, conocida y querida de muchos corredores en Pamplona. Muy cerca de la cima del Pico Batanes una piedra se movió y perdiendo el equilibrio cayó de la montaña resultando muerta. En la montaña como en el valle, está la vida y a veces también la muerte. Nos podía haber pasado a nosotros, ojalá no le hubiera pasado a nadie, tampoco a Itziar. Descanse en paz.

Todas las fotos aquí.





miércoles, 17 de septiembre de 2014

Canfranc, Canfranc, Canfranc...

Camino en absoluta soledad por el fondo plano del circo de Tortiellas, ¿ibón de Tortiellas? será a principios de Verano cuando esta esponja de hierba esté cubierta por el agua del deshielo, ahora sólo discurre por sinuosos y profundos arroyos que salvo con gimnásticos saltos ¡¡todavía puedo saltar!!  El paisaje es de alta montaña, el pico de Aspe destaca entre los paredones y barrancos que conforman el circo y el único sonido que percibo son las esquilas del ganado, un rebaño de ovejas que se confunde con los bloques de piedras allá lejos ¡qué paz!

 Envidio a la pareja de abuelos franceses que hace un rato me han animado al pasar a su lado. Sentados al sol disfrutaban de su calor al mismo tiempo que del fresco aire de puerto, contemplando este paisaje de postal y divertidos seguramente con el rosario de corredores que íbamos pasando. 


"Saboreo" el cansancio: mis piernas agotadas todavía obedecen y me llevan montaña arriba hacia el último techo de la carrera, el Collado de Estibiella. Me falta muy poco, son sólo 300 metros de desnivel desde el fondo plano de Tortiellas pero mi caja necesita el doble de oxígeno del que trago en cada inspiración, uffff...!! Me paro un momento.  Casi he alcanzado a un chico con camiseta roja y con muy poca diferencia llegamos arriba donde un voluntario nos ofrece agua. También está Ramón Ferrer, cámara en ristre currándose un reportaje de los suyos. ¡¡Qué tío!! Hace un rato estaba en la cima de la Raca y ahora está aquí plantado, gozándola como un enano. - ¡¡Carlos!! ¿te has fijado qué vistas más chulas de la Moleta y Collarada?- me dice, - ¡hazme una foto guapa haciendo el pino! 

El de Huesca no tiene problema alguno en ponerse boca abajo mientras le saco unas cuantas fotos intentando pillarle en la mejor posición. No tengo ninguna prisa, el mozo de camiseta roja ya se ha tirado para abajo, a Canfranc, pero yo hace rato que no miro el reloj, sé que no bajaré mi mejor crono de 8:22 del año pasado y es que no ha sido mi día. Ayer estuve de juerga en Zizur celebrando las fiestas y hoy no era la mejor idea correr 42 kilómetros por el monte, pero aquí estoy pese a todo, gozando como un ceporro.  

Entre la Moleta y Collarada, Ramón hace gimnasia.
En su blog Corriendo por la Sierra tenéis una buena crónica de la carrera.
Es una carrera dura esta de Canfranc-Canfranc, con casi 3500 mts de desnivel positivo acumulado en su modalidad A de 42 kmts, se compone básicamente de tres subidas y tres bajadas gigantes. La conozco medio bien porque es la cuarta vez que tomo parte en ella. Mi vecino y compañero de entrenos Alejo, es quien me ha animado este año a venir: tanto contarle lo chula y dura que era, con el subidón de su buenísima experiencia en la Vuelta al Aneto me insistió para apuntarnos y correrla juntos. Con nosotros viene también Antonio Soria un campeón de Pamplona que este año se está saliendo en la montaña y a quien invitamos hace cuatro días para que conociera Canfranc. El caso es que Antonio pensaba que veníamos a hacer un entreno por la zona y no a una carrera, y pese a que durante todo el viaje en el coche hemos estado hablando de carreras y más carreras, no ha sido hasta que hemos llegado a Canfranc y ha visto el arco hinchable de la Salida que se ha dado cuenta de nuestras intenciones. Nos hemos partido de risa con su cara de sorpresa !!!!  Pero no se lo ha pensado dos veces y se ha apuntado a la Carrera B de "sólo" 32 kmts y 2500 mts de acumulado en la que por cierto ha conseguido el segundo puesto absoluto. ¡¡Enhorabuena campeón!!  Seguro que también habría hecho un gran papel en los 42 kmts pero este próximo Sábado tiene cita con el kilómetro vertical de Uharte Arakil al Beriain y no quería pasarse de vueltas.

Al bueno de Alejo no le ha ido tan bien porque en el talud que se baja después del primer avituallamiento en Coll de Ladrones, una empinada ladera de piedra suelta, se ha resbalado y ha sufrido una mala caída golpeándose la cadera. Pese a todo a continuado y ha subido a la Raca para bajar después hacia Somport, donde ha decidido abandonar por las molestias de la caída. Una sabia decisión que me traerá consecuencias: El año que viene querrá volver y yo no dejaré que lo haga solo, je,je... Además ¿quién sabe? Quizás la próxima vez pueda correr con fuerza toda esta dura prueba y conseguir mi mejor crono, me contentaría con bajar de 8 horas.

Y es que siempre me pasa lo mismo: salgo bien, con buen ritmo y consigo llegar a la cima de la Moleta con buenas sensaciones. Hoy también ha sido así y además he ido muy cómodo chupando rueda detrás de Alejo hasta arriba. Allí dos fotos y rápido para abajo. He bajado bien detrás de un chico de Jaca con el que después también he coincidido en la primera parte de la subida a la Raca, había estudiado en Pamplona y vivido en la Txantrea así que se conocía bien la ciudad e incluso los senderos del San Cristóbal.



Cima de la Moleta, coincidimos con Tatiana Sánchez que tampoco pudo terminar.

La Canal de Izas. Detrás el Midi d'Osau , Balaitus...
La bajada de la Moleta siempre es una gozada, las patas están enteras y corres como un campeón. Sólo hay que estar atento a las marcas, escasas en esta zona donde me parece que la organización racanea al señalizar el recorrido. Me encuentro con Javier Les, que no se ve bien y ha decidido retirarse, una pena pues el año pasado consiguió un magnífico quinto puesto y un pedazo de crono de 6 horas justas ¡¡Otro que tendrá que venir el año que viene!!



 

Después de Coll de Ladrones donde siempre procuro "recargar las pilas" comiendo y bebiendo lo mejor posible viene la parte más dura y crítica: la subida a la Raca, encima de Astún. Para mí es la más dura porque todavía queda mucha carrera y es aquí donde compruebas si estás fuerte, si tienes el día o no lo tienes. Si has sabido planificar la temporada y los entrenamientos, las patas estarán fuertes y podrán enfrentar los casi mil metros de desnivel sin problemas. Y la caja conseguirá abastecer de oxígeno al motor.  Si no... toca sufrir.



Las montañas de Candanchú con el Pico de Aspe miran al pobre
Cansamontañas que se arrastra montaña arriba. Foto de Ainara Landa ¡¡Gracias!!

Sufrir y mucho es lo que hice, deteniendo mi marcha hasta en tres ocasiones, tratando de recuperar pulsaciones. El sol de un magnífico día de verano también hacía lo suyo pero no era gran problema gracias a un leve viento que cuanto más arriba estábamos más fresco sentíamos. Eso sí, en la cima agradecí el agua que me ofrecieron los voluntarios, hasta cuatro vasos me bebí ¡¡qué rica!! ¡¡Gracias, muchas gracias!!  

Bajar de la Raca es más duro y técnico que de la Moleta y además llevas más kilómetros. El recorrido va fuera de senderos por las empinadas pistas de esquí de la estación de Astún y hay que prestar atención en pisar bien, pedreras al principio, hierba después, hasta llegar al fondo del valle. Aunque es final de verano todavía puedes chapotear un poco en el arroyo. Yo meteré los pies a gusto en el agua, con zapatillas y todo, ya se secarán. Llevaba las plantas de ambos pies escocidas y a punto de ampolla, por eso me alivia mojarlos en el agua fría y seguiré sin problemas.

En Somport tenemos el segundo avituallamiento líquido y sólido. Me sorprendo cuando Alejo me saluda, no había hecho ni verlo. - ¿Pero qué haces aquí?- le pregunto alucinado. 

- Nada, que me he dado un galletón en Coll de Ladrones - me contesta señalando sus heridas en un codo y las dos rodillas. - Además he sufrido un golpe en la cadera y me duele el copón, lo dejo aquí- me dice convencido y resignado a un tiempo. 

También está aquí David Ferrández, que ha venido de espectador junto con su family ¡¡enhorabuenaaaa!! para animar a todos y en especial a su hermano que también corre la larga. 

Foto cortesía de David Ferrández
El chaval de Jaca con quien había empezado la subida a la Raca sale por delante de mí pero antes me enseña sus zapatillas a las que ha metido la tijera recortando la punta. En la última bajada le hacían daño las uñas de los pies y ni corto ni perezoso ha encontrado la solución: ¿zapatillas pequeñas? se les corta un cacho y que los dedos de los pies sean libres, ¡¡madre mía!! Sebastián Pérez conseguirá terminar la carrera y no, no se le metieron piedras en las zapatillas me dijo.

Salgo hacia Candanchú, para enfrentar la ultima subida de la jornada. Es mediodía y el sol pega fuerte, pero el suave viento sigue dando un pequeño alivio ¡menos mal!  Una zona preciosa de prados y bosquetes hasta llegar a los hoteles de la Estación. ¡¡Qué feas son todas las estaciones de esquí!! 

Toca subir pista arriba la ladera del Tobazo, unos 400 mts de desnivel que se hacen muy penosos con todo el castigo que llevo. Pero aquí es la cabeza la que está bien, es la última etapa y aunque sea a rastras que termino el paseo. 

Alcanzo a un chico de camiseta blanca, es Javier Oteiza, de Pamplona. No nos conocíamos personalmente todavía pero sí veníamos cruzando mensajes en la aplicación Garmin. Está pasándolo mal con unas molestias en los isquios y sufrirá lo suyo para terminar esta excursión, pero lo conseguirá ¡¡Enhorabuena campeón!! No quiero ni imaginar lo duro que se le tuvo que hacer bajar los 8 kmts de zig-zags desde el collado de Estibiella a Canfranc. Mucho mérito, de verdad. 

Tanto mérito como Carlos Irujo, mi tocayo de Pamplona que conseguirá un merecido primer puesto de veterano en la modalidad B. Como Juan Ondiviela y Victoriano Arazo, de Zaragoza, dos grandes de la montaña que sí saben gestionar y planificar sus entrenos y que harán excelentes cronos. Tan buenos como el de Christian Pau apasionado de la montaña, la fotografía y de correr ¡¡pero cómo corre!! Lo mismo que José Antonio Salgado, el veterano campeón de Alsasua que hoy sufrirá más que otras veces pero como casi siempre me sacará buena ventaja en la meta ¡¡qué campeón!!

Un montón de campeones los que estuvimos de excursión en Canfranc el sábado 13 de septiembre.

Javier Oteiza bajando a Canfranc

Juan Ondiviela llegando a la Raca

Christian Pau

Victoriano Arazo

Antonio Soria

Sebastián Pérez, ahí todavía tenía las zapatillas completas..

Iñaki Ruiz y José Luis Ferrández

Joxan Salgado

Mis afotos de la excursión aquí

Mis glucemias: 170 en la salida, me como un plátano.  130 en la cima de la moleta a donde he llegado sin tomar nada, bajando iré bebiendo isostar del camel y en Coll de Ladrones sacaré 120 mg de azúcar en sangre, tomaré medio bocata de jamón york, un huesito y una coca-cola de medio litro y arriba de la Raca tengo 80 mg.  Sólo bebo agua y trago a duras penas una barrita energética de chocolate y caramelo, muy rica pero costosa de tragar. En Somport tengo 130 de nuevo y me sacudo 1/2 litro de cocacola y un bocata. Al llegar a Canfranc saco 135. Bien.  En la mochila llevaba un litro de isostar que me ha durado hasta la Raca, allí he cargado agua y he seguido tomando pastillas de sales, cinco durante toda la carrera que me han ayudado a no sufrir calambres musculares. 

martes, 19 de agosto de 2014

Linás de Broto, cielos azules, montañas verdes y gente, buena gente.

Buenísima gente la que se ha dado cita, nos hemos dado cita, este fin de semana en este precioso pueblo del Pirineo Aragonés.  Gente sana y deportista, amante de las montañas, de la música, de los amigos y de todas las cosas que de verdad importan.

Iglesia de San Miguel de Linás de Broto

Con Fernando Zaratiegui, detrás nuestra el Pilopín 
Cuando escribo la crónica de una carrera siempre os quiero llevar a esa cuesta, a ese sendero, esa bajada kamikaze saltando de piedra en piedra... intento que viváis esa tensión, ese esfuerzo. Quiero que veáis esos paisajes como yo los he visto, que disfrutéis de la montaña como yo lo he hecho mientras me dolían las patas cuando la subía y más todavía cuando la bajaba.  

Pero esta vez de lo que más me acuerdo es de lo bien que hemos estado con todos los amigos. Y eso gracias al trabajo y sobre todo al cariño que han puesto  los voluntarios de Linás de Broto con Encarna y Amador al frente. Han conseguido que pasáramos un día verdaderamente especial. Muchas gracias. Sois unos campeones!!!!


PURA MANDANGA, geniales!!!

Voluntarios de la carrera, no están todos los que son
pero sí son todos los que están.  ¡¡Gracias!!
Tercera edicion de la carrera y tercera vez que participo en ella. Desde Pamplona me ha acompañado Fernando Zaratiegui, un campeón que consiguió el tercer puesto en veteranos en la primera edición del 2012.  Meses después sufrió una grave enfermedad, que durante unos meses le impidió ponerse las zapatillas de correr, por lo que en 2013 sólo pudo animarnos.  Ahora ya está recuperado, gracias a los médicos, porque no creemos en los milagros... ¿O sí? Porque ver correr a este campeón con esa fuerza, esa energía y esa alegría es casi mágico. ¡¡Bravo Fernando!!

Fernando enfrentando los últimos metros de la subida al Pilopín.
Yo tenía ilusión de mejorar mi crono del año pasado (03:03) pero me han salido dos minutos más, ¡¡mecachis!! Y eso que en la delicada bajada del Pilopín he podido correr con seguridad gracias a mis Salomón cuyos tacos mordían bien la hierba, pero después han empezado a "quemarme" los talones y me he visto obligado a pisar con la parte delantera del pie lo que me ha quitado velocidad.  Comparativa.

El día era bueno para correr y hacer buen tiempo, sobre todo si el día anterior no habías corrido un kilómetro vertical como sí lo habían hecho muchos de los valientes corredores que han salido a las 9 en punto para enfrentar los 22,9 kmts y 1200 mts positivos de la carrera, así que algunos partíamos con ventaja. Temperatura fresca e ideal, unos 10 grados, pero el aire ha soplado mucho menos que los dos años anteriores, lo cual unido a un sol espléndido en un cielo totalmente despejado ha supuesto que sudáramos la gota gorda. Yo me había puesto una camiseta debajo de la de tirantes pero en la cuesta final del Pelopín me la he quitado. Iba tan asfixiao que no podía ni llevarla en la mano así que por no tirarla me la he echado al cuello...  ¡¡Uffff...!!

Con Juan Martín Tirapu he ido unos kilómetros chupando rueda, el veterano corredor de Noain estaba este año más en forma y eso que, según él, no corría nada desde el doble kilómetro vertical de Collarada... No sé si creerle, porque no ha sido hasta el km 6, en la pista forestal que llanea después de la primera subida que me he puesto delante suya, despacio, a cámara lenta... 

Juan Martín no había corrido nunca pero hace unos años
su hijo: Javier Tirapu empezó a destacar en las carreras y eso le animó.

En la ladera de Pilopín he cogido de referencia a dos chicas: Eva Mesado y Esther Maíllo, que a la postre serían 2a y 3a en la clasificación femenina, he alcanzado a Esther y he ido a por Eva pero no lo he conseguido, aunque llegando a la cima la tenía muy cerca.  Después bajando me he puesto casi a su par cuando nos ha pasado Esther que bajaba como un cohete.

Venían luego unos toboganes por pistas y senderos por los que hemos ido juntos y así hemos llegado al avituallamiento del kilómetro 14 que ellas han ignorado. - ¡¡Menos mal que no soy chica!! - he pensado mientras me detenía y me acercaba a la mesa bien provista de sandía, plátano, agua y acuarius, de haberme jugado un puesto de podio tampoco habría parado, claro. 

Más tarde he alcanzado a Esther pero a la otra ya no, la he tenido a la vista mientras corríamos por arriba de la montaña pero en la bajada ha sido más hábil y mas valiente pues me ha sacado más de cuatro minutos ¡¡Enhorabuena campeona!!

En cuanto a la primera chica, Isabel Sanjuán, había pasado 15 minutos antes que nosotros por la cima del Pilopín y más o menos ese ha sido el tiempo que me ha sacado a mí al final. Osea... que bajando soy tan bueno como la más rápida de las chicas, je,je... 

Lo de fijarme en las damas, además de porque son todas guapísimas es porque al ser menos es más fácil cogerlas de referencia en las carreras. ¿Ok? No os vayáis a pesar...  




Fernando y Martín entrando en meta ¡¡Vamossss!!

Fernando, Ramón, Joxan y Oscar
Cuatro campeones !!!!
Con Victoriano y Juan, dos Grandes
Los tres mosqueteros (sin camisa)
Mucha suerte en el Tor des Geants, Oscar!!!!

Ambientazo


Eso viene bien para descargar las patas ¿no?

Super-Man al ataqueeeeee!!!!!!

El año que viene más
¿El año que viene?
¡¡La semana que viene!!

Crónica del Fin de Semana en Linás de Broto en el blog de Ramón Ferrer: Corriendo por la Sierra, el trabajo de este hombre para cubrir las dos pruebas, así como la carrera infantil ha sido fenomenal, casi todas las fotos las he pillado de él. ¡¡Ramón eres un crack!!

Crónica de Jesús Sánchez en su blog: Tierra de Aventura

Mis glucemias:  He amanecido alto (más de 200 a las 5 de la mañana) así que me he puesto 4 uds de insulina, poco antes de la salida seguía por encima de 200 así que no he tomado nada, durante la carrera he tomado agua y acuarius y un trozo de sandía. En la meta tenía 80. Bien. Lo malo es que como me ha pasado otras veces (en Boca del Infierno por ejemplo), al ir a comer tenía el estómago revuelto, por suerte y después de un rato me he recuperado y he podido disfrutar del estupendo plato combinado ofrecido por la organización: huevo frito con patatas, hamburguesa y ensalada que yo he acompañado de 5 uds de novorapid.  En casa a las 7 de la tarde tenía 85 de azúcar. ¡¡Soy un pofesssional!!