Correr, caminar, pedalear, trepar, nadar, saltar...Trabajar y VIVIR. La diabetes, una anécdota.

Siempre y cuando controlemos el ejercicio y nuestra glucemia en sangre. Esta enfermedad que junto con la obesidad está considerada la epidemia del siglo XXI permite llevar una vida activa perfectamente normal gracias a médicos e investigadores, profesionales apasionados que no dejan de trabajar para que mañana sea de verdad una anécdota. Hay dos tipos principales de diabetes: Tipo I y tipo II. La primera es la mía, la insulino-dependiente o también llamada infantil, porque en un alto porcentaje de casos se presenta a edades tempranas, aunque yo "debuté" con esta enfermedad a los 44 años. Mi sistema inmune falló y atacó a las células del páncreas que producen la insulina sufriendo a continuación los tres síntomas del libro o las "tres Pes": Poliuria (orinar mucho), Polidipsia (sed horrible a todas horas) y Polifagia (hambre, hambre, haaaambre).



¿Porqué a mí? Pensé. A mí que toda la vida he hecho deporte, que sólo tres meses antes terminé mi Cuarta Maratón en Donosti, a mí que no fumo, a mí que soy un chico formal: Buen padre y ejemplar esposo, a mí que hago la declaración de renta puntualmente y pago la contribución urbana y el impuesto de circulación religiosamente cada año... ¿Porqué?



El estrés que tantos sufrimos en mayor o menor grado, herencia genética, un catarro mal curado, la contaminación, el agujero de la capa de ozono... Médicos, familiares, amigos, vecinos y yo mismo apuntamos una u otra causa, pero lo cierto es que daba lo mismo. El caso es que mi cuerpo -mi páncreas- casi no tenía reservas de insulina y que ya no iba a producir más -o muy poca- y que iba a necesitar "pincharme" insulina todos los días.

martes, 29 de noviembre de 2016

Un fin de semana especial...

... En el Ultimo Bucardo.

En el acogedor albergue de Linás de Broto, a las puertas de Ordesa. Participando en la V Quedada de Corredores por Montaña organizada por nuestros amigos del Albergue El Ultimo Bucardo: Encarna, Elena y Amador que nos han tratado como si fueramos sus amigos no, su familia, tal es el cariño y el interés que ponen en que todo el mundo esté cómodo y a gusto. Si además cocinan platos riquísimos y el vino es de Cariñena ¿qué más se puede pedir?


¿Que puedas salir a correr con campeones como Samuel, Roberto, Sonia o Pilar entre otros?

¿Que entre los participantes haya magníficos profesionales con los que hablar de nutrición, de sicología deportiva y de fisiología?

¿Que la montaña se ponga un vestido blanco precioso y que te pegue un tortazo de frío que te despierte los sentidos?

¿Que después de cenar el sábado te monten una velada concierto los amigos Lafu e Iñarrez y te llenen el alma de magia y poesía? ¿Que además otros dos campeones como Los Partnets (o como se escriba) salgan al escenario y te saquen una risa y cien sonrisas con su frescura y salero entre canción y canción?

Pues eso, ¿qué más se puede pedir? ¿lentejas con arroz para meter al cuerpo unos aminoacidos ramificados naturales que reíte tú de todos los productos que venden por el interné? Pues vale, y unas croquetas por favor, y de dos clases: vegetarianas y con carne. Y el vino de Cariñena también... ¡¡Ah pero eso ya lo había dicho arriba!!

Yo no las tenía todas conmigo cuando me levanté el sábado a las 5:45 para desayunar y salir hacia Huesca a tiempo de salir al monte a las 9 de la mañana como estaba previsto en el programa. Hacía frío y el cielo se presentaba nublado, muy nublado. Y por el Puerto de Cotefablo empezó a chispear una poca de nieve. Ay ay ay... ¿A dónde voy?


Pero cuando llegué a Linás y entré en el albergue me dí cuenta de que todo iba a ir de cine. Estaba entre amigos y todos compartíamos los mismos sueños.

Discutimos la ruta a seguir: como había nieve arriba de la montaña se decidió que tiraríamos hacia Oto por senderos locales donde podríamos sudar sin embarcarnos en la nieve. Pero cuando pisamos una poca de nieve vimos que las zapas agarraban bien, no era húmeda, tampoco estaba helada... ¡¡Pues vamos al Pelopín!! También podríamos acercarnos a Anielle propuso Samuel, lo que me a mí me hizo mucha ilusión, he leído la Lluvia Amarilla de Llamazares y solo pensar en ese valle, en esos pueblos, me vuelvo loco.  Pero esa excursión la dejaremos para el año que viene pues desde arriba del Pelopín decidimos tirar monte abajo por senderos de cuento entre quejigos y arces amarillos hacia Yosa -también abandonado- y después a Oto, al lado de Broto, donde nos acercamos a la cascada de Sorrosal, mirándola de reojo y sin echarle una foto porque íbamos a la carrera pensando en los macarrones y las albóndigas ¡¡vamosss!!

Discutiendo sobre la ruta a seguir






Fotos de Ramón Ferrer de la subida al Pelopín. Sufrimos un aire
helador que nos castigó las manos sobre todo. Algún corredor llevaba mallas 
cortas pero uno lucía pantaloneta corta ¡¡Jorge Silva tiene las patas de acero!!


Llegando a Yosa

río Sorrosal




Tras la comida, Sonia nos habló de hidratos, grasas, proteínas y de lentejas
 con arroz, perdón: de aminoácidos ramificados...

Mindfulnes por un tubo para poder fluir. Fluir...
Encarna sí que fluye como perfecta anfitriona de todos.

Con Sonia aprendimos a respirar. Basta con hacerlo bien para trabajar el core.
También aprendimos a hacer pis y pas como se debe para no tener problemas...
Y qué cena más rica...

Y que grandes los poetas
h

Y qué majos los Partnets -o como se llamen-


Como nos portamos bien y fuimos pronto a la cama (a las 12:30), el domingo amaneció un día con cielos azules y montañas blancas todas para nosotros. Le habíamos cogido cariño al Pelopín, de modo que decidimos subirlo de nuevo pero en el sentido contrario al de la carrera del Ultimo Bucardo. Fue una sorpresa encontrarnos con bastante más nieve que el día anterior y la ascensión se hizo un pelín dura en la última parte, por el frío y por el espesor de la nieve que hacía más penosa la marcha. Suerte que Roberto y Héctor, abrieron huella como dos campeones: tan fuertes están que subían a la par, abriendo dos en lugar de una ¡¡qué tíos!! Y en algún tramo de la subida hasta corrían, bueno los de atrás también pero un poco menos. 

Descubrimos un paisaje nuevo en todas las direcciones, postales de Suiza, bosques de Laponia y nieve de Invierno, de esos inviernos que teníamos olvidados. Los pies helados, y las manos, pero sabíamos que cuando echáramos a correr monte abajo entraríamos en calor.








Fotos de Ramón








Una cita obligada en mi calendario del 2017: 
La VI Quedada del Corredor por Montaña en Linás de Broto. 


La excursión del sábado en mi Garmin aquí.  Y acá la del domingo.

Fotos desordenadas del sábado aquí. Y acá las del domingo.

Un millón de fotos de Ramón en Corriendo por la Sierra aquí

El relato de nuestro jefe y guía espiritual y deportivo Jesús Sánchez -Samuel- aquí.

2 comentarios:

  1. Madre mía el envidiómetro...

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  2. Jajaja!!! Si sube muy alto le aplicaremos el sanómetro...

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