Correr, caminar, pedalear, trepar, nadar, saltar...Trabajar y VIVIR. La diabetes, una anécdota.

Siempre y cuando controlemos el ejercicio y nuestra glucemia en sangre. Esta enfermedad que junto con la obesidad está considerada la epidemia del siglo XXI permite llevar una vida activa perfectamente normal gracias a médicos e investigadores, profesionales apasionados que no dejan de trabajar para que mañana sea de verdad una anécdota. Hay dos tipos principales de diabetes: Tipo I y tipo II. La primera es la mía, la insulino-dependiente o también llamada infantil, porque en un alto porcentaje de casos se presenta a edades tempranas, aunque yo "debuté" con esta enfermedad a los 44 años. Mi sistema inmune falló y atacó a las células del páncreas que producen la insulina sufriendo a continuación los tres síntomas del libro o las "tres Pes": Poliuria (orinar mucho), Polidipsia (sed horrible a todas horas) y Polifagia (hambre, hambre, haaaambre).



¿Porqué a mí? Pensé. A mí que toda la vida he hecho deporte, que sólo tres meses antes terminé mi Cuarta Maratón en Donosti, a mí que no fumo, a mí que soy un chico formal: Buen padre y ejemplar esposo, a mí que hago la declaración de renta puntualmente y pago la contribución urbana y el impuesto de circulación religiosamente cada año... ¿Porqué?



El estrés que tantos sufrimos en mayor o menor grado, herencia genética, un catarro mal curado, la contaminación, el agujero de la capa de ozono... Médicos, familiares, amigos, vecinos y yo mismo apuntamos una u otra causa, pero lo cierto es que daba lo mismo. El caso es que mi cuerpo -mi páncreas- casi no tenía reservas de insulina y que ya no iba a producir más -o muy poca- y que iba a necesitar "pincharme" insulina todos los días.

miércoles, 28 de septiembre de 2011

Olatzagutia-Urbasa

Sábado 24 de septiembre. Quinta edición de la mejor carrera para conocer la Sierra de Urbasa. Con salida y llegada en Olatzagutia son 23,2 kmts de distancia y 1367 mts de desnivel positivo acumulado los que nos llevarán allá arriba de la sierra para recorrer los magíficos bosques de hayas que cubren la mayor parte de estos montes.

Ander, Tedy, Alberto y servidor vamos juntos desde Pamplona. Son las nueve menos cuarto cuando bajamos del coche junto al polideportivo de la localidad así que nos sobra tiempo para bajar a la plaza y coger los dorsales. Nos encontramos con muchos amigos y hasta algún vecino, como David Salinas; colegas del Adi-Ike como Eduardo, de Humiclima como Iñaki, José Miguel y Juan Miguel Pinillos.  ¡Jone Peláez!  Nuestra amiga de Alsasua que este año se ha currado la Ultra del Mont Blanc haciendo un excelente tiempo.  También de Alsasua está José Antonio Salgado que correrá con nosotros pero sin dorsal porque anda mal de los pieses y sólo quiere "probarse un poco".

Buena temperatura -unos 16 grados- y el cielo cubierto, con nubes bajas que tapan la sierra. A las 10 en punto, nos apretamos tras la línea de salida y tras el ¡Pum! del cohete, arrancamos a correr calle arriba. Voy con los primeros pero aunque llevo buen ritmo en cuanto empieza la pendiente se pierden delante Ander, Tedy y Alberto junto con muchos otros corredores. A lo que llegamos al sendero creo que ya estoy en mi sitio porque deja de pasarme el personal. Nos toca sudar los más de 600 mts de desnivel hasta que llegamos al techo de la carrera y para cuando nos metemos en la niebla poco nos importa la leve lluvia que las hojas de las hayas nos regalan, pues llevamos más de 50 minutos de duro ejercicio.
Coincido con Salgado en la subida y aunque al llegar arriba paso delante suya, en la primera bajada fuerte me pasa a toda pastilla ladera abajo por el bosque, él y unos veinte corredores más ¡madre mía cómo bajan!  - ¡No tenéis familia o qué! - grito de cachondeo cuando me adelantan dos, uno por cada lado.  - ¡Yo sí! - me responde uno en tono alegre, al tiempo que acelera el muy jodido. 

La bajada dará lugar a un largo tramo casi llano que después pasará a ser cuesta arriba, ahí "pescaré" a algunos corredores y otros me pasarán a mi, entre ellos Jose Miguel e Iñaki -de Humiclima-.  La subida se pondrá más fuerte y me veré obligado a caminar, pero al paso soy más lento de modo que apreto los dientes y paso de nuevo a correr: Braceando ayudo a las piernas un poco y voy mejor -siempre que la cuesta no se ponga imposible claro-. 

Llevamos ya dos avituallamientos sólidos en los que he bebido isostar y comido dos cachos de plátano.  En uno de los puestos Salgado está de tertulia con uno de los voluntarios -¡qué tío!-, está tan pancho y al verme pasar se pone a correr a mi lado dándome conversación y todo:  - Corriendo has recortado unos minutos, bien hecho, pero andando te vas a cansar menos en las subidas -  Le contesto que puede ser, pero que andando soy una tortuga y tal y cual, a todo esto casi no puedo hablar, vamos corriendo y mientras que mi compa va tan fresco como si estuvieramos dando un paseo por el parque de la Media Luna, yo llevo un resuello que no puedo ni contestarle...

El itinerario nos lleva de nuevo a la bajada fuerte por el bosque y esta vez me noto más suelto y seguro, dejando atrás a mi compa de fortuna y consiguiendo que no me adelante ningún otro (claro que a estas alturas, los que van mejor que yo me han pasado hace rato, je, je..).  Al llegar abajo pasamos junto a un corredor que se ha debido torcer el tobillo o algo peor, dos voluntarios le sujetan y lo llevan hasta el puesto de control próximo; para él se ha terminado la carrera. 

Empieza un largo tramo casi llano pero con contínuos subi-bajas entre piedras y pedruscos, la piedra caliza de Urbasa está hoy muy resbaladiza y hay que poner el máximo cuidado para no romperse la crisma. No corremos, damos saltos para salvar los obstáculos que el monte pone a nuestro paso, esa especie de gimnasia me provoca un tirón en el isquio de mi pierna derecha (parte anterior del muslo) y me veo obligado a parar un poco la marcha.  Me da rabia, justo entonces llevaba un rato corriendo detrás de Iñaki y los dos llevábamos muy buen ritmo, habíamos adelantado un puñado de corredores, justo los que pasan a mi lado cuando me detengo a estirar la pierna (que no la pata).

Afortunadamente ha sido sólo un aviso, otra vez me daré bien de radiosalil o réflex, pronto el terreno mejora y sin tener que dar brincos puedo volver a correr a buena velocidad.  -¡Hombre Salgado!:-  El tío estaba otra vez de tertulia con un voluntario, volvemos a unir nuestras zapatillas como buenos y veteranos corredores que somos y se unirá también otro de nuestra quinta que lleva mochila y todo.  Los tres llegaremos juntos a la última parte de la carrera que consiste en bajar a Olatzagutia por el mismo sendero ¡eso sí, ahora cuesta abajo!

El sendero era empinado y duro de subir, igualmente es empinado ahora para bajar ¡pero más peligroso!  Salgado se tropezará y dará una voltereta, pero yo voy tan atento mirando dónde pongo las zapatillas que ni me entero.  Por suerte no será nada y juntos entraremos en el pueblo disputándonos la llegada a meta al sprint.  Ahí no hay amigo que valga y los dos gastamos todos los cohetes en los últimos 100 metros para entrar juntos  ¡qué bonitoooooo!    Tiempo: 02:34:56     Siete minutos más que el año pasado ¡¡mecachis!!     clasificación

Mis glucemias:
  A las 6:55 antes del desayuno__153
A las 9:24 en Olazti__126, me he comido un plátano, una barrita y como Pinillos cumplía los años me ha invitado a un cortado (con azúcar)  ¡¡Felicidades Juanmi!!
Después de la carrera nos hemos liado y como me sentía bien no me hecho más controles, eso sí la organización se ha portado super-bien como siempre y en meta teníamos de todo para comer y beber: Queso, chistorra, tortilla, yogures, vino, sidra, refrescos...   ¡Y agua mineral!  ¡Qué rica!



Este próximo sábado  toca una aventura gorda:  El Ultra Trail Guara Somontano. ¡¡Pobres zapatillas!!   El año pasado leí la crónica de un superviviente y aunque a algunos les suene raro, el sufrimiento, el dolor, los malísimos ratos, las dudas y los miedos que su autor consigue transmitir con el relato, fueron el detonante para decidirme a participar en este tipo de historias.  ¡¡Están locos estos romanos!!

lunes, 5 de septiembre de 2011

Volvemos a Ordesa...

... Con la vista puesta en el Monte Perdido. Hace dos semanas le echamos el ojo mientras recorríamos uno de los mejores miradores del valle.  Alberto -Gares- era la primera vez que ponía los pies en esta región y se quedó enamorado del paisaje, interminables laderas cubiertas de bosque y cortadas por paredes imposibles, altas cimas, brechas lejanas y desiertos rocosos, cielos azules y nubes de algodón que vistos a más de dosmil metros de altura siempre son más azules y más blancas.

 - Tenemos que subir el Monte Perdido -, me dijo Alberto.  - OK, cuando quieras - contesté entusiasmado, porque a pesar de haber pisado su cima en muchas ocasiones, hace bastantes años que no respiro el aire limpio de los 3355 mts de su cumbre, muchos años sin contemplar desde arriba Pineta, Añisclo y Ordesa; los tres formidables valles que se abren al pie de las Tres Sorores o Tres Hermanas:  Cilindro, Monte Perdido y Soum de Ramond.


Y para allá que fuimos de nuevo.  El horario ya nos lo sabíamos:  A las 5 de la mañana salida desde Zizur Mayor y a las 7 má o meno llegada a Torla.  El coche aparcado junto a la fuente de la carretera, que por cierto en esta ocasión no tiene agua ¡mecachis!  Preparativos: Mochila con chubasquero, camiseta de manga larga, camel-back a tope de isostar, barritas, frutos secos y en mi caso el medidor y la insulina.  ¿Algo más?  El móvil, dinero y la tarjeta federativa...  ¿Algo más?  Los bastones, que vienen muy bien en las cuestas y...  ¡¡No cabe nada más!!

Bajamos al puente de la Glera junto al camping Río Ara y a trotar por la pista con el horizonte vertical que delante nuestra forman las paredes del pico Mondaruego (2847 mts).  Hora:  8 de la mañana.


En poco menos de una hora por el Camino de Turieto llegamos a la altura de la Pradera y sin cruzar el puente proseguimos por el camino de la orilla derecha del Arazas (valle arriba), como casi todos los visitantes lo hacen por el camino principal que discurre por la orilla izquierda nuestro paseo continúa en solitario y podemos disfrutar todavía más del mágico ambiente que siempre se respira en estos bosques.  A diferencia de nuestra última visita, la temperatura es más fresca y hay más humedad puesto que esta semana las tormentas sin ser fuertes no han dejado de visitar un día si y otro también estas montañas.


El cielo está absolutamente despejado y así continúa hasta que llegamos al circo de Soaso, donde ya podemos ver la meta de nuestra excursión:  El Monte Perdido.  Continuamos en absoluta soledad y eso que son ya las 10 de la mañana, está claro que los turistas madrugan un poco menos.  Al acercarnos a la cascada de  Cola de Caballo miro de reojo la cima del Cilindro, vecina a Monte Perdido:  Unas nubes están cruzando la frontera y empiezan a cubrir el cielo.  Ay, ay, ay...




Superadas las clavijas de Soaso que son más fáciles de subir que de bajar, accedemos a los verdes puertos que nos acercan hasta el refugio de Góriz (2195 mts).  Cuando llegamos al refugio, todos los tresmiles de la región están tapados y para más desánimo una mujer nos anuncia el último pronóstico del refugio:  Lluvia para la 1 del mediodía.  Son pasadas las 11 de la mañana y calculamos al menos dos horas hasta la cima, los pronósticos no siempre aciertan pero yo tengo claro que hoy no podremos disfrutar del paisaje de la cima, así que le planteo a Alberto cambiar el objetivo de la excursión y dirigir nuestras zapatillas hacia Cuello Gordo para volver a Torla recorriendo las paredes Sur de Ordesa:  Por debajo de la Sierra de las Cutas primero y por las Cornisas de Diazas después hasta llegar a los Miradores del Molar, encima de Torla.




Dicho y hecho, abandonaremos enseguida el ambiente gris y tenebroso de las faldas de Monte Perdido para dirigirnos al horizonte azul que se divisa al Sur de los Pirineos.  A nuestra espalda los cúmulos continúan creciendo sobre las cimas mientras que delante nuestra el sol del verano llena de luz  los valles de Fanlo y Nerín, lo mismo que las sierras de Canciás y de Guara al fondo.


Recorreremos pues el valle justo por el lado opuesto al de nuestra excursión de hace dos semanas. Hoy Alberto se ha venido provisto de cámara y no pierde ocasión de fotografiar cada rincón, después de estas dos jornadas podrá afirmar que conoce bien Ordesa.  En mi caso esta excursión es la misma que hice en octubre de 2009 en compañía de Manumar, pero esta vez en sentido contrario.  Da lo mismo:  Siempre parece la primera vez.




Llegados a los miradores de Molar nos encontramos 1000 metros por encima de Torla y sólo quedar bajar al pueblo.  Por fortuna no nos vemos obligados a seguir la pista y nos tiramos por el precioso sendero que nos lleva directos de vuelta al Puente de la Glera, debajo del pueblo, donde llegaremos poco más tarde de las dos tres del mediodía.  Algo más de 40 kmts en el Garmin de Alberto.


Reportaje

Glucemias: 

A las 4 de la mañana, antes de desayunar: 110, me he puesto 4 uds de novorapid.
A las 7:19 en Torla: 92, antes de empezar la excursión me he comido dos plátanos.
A las 9:38 en el Estrecho: 259, un rato antes había comido una barrita de frutas -aptonia decathlon-
A las 11:35 cerca de Góriz: 229 llevo ya dos barritas y algunos tragos de isostar
A las 12:50 por debajo de la Sierra de las Cutas: 219, como sigue siendo alta y tengo hambre me pondré 2 uds de novorapid, tras de lo cual beberé un buen trago de isostar y comeré dos huesitos.
A las 15:24 en Torla: 171,  comentar que en los últimos metros de la bajada por el sendero he sentido una pájara así que he comido una barrita y una pastilla de gluco-sport. Después me he parado en el bar del camping Rio Ara donde me he tomado una cocacola y dos magdalenas.

sábado, 3 de septiembre de 2011

En la Foz de Arbayún

El jueves día 1 de septiembre fue el día que elegimos Julen, Sergio y yo para hacer una excursión al monte.  En principio nuestro objetivo era subir al Ori, el primer "dosmil" del Pirineo desde el Cantábrico.  El problema fue que los pronósticos de tiempo no eran muy buenos (tormentas dispersas) y como amaneció bastante nublado decidí cambiar de planes sobre la marcha:  El paseo de la canaleta en la Foz de Arbayún era una buena alternativa frente a las nieblas que de seguro cubrirían la alta montaña.

Antes de las 9 de la mañana llegábamos con el coche a Usún, a poco más de 50 kmts de Zizur Mayor.  Me sorprendió la prohibición de acceso por la pista hasta las inmediaciones de la Foz, pero no era ningún problema pues sólo son 1700 mts de pista los que separan el pueblo del sendero que desciende al Salazar en las proximidades del puente de Usún y de la ermita de San Pedro.


Rio Salazar y puente de Usún.  Estamos en la salida de la Foz de Arbayún.  El lugar
es muy concurrido en el verano.  Las pozas junto al puente son conocidas por muchos bañistas.



El sendero de la canaleta permite adentrarse en el formidable cañón abierto por el río Salazar.

Desde el puente, un sendero asciende algunos metros hasta llegar al nivel de una antigua conducción de agua: La canaleta, construida en 1928 para llevar agua de boca hasta Lumbier.  Su trazado se ha hecho popular en Navarra pues gracias a la obra es posible adentrarse en el interior de la Foz hasta el manantial de donde toma el agua, en la mitad del cañón.

Durante el paseo, además de disfrutar de excelente vistas podremos observar una variada vegetación: En la ladera opuesta,  de orientación Sur al principio y Este después, reinan la coscoja y la encina con algún quejigo. Por donde vamos nosotros en cambio, la cobertura forestal es mucho más variada al ser orientación norte:  Encina y coscoja son abundantes, además de cerrados y oscuros bosques de boj, pero abundan los arces (acirón y de montpelier), cerezos, madroños, olmos, tilos...   Observamos algún tejo, uno de ellos enorme y al llegar a la fuente donde termina la canaleta nos encontramos dentro de un magnífico hayedo.  
Julen y Sergio bajo un monumental tejo. 


Vista general del hayedo en cuyo interior se encuentra el manantial.


Pintoresco refugio de pescadores.


No pude pillarlos con la cámara, pero al regresar sobre nuestros pasos, unos buitres pasaron al lado nuestra: Verlos planear a tan pocos metros fue algo magnífico y acentuó la sensación de vértigo que de por sí nos daba caminar por las estrechas cornisas que caen verticales sobre el rio.




Todas las afotos aquí.

domingo, 21 de agosto de 2011

"Volando" por Ordesa


A mitad de recorrido por la Faja de las Flores echamos la vista atrás:  Ahí abajo a la izq la cima del Tozal de Mallo, encima suyo Tendeñera y a su dcha mucho más cerca la Punta Escuzana (2847 mts)

Volar, es el verbo más indicado para explicar el paseo que dimos ayer sábado por el Valle de Ordesa. Alberto -Gares- y servidor llegábamos a Torla a las 8 en punto de la mañana. Pasando de largo el aparcamiento de visitantes, desde donde salen los autobuses hacia la pradera, encontramos sitio cerca del desvío al camping del rio Ara para dejar el coche. 

Temperatura...  ¿Fresca?  Casi, pues estábamos en manga corta.  Nos hubiéramos puesto una chaqueta fina para sentarnos en uno de los bancos junto a la fuente y leer la prensa del día, pero no era esa precisamente la idea que teníamos para pasar la jornada...

No señor, para empezar teníamos todo un paseo hasta la Pradera de Ordesa por el Camino de Turieto, así que zapatillas para que os quiero bajamos al puente de la Glera junto al camping de Rio Ara. Trote suave hasta el Puente de los Navarros, donde empieza el precioso paseo por el Camino de Turieto Bajo. Algunos rayos sol que no llegan a molestar pues el sendero discurre dentro de un cerrado bosque de pinos, abetos y hayas. Las aguas del río Arazas retumban debajo nuestra: Cascadas de Molineto y Tamborretera. De ese modo y en algo menos de una hora llegamos a la pradera. Como me he despistado nos hemos pasado el desvío a Casa Oliván y salimos más adelante, donde el aparcamiento, así que nuestra carrera cambia de sentido, ahora por la carretera hasta que llegamos al antiguo centro de interpretación -Casa Oliván-, donde arranca el sendero hacia Carriata.




Un trago al acuarius del camel, una barrita y para arriba por sendero.  Vueltas y revueltas sin dejar de subir hasta que dejamos el bosque y salimos al reino de la roca: Un mundo vertical de paredes vertiginosas que miramos de reojo conforme nos acercamos a su base ¿por dónde las superamos?  ¿Por el paso de la fajeta o el de las clavijas?  Decido tirar por las clavijas, pues aunque requiere dos o tres trepadas, cuenta con buenos agarres y asusta un poco menos que el otro.  O eso me parece recordar, ya que hace muchos años que no andaba por aquí.  Y es que en esta excursión yo soy el guía y Alberto el viajero que tiene todo por descubrir:  Es su primera visita a estas montañas y no tiene ni idea del recorrido que le espera...  Ni que decir tiene que yo estoy entusiasmado con mi papel de anfitrión, máxime cuando la "finca" que voy a enseñar es tan maravillosa como el Valle de Ordesa.

Alberto se desenvuelve a las mil maravillas en las clavijas y el único susto que nos llevamos los dos es una marmota que aparece en nuestras narices al doblar un recodo.

El paso más comprometido cuenta con buenos agarres a más de las clavijas y si no miras hacia abajo no hay mayor problema.

Después accedemos a una ladera herbosa todavía empinada por la que seguimos ganando altura.  Estamos ya más altos que la cima del Tozal y a nuestra derecha puede distinguirse el magnífico recorrido que nos aguarda:  La Faja de las Flores.

Adelantamos dos o tres grupos de excursionistas, más madrugadores que nosotros pero con algo menos de prisa.  Y no es que ahora vayamos corriendo ni mucho menos, aunque en algún tramo del aéreo recorrido sí que nos soltamos con algún trote, pero las paradas se suceden para fotografíar a uno y a otro lado del paisaje.  El día promete ser caluroso, pero vamos a la sombra y además nos pega un suave viento que aquí arriba es fresco aún cuando viene de sur.

Nuestro glorioso paseo termina encima de Cotatuero, pero no bajaremos hacia las clavijas sino que perdiendo la menos altura posible, iremos hacia el norte para dar la vuelta por el circo de Descargador, encima del de Cotatuero, un gran rodeo entre praderas y roquedos, cruzando pequeños arroyos en cuyas aguas nos refrescamos.


Encima nuestra, las cumbres de Ordesa se levantan casi todas por encima de los 3000 metros, desnudas de neveros, salvo algunas manchas que todavía adornan en la zona del Perdido.  Un desierto de piedra caliza, inmenso...  soberbio.

Rumbo sur ahora, para ganar un poco altura otra vez por las laderas del pico Tobacor, caminamos ahora sobre las Murallas de la Fraucata, a unos 2400 mts.  De vez en cuando asomamos al valle y distinguimos el río Arazas bajando por las Gradas de Soaso, muy, muy abajo, muy pequeñito.  Los verdes prados del fonfo del valle contrastan con la árida meseta en la que os encontramos.  Cruzaremos varios arroyos de montaña que aprovecharemos para beber y remojarnos.  En su recorrido bajando de piedra en piedra, el agua no está fría, sólo tibia, pero qué rica sabe.


Damos la vuelta a Tobacor y nos encontramos otra vez con las Tres Sorores:  Cilindro, Monte Perdido y Soum de Ramond.  Distinguimos el refugio de Góriz, un puntito situado junto a un barranco en las faldas del Perdido, cuya cima se levanta 1000 mts más alta que nosotros.  De nuevo debemos dar un gran rodeo para salvar las paredes del barranco de Soaso hasta el Circo de Góriz, donde cruzaremos el torrente.  Aquí el agua está fría, como debe ser y nos damos la última remojada antes de bajar de la montaña.  Dejaremos Góríz un poco más arriba y sin acercarnos al refugio saldremos al sendero principal de Ordesa, por donde suben los montañeros.

Las clavijas de Soaso son más sencillas que las de Carriata y algo menos aéreas pero precisan de cuidado por supuesto.  Además es hora punta y nos cruzamos con docenas de montañeros.

Circo de Soaso.  Son las tres de la tarde cuando cruzamos el puente junto a la Cola de Caballo.  Unas nubes oscuras nos resguardan del sol y podemos correr por la pista sin mayores agobios.

Dejando atrás las gradas de Soaso nos adendramos en la frescura del bosque de las Hayas, ¡¡llueve!!  las nubes se han apretado en el cielo, engordadas por el calor y caen cuatro gotas para susto de alguna familia que da media vuelta en su excursión.

Pero al llegar a la pradera el cielo vuelve a despejarse y sale el sol.  Metemos la cabeza bajo el chorro de la fuente, estamos junto al bar-restaurante y bien a gusto echaríamos una cerveza pero todavía nos queda un rato hasta Torla. 

¡¡José Antonio Beriain!!  ¡Qué casualidad!  Está también por aquí pasando el día con la familia y nos saluda muerto de envidia viendo la paliza que llevamos...  El campeon navarro veterano de la copa navarra de carreras por montaña 2010 saluda a su posible sucesor:  Alberto Vela.  ¡¡Dos campeones!!   Fotografiados por servidor Cansamontañas...  ¡¡¡Tres campeones!!!




Buena excursión:  Algo más de 48 kilómetros en algo más de 9 horas.

Mis glucemias regular:  He amanecido a las 5 con algo más de 200, en Torla a las 8 tenía más o menos lo mismo y también subía de 200 después de superar los 1000 mts de desnivel entre la Pradera y la Faja de las Flores.  Cerca de Góriz he sacado 180 y finalmente en Torla 107.  Debido a ello me he limitado a ir bebiendo el acuarius del camel back y sólo he comido un huesito, una barrita de frutas y dos puñados de frutos secos.  El sandwich de jamón york y queso que siempre llevo me lo he comido al final, bien acompañado de una cerveza.  Un buen final para una excursión de CUATRO ESTRELLAS.

Por cierto, Alberto me ha dicho que le ha gustado mucho el Valle de Ordesa. ¿Cuándo subimos el Monte Perdido?

lunes, 15 de agosto de 2011

Por la Sierra de Urbasa

Con la excusa de ir a un buen sitio donde poder ver la lluvia de estrellas, el viernes pasado mi hijo Sergio y yo subimos a la Sierra de Urbasa.  No nos llevo ni una hora preparar lo necesario para pasar una noche en el camping de Bidoiza:  la cena de esa noche y algo para almorzar el día siguiente mientras dábamos un paseo (ya que estábamos allí no nos ibamos a volver sin más). 

Nos llevó poco más de 50 minutos llegar desde Zizur al camping, el calor de la Cuenca de Pamplona se quedó allí, pues arriba de la Sierra la niebla lo cubría todo y a las 7 de la tarde la temperatura apenas pasaba de los 20º.  Enseguida montamos la tienda y ordenamos las cosas, tras de lo cual aún tuvimos tiempo de dar una vuelta por los alrededores.  Reinaba una paz maravillosa, sólo rota por las esquilas del ganado: Vacas sobre todo, que junto con caballos y ovejas pasan en el monte casi todo el año.

¿Podremos ver las estrellas esta noche?  - Me preguntó Sergio desconfiado, señalando la niebla encima nuestra.  - Creo que sí - le contesté, - si te fijas ahí casi puede verse el azul del cielo, seguro que a la noche se despeja del todo -. 

Después de cenar unos estupendos macarrones con atún y tomate frito -mi especialidad en las acampadas-, junto con algo de jamón y de queso, ya casi había oscurecido pero la dichosa niebla seguía tapando el cielo ¡mecachis!   No era muy tarde así que fuimos al bar del camping a tomar un cafecillo y echar una partida de cartas tras de lo cual volvimos a la tienda.  Eran las once de la noche y aunque la niebla casi se había ido todavía no podíamos ver las estrellas, sólo la luna y las luces de algún avión surcando las alturas...  ¿Qué hacer?  Yo había trabajado y me caía de sueño así que le propuse a Sergio poner el reloj a las 4 para asomarnos y ver el panorama.

A las 4 sacamos la cabeza de la tienda muertos de sueño y pudimos comprobar el pedazo de luna llena que resplandecía en el cielo, podían verse las estrellas, pero casi como si hubiéramos estado en una ciudad iluminada, de modo que nos olvidamos de las Lágrimas de San Lorenzo, Perséidas o Puñetas quita sueño y nos volvimos al saco de dormir.  Por cierto que el mío era de playa y con los 8 grados de esa noche pasé un poco de frío.

A la mañana siguiente tras desayunar y recogerlo todo nos fuimos del camping y con el coche nos acercamos hasta la pista de Tximista a Otsaportillo, a tan sólo 5 minutos de allí.  Dejando el coche en el aparcamiento, Segio subió a su bici y yo a mis zapatillas, nuestro objetivo: La Ermita de San Adrián, a donde ya quisimos llegar el año anterior sin conseguirlo. 


Magnífica mañana para correr o pedalear entre las hayas de Urbasa, en nuestro camino nos cruzamos con ciclistas y con algún excursionista e incluso vimos algún corzo en las profundidades del bosque, tipi tapa poco a poco, padre e hijo avanzábamos pista arriba en busca de nuestra ermita preferida. 


Sin darme cuenta nos pasamos el desvío principal que conduce también a la ermita de Santa Marina, pero el despiste no tenía mayores consecuiencias: Más adelante otro desvío también nos llevaba hacia San Adrián, lo malo es que era por pistas secundarias que en algún trozo apenas estaban marcadas, lo bueno es que así el paseo sería más salvaje y más chulo. 


Por fin salimos del bosque y llegamos a un cruce próximo al Puerto de Lizarraga, 10 minutos más y ya podíamos ver la ermita allá en un alto,  justo sobre los paredones que caen al valle.  El paisaje soberbio como podéis ver, con el Beriain enfrente nuestra, en cuyas alturas se levanta la ermita de San Donato.


En resúmen una preciosa excursión con mi chaval con la cual de paso me ha salido un entreno de unos 25 kmts, que no está nada mal.

Mapa-Guía editado por el Gobierno de Navarra. Gentileza del Centro de Interpretación próximo al camping.
Más información del Parque Natural Urbasa-Andía aquí.


  ¡¡Cuántas ermitas, cuántas montañas, cuántos bosques!!  Las Sierras de Urbasa y Andía esconden muchos más paseos, así que tenemos que volver.  Nuestro próximo objetivo:  El Balcón de Pilatos, encima del circo donde nace el Urederra.  

Para ver todas las fotos pinchar aquí.

sábado, 6 de agosto de 2011

Calcenada 2011


Viernes, cinco de agosto, nueve de la tarde, unas nubes que amenazan tormenta oscurecen el cielo sobre Calcena, un pequeño pueblo en la cara Sur del Moncayo.  Somos casi 70 campeones los que emprendemos esta Super-Vuelta al Moncayo de 104 kmts de distancia a la carrera, bueno, más bien al trote, a un ritmillo muuuuuy tranqui porque tenemos por delante muuuuuuchos kilómetros.  Pocas bromas en la salida, porque además la organización nos ha "animado" con el dato de que tenemos unos 2700 mts de desnivel positivo acumulado.  Menos mal que el recorrido es en su mayor parte por pistas forestales donde tendremos menos riesgo de caídas o malos pasos.  La temperatura es alta, más de 20 grados pero corremos hacia la noche y es de esperar que el mercurio vaya para abajo.

Fernando Zaratiegui y servidor hemos venido juntos desde Pamplona.  Unas dos horas y media nos ha llevado el viaje, con algún despiste que nos ha llevado por medio de Tarazona,  así hemos podido admirar su catedral, pues hemos pasado al ladico.  Los 31 grados de Tudela y Tarazona han pasado a 24 con la tormenta que nos ha caído cerca de Olvega, ya en Soria.  El agua la hemos dejado atrás subiendo subiendo a las faldas del Moncayo por la carreterita que pasa por Cueva de Agreda y Beratón y a continuación hemos iniciado un descenso interminable agarrando fuerte el volante en cada curva y mirando de reojo el precipicio a nuestra derecha.  Antes de llegar a Purujosa nos hemos encontrado con los andarines que habían salido a las 6 de la tarde desde Calcena para hacer nuestro mismo recorrido.   La sorpresa ha sido ver cómo corrían los primeros, estaba claro que a esos no los pillaríamos después...

Al llegar con más de 2 horas de tiempo antes de la salida hemos tenido tiempo de sobra de recoger el dorsal y prepararnos concienzudamente:  Mochila con camel-back y barritas energéticas aunque sabemos que hay un montón de avituallamiento, además de chubasquero, frontal, pilas de repuesto, gorra... seguro que se nos olvida algo.  Yo además llevo el medidor de glucosa y un bolígrafo-inyección de insulina (novorapid).  Nos dirigimos al bar de las piscinas que será el centro neurálgico de esta película y damos buena cuenta de un bocata de jamón para los dos y sendas cañas ¡¡Viva la Ambar!!   Me saluda Miguel Angel de Sarrios-Zaragoza con quien coincidí el año pasado en la Carrera de Talamantes.   Por lo demás no conocemos a nadie, sabemos que hay catalanes, andaluces, algún vasco, muchos de Zaragoza y de sitios tan lejanos como Murcia.  Me llama la atención un veterano que se cubre con una gorra vieja y raída y que se parece a Marco Olmo, pero no es italiano sino alemán, lleva más de 15 años viviendo en Malón (Zaragoza) y lleva varias Calcenadas a sus espaldas, buen elemento para pillar de referencia.  ¡¡Qué nerviossss!!


Vuelvo a la carrera:  Los primeros kilómetros son por la carretera en dirección a Purujosa, recorrido casi llano y muy cómodo.  Fernando y yo vamos detrás del grupo de cabeza, formado por unos 6 ó 7 corredores que se van yendo poco a poco, no pasa nada.  Primer avituallamiento debajo del pueblo, Fernando y los demás de nuestro grupo siguen sin detenerse pero yo me tomo dos vasos de agua fresquita y un puñado de frutos secos tras de lo cual emprendo la carrera.  Dejamos la carretera y tomamos por una pista de tierra que tira para arriba en franca subida, correré un rato pero enseguida me pondré a caminar a buen paso, me conozco y me retengo para no tirar todos los cohetes en los primeros kilómetros, queda mucho. 

Casi ha oscurecido pero la vista se nos ha acostumbrado así que estiramos un poco el momento de enchufar los frontales.  Coincido con un mozo de Sabadell, se llama Angel y como lleva mi ritmo vamos juntos un buen rato, me dice que su madre es de un pueblo de Teruel, - ¡Hombre pues mi padre también!- le digo, -¡ya tenemos algo en común!-.   Encendemos los frontales, son más de las 10 y aunque un trozo de luna quiere dar algo de luz, necesitamos ver mejor para localizar los plásticos rojos que señalan el itinerario.  En esas que me llaman por detrás, es Fernando.  En un desvío que había un poco más atrás él y otros cuatro se han tirado por donde no era y se han comido casi dos kilómetros extra.  ¡Qué malo sabe!  Angel y yo también habíamos dudado pues la cinta roja estaba justo en el desvío y parecía indicar el camino secundario, no obstante nosotros hemos seguido por la pista principal y enseguida hemos visto más cintas.  En fin...

Proseguimos los tres juntos, andamos y corremos según el terreno, la temperatura ha refrescado un poquillo y casi no hay nubes en el cielo aunque hacia el Este, muy lejos, se ve relampaguear.  La noche promete ser magnífica.  Delante y detrás nuestra vemos las luces de otros corredores que no andan lejos.  Sin darnos cuenta hemos superado la primera subida y en el collado del Tablado (1362 mts) beberé dos vasos de acuarius, otro de agua y comeré más frutos secos, después trotamos a buen ritmo cuesta abajo.  Vamos por una pista cuyo piso es color claro, debe ser polvo porque si miro el rayo del frontal puedo distinguir multitud de particulas en suspensión, mejor mirar más adelante, a las luces de los corredores que nos preceden y así tenemos una referencia.  Es una sensación extraña correr de noche con el frontal, irreal, parece un sueño.  Ahora voy sólo y disfrutando, sin pensar en nada que no sea colocar los pies en el suelo que voy alumbrando, de reojo veo las estrellas en el cielo ¡Cuántas! Hace tiempo que no disfrutaba de una noche en el monte.

Al poco me uniré de nuevo a Fernando y junto con otros dos corredores llegamos a Borobia.  Llevamos algo menos de dos horas, no está mal para ser 20 kmts con una subidica de más de 500 mts.  Como son las 11 de la noche todavía hay gente por la calle, algunos veraneantes que han salido a tomar la fresca y ver pasar a los locos esos que corren.  El avituallamiento está en una sociedad y tenemos de todo: beberé un vaso de caldo caliente y comeré medio bocata de jamón con tomate.  Cuatro bromas con los voluntarios y tras darles las gracias nos despedimos para continuar la marcha.

Dejamos las luces del pueblo y nos adentramos de nuevo en la oscuridad de la noche.  Empezamos a adelantar a algunos andarines a quienes saludamos y deseamos buena excursión, ellos también nos animan, más todavía, admirados de nuestra carrera. 

¿Qué son esas luces? ¿Y esa música?  Es un puesto de avituallamiento en mitad del monte.  Dos coches y unas mesas, chicos y chicas animadísimos en esta noche de verano, encantados de colaborar y disfrutando con el ambiente.  Nos entran ganas de quedarnos, pero después de dos vasos de acuarius y más frutos secos, proseguimos la marcha de nuevo hacia la oscuridad... y el silencio.

¡Fernando, fíjate qué bien huele!- , le señalo a mi compañero las matas que se distinguen a ambos lados.  - Es jara, también llamada estepa y si la pisas al ser resinosa te impregna la suela de su aroma durante semanas. 

En otras ocasiones, alguna granja de animales también nos ofrece su "fragancia" pero nos gusta menos. 

Hace fresco, pero como no paramos vamos muy bien con la camiseta.  Hay un corredor que ni la lleva, pero creo que exagera un poco.

En Cueva de Agreda hay mucho ambiente, y eso que es casi la una.  Hay muchos voluntarios y también están los de la Cruz Roja.  Fernando aprovechará para que le den un meneo en las piernas pues va un poco regular.  Yo mientras sigo con mi acuarius y mis frutos secos, es una maravilla que haya tántos avituallamientos pues así podemos ir comiendo y bebiendo un poco muchas veces ¿No?

Pero claro, todo lo que tomamos tiene que caernos bien y ese es el problema de Fernando, que se le está revolviendo un poco el estómago y no le apetece tomar nada  ¡mecachis!   En estas aventuras tan largas uno está expuesto a cualquier imprevisto y mi compañero tiene que pelear con sus tripas además de con las cuestas.  Yo en cambio estoy disfrutando, los kilómetros todavía no pesan y la magia de la noche me tiene entusiasmado.  En la lejanía y debajo nuestra se ven las luces de Agreda, de Olvega y hasta las de Tudela.  Estamos llegando al avituallamiento de Aldehuela, el último de la provincia de Soria, a donde llegamos sobre las dos de la madrugada.  Hay mucha gente dentro y fuera del refugio o albergue donde está preparado el avituallamiento.  Pega un vientecillo fresco, -regañón- según nos dice un voluntario, -es como el cierzo pero menos frío-, así que entramos dentro de la casa.  En el interior algunos participantes están siendo auxiliados por unas chicas de la Cruz-Roja, los voluntarios están de muy buen humor y cualquiera diría que estamos en fiestas, suena música de rock en alguna parte y se está bien.  ¿Nos quedamos?  No, tomaré un poco de caldo y una cocacola (vaya mezcla rara) y junto con Fernando seguimos hacia Agramonte.  Es cuesta abajo y corremos casi sin esfuerzo por la pista que ahora discurre entre un bosque de hayas, el aire es aquí más cálido, como si los árboles hubieran retenido el calor del día.  Los pinos silvestres suceden a las hayas, estamos llegando a Agramonte, donde antaño funcionó un hospital para enfermos del pulmón.

Pasamos Agramonte, totalmente silencioso a excepción del agua que murmura bajando los canales entre los pinos y proseguimos el descenso hacia San Martín del Moncayo.  Se nos une Angel otra vez, también tiene problemas con el estómago y no le entra nada desde hace rato, pero lleva buen ritmo y juntos entramos en el pueblo.  También está todo en silencio, excepto el puesto de avituallamiento que se encuentra al final del pueblo.  Bebo agua y como más frutos secos (no será por falta de sal). 


No bajamos más, excepto algunos toboganes que nos llevan por entre bosquetes de carrasca y quejigo.  Huele a tomillo y las estrellas brillan cada vez más.  Adelantamos a gente andando continuamente, en las bajadas corremos y en las subidas caminamos pero también aquí seguimos adelantando a los andarines ¡Qué fuertes estamos!  Ya hemos pasado el ecuador de la carrera y me siento perfecto.  Otra cosa es Fernando que cada vez tiene peor el estómago, paramos un poco antes de entrar en Lituénigo para ver si consigue echar algo pero aunque tiene arcadas no lo consigue.  Un minuto y proseguimos para dirigirnos al puesto de control y avituallamiento.  ¡Qué sorpresa! Hay como unas 50 personas aplaudiendo a todo el mundo que llega, han desplegado pancartas para animar a los participantes del pueblo y aunque son más de las 3 de la mañana hay un ambiente de verbena popular que nos anima.  Un vaso de acuarius y como en casi todos los puestos pregunto qué nos viene ahora, me dicen que más toboganes, subir y bajar hasta Litago, que está a 4 kilometros.  Sentimos de verdad dejar atrás este control por el calor y simpatía que tienen, pero la noche nos reserva muchos kilómetros todavía.

En Litago no hay tanta verbena ni risas pero también nos ofrecen toda su hospitalidad:  La sociedad está a nuestra disposición y nos sentamos a una mesa para dar cuenta de una ensaladilla rusa y unas cañas, amén de un tomate cogido esa misma tarde de la huerta ¡qué rico!  Fernando se entona un poco (la cerveza es maravillosa) y aprovechamos para ponernos algo de ropa, pues en esta zona hace un poco más de fresco.  Al salir nos encontramos con Angel que está siendo asistido por una sanitaria, a intentado comer un poco y le ha sentado fatal.  Le toman la tensión y la glucosa, de tensión está un poco bajo pero tiene 80 de azúcar, descansará un poco y seguirá nuestros pasos.  ¡¡Mucha suerte Angel!!

Cuestica parriba hacia la Central de Morca, el camino se empina bastante y nos exige un buen trabajo mantener el ritmo, Fernando no quiere apurar y me dice que tire para arriba sin esperarle, que prefiere ir más tranqui.  ¡Venga, luego nos vemos!  y me lanzo cuesta arriba a buen paso, saboreando las buenas sensaciones.  Adelantaré a dos o tres grupos de andarines, ahora van más espaciados y también llevan buen ritmo por lo que me tengo que emplear a fondo.  Arriba del todo salimos a un carretil estrecho que flanquea la montaña por entre un bosque de quejigos, lo conozco de cuando corrí la Media Maratón de Alcalá de Moncayo, pica para abajo y en aquella prueba pude meter buena velocidad en esta parte, esta noche me conformaré con trotar a ritmo tranquilo, saboreando la soledad y la magia nocturnas, eso sí, sin dejar de buscar las tiras rojas que señalan el itinerario, que no están las piernas para regalar kilómetros.

Debajo del pueblo de Añón, a orillas del Río Huecha está el control con tres chavales jóvenes que se caen de sueño, son las 6 de la mañana pero todavía es noche cerrada.  ¡Animo que pronto empieza a clarear!  Me detendré unos minutos pues en la bajada corriendo mis pies se han resentido un poco, así que tras quitarme las zapas los meteré en el río ¡qué bieeeeeeennnnnn!  lo malo es que con el frío se me acalambran un poco las piernas así que pongo fin al placer y vuelvo a calzarme.  En esas que aparece Fernando ¡qué jodío!  - ¿Qué, te has recuperado?  -  Me alegro de verle de nuevo en forma, además de que así seguiré en compañía, que a estas alturas ya me apetecía.

Dejamos atrás Añón y también Alcalá de Moncayo, ya llevamos más de 70 kmts cuando empieza a amanecer y podemos apagar los frontales, por cierto el mío se ha portado como un campeón y no he tenido que cambiar las pilas en toda la noche. 

¿Qué viene ahora?  La subidica de la carretera ¿Cuál carretera?  - Aquélla de allí lejos ¿ves cómo sube? - me señala un compañero que va andando, bueno en esta parte nosotros también andamos, pues aunque la cuesta es muy leve, corriendo parece que lo hagamos a cámara lenta y nos cansa más.  Unas granjas nos regalan con su tufo en esta parte del recorrido, pero pronto las dejamos atrás en cuanto emprendemos la penúltima subida de la Calcenada.  ¡¡Ufffffffff!!  

Desde las Peñas de Herrera hasta el Moncayo, estamos rodeando toda la sierra. 


Una vez arriba del puerto podemos ver el castillo de Talamantes, un letrero indica que sólo hay 1,2 kmts así que... ¡Piernas para que os quiero!   Nos tiramos para abajo en compañía de Baldibil, un colega catalán que está preparando la Ultra del Mont Blanc y con el que seguiremos casi hasta meta.

Durante la bajada me toca sufrir a mi ¡Y cómo!  Además de notar ampollas en casi toda la planta del pie izquierdo, el extensor del dedo gordo del derecho empieza a darme como pinchazos, que suben hasta la espinilla.  El dolor es cada vez mayor y me cuesta correr cada vez más.  Menos mal que enseguida nos encontramos en Talamantes, donde paramos un rato en el bar para reponer fuerzas.  Aquí también tenemo de todo, pero salvo un vaso de cocacola a mi ya no me entra casi nada, eso sí, ¿dónde está el espidifén?  ¡Me lo he dejado en Calcena!  Menos mal que Baldibil tiene de casi todo en su mochila y me ofrece uno de los suyos, me lo tomaré con agua esperando que el antiinflamatorio resuelva mis problemas del extensor.  En cuanto a las ampollas me forraré la planta del pie con tres tiritas especiales que espero también hagan su papel. 

Salimos de Talamantes pasadas las 8 de la mañana junto con los participantes en la marcha de 22 kmts que parten de este pueblo.  Caminar en su compañía nos anima, ellos van como nuevos y nos contagian un poco su fuerza, o eso me parece porque junto con Fernando y nuestro amigo catalán emprendemos la última subida al Collado de la Tonda a toda máquina y sin parar de cascar.  Baldibil nos cuenta alguna anécdota del UTMB que se marcó hace dos años y nos comenta que lo más duro es pasar la segunda noche sin dormir.  Es curioso que nosotros hoy no hemos sentido la llamada del sueño, otra cosa será esta tarde, pero vaya, el caso es que ahora vamos frescos como lechugas (a excepción de las piernas y de mis pieses). 

Buenísimo ambiente pues en la subida y todavía mejor al llegar al avituallamiento, ya cerca del puerto, donde beberemos agua y acuarius. 

Una vez arriba sólo queda bajar y...  comernos como sea esos últimos 5 kilómetros que nos han dicho son el final de la prueba.  El descenso se me hace muuuuuy laaaaargo, y menos mal que mis pieses resisten ¡gracias Baldibil por el espidifén! y gracias Compeed por las tiras antiampollas...  No obstante sufro mucho con todas las piedrecitas que asoman en la pista y me voy quedando atrás en la carrera. 

Pero todo lo malo no es para siempre, tampoco las bajadas por pistas pedregosas jode-pieses y de ese modo llego al último avituallamiento, ya muy cerca de la carretera.  Está en medio del monte, pero gracias a un motorcillo cuentan con un maravilloso grifo de cerveza y no dudo en beber dos fresquísimas cañas que me saben a gloria  ¿Acuarius? ¡Puah ... qué asco!   No tengo muy claro si me sentarán bien, pero a estas alturas es lo único que me apetece  ¡qué rica y fresca está la Ambar!

Y ahora sí, ahora sí que podemos decir que vamos a poder terminar este paseo de 104 kmts.  Sólo nos quedan 5 kilómetros por esta carretera que serpentea por el estrecho valle del Rio Isuela, asomándose a sus riberas desde media ladera.  Mayormente es cuesta arriba, pero aún así, tanto Fernando como servidor emprendemos un trote que a ritmo de supervivencia nos permitirá acortar un poco el sufrimiento de tantas horas de pateo.  Si me hubieran dicho que iba a poder correr a este ritmo después de 99 kilómetros no me lo hubiera creído, además las ampollas duelen menos en el asfalto ¡qué curioso!  y todavía menos si es cuesta arriba ¡bieeeennn!

No son las 11 de la mañana cuando llegamos a Calcena.  Mi tiempo:  13:48:39  ¡¡Conseguido!!

Unas pocas fotos más aquí.

Glucemias:
Viernes a las 19:50____________ 185 después de cenar medio bocata de jamón y una cañita
Sábado a las 2 de la madrugada__ 105 en el avituallamiento próximo a Agramonte
             a las 6 de la madrugada__ 84  en el avituallamiento de Añón
             a las 10:47 ___________ 110 instantes después de llegar a Calcena

Insulina: 4 uds de Lantus y 2 uds de Novorapid antes de la cena  (la mitad de lo habitual), y otras 2 uds de Novorapid antes de la paella conque nos obsequió la organización.  Buenas sensaciones de glucemia durante toda la prueba.

Felicidades a Calcena y a todos los pueblos por los que discurre la prueba por contar con tanta gente buena, que además de pegarse la noche en vela, lo hacen con alegría, disfrutando y haciéndonos disfrutar a todos del maravilloso entorno del Moncayo. 

martes, 28 de junio de 2011

Camille Extreme 2011

Séptima Edición de esta carrera por montaña, que con 31.600 mts de recorrido y 4066 mts de desnivel acumulados este año prometía ser más dura por algunos cambios en su recorrido:  Menos metros por asfalto se habían de traducir en más exigencia para las piernas por aéreos senderos antes de enfrentar la ascensión a Ezkaurre y unas empinadísimas rampas para bajar a Isaba al final de todo, si además las previsiones amenazaban con temperaturas por encima de los 30 grados ¿porqué estábamos todos tan contentos y animados en el frontón de Isaba este domingo unos minutos antes de las nueve, la hora de salida?

Tedy, Alberto, David y yo habíamos salido desde Pamplona a las 6:40 para llegar a eso de las 8 a Isaba.  Una mañana buenísima con unos deliciosos 17 grados de temperatura que irían subiendo por momentos en una jornada de Sol tropical como las que no se recuerdan en el Roncal. 

Recogemos el dorsal, el chip y la guapísima camiseta conmemorativa y mientras nos preparamos podemos saludar a muchos amigos de Adi-Ike, de Txurregui, de Manttale, de Humiclima...  de Asamún, como Toño a quien este valle pilla muy cerca, hasta de Bilbao se ha venido Juan Luis -Volcán- con unos amigos que le han dejado aquí mientras subían a la Mesa de los Tres Reyes  - Tú vas a disfrutar más que ellos - le prometo, porque estoy seguro de que está fuerte y que hará un crono buenísimo; de Villanúa están mis amigos de Canfranc: los cuatro monstruos que subieron a la Raca sin parar de hablar y contando chistes, - cuidado con el calor -, les advierto - mirar que el sol del Roncal es africano... -  Exagero un poco, en plan chuleta, pero es que tengo para mí que estos cielos tan limpios y azules hacen que el astro rey pegue con más fuerza.  - ¿No llevas mochila? - Me preguntan los de Villanúa.  - No, - contesto-  la organización tiene bien cubierto el recorrido de avituallamientos e incluso te ofrecen agua en algunos otros sitios extra. 

Es por ello que sólo llevaré cuatro tabletas de gluco-sport y dos barritas en los dos bolsillos del pantalón.  Me he mirado la glucosa a las 8:17 y sólo tenía 70 así que me he comido dos plátanos y una barrita de cereales con chocolate. 

A las 9 en punto nos apretamos en la puerta del frontón y guardamos un minuto de silencio en memoria de Irene Edo, corredora de montaña fallecida recientemente en un entrenamiento.  Después la organización leyó unas emotivas palabras de homenaje a todos los voluntarios que hacen posible la carrera, más de 200 valientes y animados amigos que enseguida veremos en casi cada metro del recorrido, ofreciéndonos agua, bebida isotónica, sandía, frutos secos...  señalándonos el camino, advirtiéndonos si el terreno requiere atención, estando ahí cerca de nosotros todos el tiempo.  ¡¡Muchas gracias!!

¡¡Y vamos allá!!  Como siempre una vuelta por el pueblo, apretándonos casi en fila por las estrechas calles y saliendo por un aéreo sendero encima del río hacia Belabarce.  Pronto nos vemos corriendo por una ancha pista forestal donde ahora sí podemos ir tomando posiciones.  Me veo junto a Ander y Mikel pero me adelantaré un poco avanzando puestos ¡¡Qué ganas de correr tengo!!  Y es que esta semana sólo he salido dos días a andar en bici y uno a correr con los Amigos de la Vuelta del Castillo, así que en estos primeros metros me quiero comer el mundo...  Y me como el suelo porque justo donde termina la pista y empieza otro tramo de senda, tropezaré y caeré al suelo todo lo largo que soy. ¡No pasa nada! La rodilla un pelín tocada pero sin consecuencias, así que avanti.   No tardará en pasarme otra vez Ander, seguido de Mikel pero intentaré seguir su ritmo y no les perderé de vista hasta salir a terreno despejado en el Valle de Belabarce, donde trotamos por los verdes prados y llegamos al primer puesto de avituallamiento.  Dos vasos de agua, la mitad del segundo me la echaré por la cabeza y es que el sol se empieza a notar. 

Dejamos atrás los verdes rasos y enfrentamos la primera subida fuerte por un espeso pinar por el que iremos cogiendo altura hasta situarnos en el cordal de la sierra formada por las puntas Murúa, Garbisa e Iturburua.  Entre subidas y bajadas más de 500 mts de desnivel positivo que iremos descontando del total.  Una vez arriba podemos ver a nuestra derecha la blanca osamenta de Ezkaurre y a la izquierda las cumbres de Anie y la Mesa entre otras, que destacan por encima de los pinos, abetos, robles y hayas... esa inmensa alfombra verde oscura que son los bosques del Pirineo Navarro. 

Fotos de la organización

Segundo avituallamiento, aquí beberé dos vasos de isotónico, dos cachos de plátano y otros dos de naranja, tras de lo cual enfrentaré con buen ritmo una cuesta herbosa entre pinos.  Pasada esta cuesta corremos de nuevo por una pradera despejada, en su mitad hay un voluntario que nos informa del puesto que llevamos:  114, 115 y 116 -nos dice a los tres que vamos, - ¡a 13 minutos del primero!- Me pasa Txus Unsión -de Manttale-,  ¡Ya me cogerás después Carlos! - me dice, pero luego lo perderé de vista en la fuerte bajada que nos lleva hacia Zuriza -Huesca-. Ya soy el 115...   Distinguiremos el camping entre los árboles ahí abajo, mientras faldeamos la montaña por un sendero donde un voluntario nos pide que prestemos atención, pues la ladera es muy empinada.  Me cuesta mantener el ritmo en este tramo, sorteando árboles y piedras, en contínua tensión para no perder el equilibr io y caer rodando ladera abajo.  Llegamos al tercer avituallamiento y me detengo para recolocarme los calcetines: En los talones empiezo a notar principios de ampolla, en fin...  Mientras me aparejo las zapatillas me pasan al menos una docena de corredores, en fin...   Un trago de agua y a correr de nuevo.

Puerto de los Navarros, podría ser el Tourmalet en el Tour de Francia... o la cima de Aitzkorri en Zegama, pero no, esto es la Camille y los bosques debajo de Ezkaurre se congrega una multitud de gente animando entusiasta a su amigo, a su hermano o a su novio, a su madre y quizás también a su abuela.  Empieza una zona durísima, la más exigente para mí del recorrido.  Trepamos metro a metro por el oscuro bosque de hayas que tapiza los pies de nuestra montaña preferida, salvajes rampas de más de un 30% de pendiente que nos empiezan a pasar factura.  Algunos montañeros que ascienden con la mochila se apartan a un lado para dejarnos pasar, les doy las gracias pero dentro de mí lamento que se quiten porque prefería su paso al mío, que no sé si podré mantener hasta arriba. 

Otro avituallamiento antes de salir del bosque, bebo dos vasos de agua ¡qué rica!  Saludo a Jorge, del Deportivo Navarra, que junto con Pasqui tiran para arriba mucho mejor que yo, lo suyo es la orientación pero están fuertes en todos los terrenos ¡qué envidia!

Dejamos el bosque abajo y nos metemos en el reino de la roca, la pendiente sigue siendo muy fuerte y mirando arriba podemos ver la hilera de corredores que nos precede  ¿Estarán por ahí Alberto, Tedy, Ander, Mikel, Txus, Jorge, Pasqui... ?  Seguro que sí, o a lo mejor ya están bajando de la cima, vete a saber.

La cima la puedo ver un poco después, todavía muy arriba y muy lejos pero ahora la pendiente es un poco menos fuerte.  He parado un par de veces a tomar aliento, mi memoria es mala pero creo que este año me está costando más  ¡ufff!  Menos mal que pega un poco de aire, que si no...

Fotos Organización

Muchísima gente también aquí arriba animando  ¡Que día para disfrutar de esta cima!  En la Mesa distingo un pequeño nevero, también queda alguno en los Alanos y Pedraforca, allá en Ansó (Huesca), pero son más pequeños que otros años.  El viento viene de allí ¿o es sur?  Vete a saber, pero qué bueno sabe aunque vamos en tirantes.  Paso por el control y me acerco al avituallamiento, comeré dos o tres cachos de sandía, beberé dos vasos de isotónico, otros dos de agua...  ¡Qué tíos!  Todo esto lo han subido aquí a la espalda.  ¡Muchas gracias!  ¡Nos vemos en Isaba!
Fotos organización

Otro voluntario me señala el camino a seguir, un extenso pedregal que en suave pendiente desciende al sur de la cima.  Nos pide precaución pero en mi caso no es necesario, no tengo ninguuuuna prisa, y es que además de que se me da fatal este terreno, me cuesta echar a correr:  llevo días con el ciático incordiando en mi pierna derecha y ahora me he enfriado un poco y me tira.  Poco a poco, las piedras son menos feas, mi pierna entra en calor y mis pasos serán más rápidos.  Todavía no lo llamo correr pero voy cogiendo un poco de ritmillo  ¡Venga que sólo faltan 10 kmts!  - me digo para animarme, porque delante mía empieza una especie de valle rocoso donde temo no llegue a dar viento y me ase a la plancha.  Por suerte no es así, el aire sigue pegando y además lo paso enseguida.   Bajando unas rocas me encuentro con Aldapa, que me saca unas fotos y me anima, pero le digo que voy fastidiado y que hoy me basta con llegar.  Al poco decido parar otra vez para estirar los calcetines, a ver si ese pico en el talón no se convierte en una ampolla.  Me cuesta atarme las zapas, se me acalambran los muslos al estar quieto ¡Ay, ay, ay!  Mientras siguen pasando corredores, entre ellos la veterana Irene Sarrionandía, seria y concentrada en su menudo cuerpo de atleta, sin pestañear siquiera mientras salta de piedra en piedra, montaña abajo. 

Reanudo la carrera y observo que en esta parte, la más comprometida, no hay ninguna zona sin la presencia de voluntarios, visibles con sus camisetas naranjas fosforito. 

Las peladas y blancas paredes de Ezkaurre van quedando a nuestra espalda y enfilamos camino hacia Punta Godía  primera de las tres pequeñas cimas del cordal herboso por el que discurrirá la última parte de nuestra penitencia.  Hay algunos pinos salpicando la cima de la primera, que es la más alta.  Los miro de reojo mientras corro por la hierba pues todavía vamos de bajada, después el terreno se pone horizontal, aún puedo correr... Pero luego empieza la subidica ¡¡ufff!!  No pega nada de aire ahora y tengo la boca seca pues desde la cima no he bebido nada.  Un corredor delante mía se para a estirar los gemelos, sufre intensos calambres y no puede dar un paso.  Muy cerca hay dos voluntarios y uno de ellos sacará un spray de reflex que como agua de mayo paliará el problema.  Yo también le pido un poco en los cuádriceps, que no hace mucho también me estaban incordiando a mi.  De ese modo podemos superar la cumbre e iniciamos la aproximación a la siguiente.  Otra vez me cuesta volver a corretear, aunque hay buen terreno de hierba en bajada y es que el ciático sigue haciendo la puñeta. Por suerte el aire nos vuelve a pegar, algo es algo.

Siguiente cima: Pico Armaia.  No tiene pinos y es un poco menos fuerte de subir que la anterior -creo-, pero mis piernas están peor y debo trazar varios zig-zags para superar la cuesta de hierba, una ladera que podría subir corriendo de no llevar la paliza que llevo, pero bueno, lo importante es que no me de un calambrazo que me caiga al suelo y toco madera  mentalmente.  Al llegar arriba un voluntario me anuncia la proximidad del siguiente avituallamiento -me debe ver muy jodido-.  Efectivamente un poco más abajo hay un grupo de chicos con una mesa de camping llena de vasos de agua, coca-cola y acuarios ( o lo que sea)  pillo una coca-cola pero está super caliente y tras beber un poquillo lo vacío disimuladamente, después bebo un vaso de agua,  que casi no me entra tampoco y me despido dándoles las gracias.  La siguiente cima es la menos dura de las tres y mirando el reloj veo que enseguida llevaré cuatro horas de carrera.  ¿Podré terminar antes de 5 horas?  Me pongo ese objetivo para volver a correr cuando el terreno lo permite de nuevo, y vaya si lo permite porque la bajada es de esas que si te caes no dejas de rodar hasta abajo del todo...  Cuidadín  ¡ay qué daño me hacen los pies!  Estoy flanqueando una empinadíma ladera de hierba y en la estrecha senda no cabe ni la zapatilla por lo que es más seguro pisar fuera, los pies se retuercen y sufren ¡ay que me caigo!  Casi, pero no...

Vuelvo a entrar en el bosque, ahora voy sólo, hace rato que he perdido de vista al corredor que tenía delante y tampoco veo a nadie por detrás.  Pero no me preocupa, el camino está perfectamente señalizado y además llego a otro avituallamiento.  Sólo les queda agua pero lo cierto es que no me entra más que medio vaso, y no será porque no tenga la boca seca... Me concentro para respirar sólo por la nariz aunque me cuesta por el esfuerzo que exigen los kilómetros.  Hace mucho calor, me detendría pero pienso que entonces aún hará más calor, así que sigo corriendo...  En un recodo me cruzo con Raúl y con Javi -de la organización-, suben con varias botellas de agua para proveer el puesto que he dejado atrás  - ¿qué tal vas?  Me pregunta Raul . - ya puedes ver - le digo con cara resignada, - sólo quiero llegar a Isaba, nada más- .  - ¡Guarda fuerzas para el tubo por el que tienes que bajar! - Me advierte Javi, y me pasa una botella a la que sólo doy un pequeño sorbo.  -¡Gracias, hasta luego! - me despido prosiguiendo la carrera, y pensando preocupado en la última bajada:  Ya no será por la pista de hormigón sino por el bosque y la organización advirtió que podía ser más duro...

Llego a la pista de hormigón y me tiro por ella siguiendo las señales ¿y el camino?  Será más adelante, pienso, pero casi me entran dudas porque se me hacen largos los más de 600 mts de duro hormigón, y eso que es bajada...   Por fin, en una curva veo que las señales me meten al bosque.  ¡Qué oscuro y qué bien se está!  Voy por un buen sendero, ancho y fácil, por donde correr es casi una delicia  ¿y la bajada?  Enseguida me encuentro arriba de una especie de "tubo" vegetal, empinadísima rampa de tierra, hojas y barro por donde me tiro sin pensármelo dos veces. 

Bajo y bajo, metros y metros sin ver el final.  Alcanzo a un corredor que se ha parado: Se masajea los muslos totalmente acalambrados y me dice que está jodido.  No veo forma de ayudarle, yo mismo estoy roto aunque mis piernas aún resisten, le doy ánimo, que ya nos falta muy poco y que baje despacio (¡qué remedio!).  Prosigo la bajada y enseguida entre las copas de los árboles veo unos tejados ¡Tiene que ser Isaba!  ¡Si, es Isaba!  Por suerte, la especie de tobogán por donde bajaba desemboca en la pista debajo del pueblo y a tan sólo 500 mts del frontón ¡de la meta!

Son las dos de la tarde, el sol cae con toda su fuerza pero consigo seguir corriendo aún cuando el terreno se pone cuesta arriba, incluso muy cuesta arriba al entrar en el pueblo para recorrer los últimos metros antes de la meta  ¡¡Qué calooooooooor!!   Mi tiempo: CINCO HORAS.

Clasificación.

Al entrar en el frontón no puedo ni con las tabas, un chico me pide que espere mientras sale el diploma con mi tiempo y mis parciales.  Agarrado a la barandilla justico puedo coger la cartulina y dando las gracias me meto en el barullo de corredores y familiares.  ¿Dónde hay una silla?  Consigo una al lado de José Miguel -Humiclima-, que tampoco está muy "católico".  -¿Qué tal?- acierta a preguntarme.  -Ya puedes ver - contesto,  -hecho polvo, mal muy mal. -.  Y es que estoy agotado, veo a otros compañeros que están alegres, comentando la carrera, bebiendo cerveza, comiendo...     Yo tan sólo puedo beber agua, pero no acabo de recuperarme... Es la típica sensación de desgana que alguna vez he tenido al terminar una carrera, me pasó el verano pasado en San Millán, que al principio no podía probar bocado en la comida que nos dieron y que luego cuando se me pasó me comía las piedras...

Me levanto, y veo a David que ha entrado un minuto detrás mía, está contento y muy animado.  Para él esta carrera era un poco la prueba de fuego para la ultra del Aneto y ha regulado todo el tiempo para no sufrir consiguiendo terminar que era lo que quería.  Recogemos las magníficas bolsas de corredor que la organización nos ha preparado a todos (sidra, vino reserva, chorizo, conservas...)  y decidimos ir a las duchas, ya comeremos después.  Y es que yo veo las migas sin ningún interés, sigo con el estómago revuelto, tanto que al salir acabo echando todo lo que he tomado en la carrera, TODO, TODO.   

Mis amigos se preocupan pues saben de mi diabetes pero cuando puedo coger el medidor veo que tengo 194, así que no hay miedo de Hipoglucemia.  Les tranquilizo, que ya me ha pasado otras veces y tal, pero insisten en que me vean los de la Cruz Roja.  Se acerca un chico y le explico que ya estoy mejor después de vaciar el estómago y que me voy a duchar.  - Vale, pero danos un toque si te sientes peor ¿O? -  Me advierte.  - Vale, no te preocupes - Le prometo, y me voy con David a las duchas. 

Me cuesta quitarme los pantalones pues los cuádriceps se me acalambran, pero por fin lo consigo y el agua templada de la ducha me deja de maravilla ¡qué bueeeeeenaaaaa!

Por allí está Iñaki - también de Humiclima- que tampoco lo ha pasado muy bien hoy, somos muchos los que hemos sufrido más que otras veces y es que ha sido un día muy duro de calor.  Pero en fin, es lo que tocaba ¿No?

Al salir de las duchas me tiro en la hierba y me vuelvo a poner malo  ¡ufff!  Vuelta a echar el estómago ¡pero si no quedaba nada!  Sí, todavía quedaba algo... 

Al lado está Volcán, le hago una broma pero casi ni contesta, me parece que también está tocado como yo...  También hay un tercer chico tumbado que por lo visto tiene la tensión un poco baja.   Se acerca una chica de la Cruz Roja y nos mira las constantes:  Yo estoy bien de pulsaciones, la tensión un poco baja pero es normal después de la paliza ¿No?  El azúcar lo tengo en 170  - sigue alto-.    Volcán en cambio lo tiene muy bajo y como también echa todo lo que bebe no puede pensar en arreglarlo con coca-cola así que hablan de ponerle un suero de glucosa.  ¡Mecachis la mar! Y yo que le había dicho que iba a disfrutar... 

Pero qué leches, no sabéis lo precioso que estaba el monte...



Imágenes de la Camille Extreme 2008
Una hora después parábamos en Yesa y una Coca-Cola me dejó como un reloj.  En Pamplona y en Zizur Mayor el termómetro marcaba los 36 grados.  ¡Cayeron tres cervezas esa tarde!

Gracias Alberto, Tedy, David, Javier...  Por preocuparos y por estar ahí.