Correr, caminar, pedalear, trepar, nadar, saltar...Trabajar y VIVIR. La diabetes, una anécdota.

Siempre y cuando controlemos el ejercicio y nuestra glucemia en sangre. Esta enfermedad que junto con la obesidad está considerada la epidemia del siglo XXI permite llevar una vida activa perfectamente normal gracias a médicos e investigadores, profesionales apasionados que no dejan de trabajar para que mañana sea de verdad una anécdota. Hay dos tipos principales de diabetes: Tipo I y tipo II. La primera es la mía, la insulino-dependiente o también llamada infantil, porque en un alto porcentaje de casos se presenta a edades tempranas, aunque yo "debuté" con esta enfermedad a los 44 años. Mi sistema inmune falló y atacó a las células del páncreas que producen la insulina sufriendo a continuación los tres síntomas del libro o las "tres Pes": Poliuria (orinar mucho), Polidipsia (sed horrible a todas horas) y Polifagia (hambre, hambre, haaaambre).



¿Porqué a mí? Pensé. A mí que toda la vida he hecho deporte, que sólo tres meses antes terminé mi Cuarta Maratón en Donosti, a mí que no fumo, a mí que soy un chico formal: Buen padre y ejemplar esposo, a mí que hago la declaración de renta puntualmente y pago la contribución urbana y el impuesto de circulación religiosamente cada año... ¿Porqué?



El estrés que tantos sufrimos en mayor o menor grado, herencia genética, un catarro mal curado, la contaminación, el agujero de la capa de ozono... Médicos, familiares, amigos, vecinos y yo mismo apuntamos una u otra causa, pero lo cierto es que daba lo mismo. El caso es que mi cuerpo -mi páncreas- casi no tenía reservas de insulina y que ya no iba a producir más -o muy poca- y que iba a necesitar "pincharme" insulina todos los días.

domingo, 22 de noviembre de 2015

Y el Invierno asomó la patita...

... En la Sierra de Alaitz.

Una patita fría y blanca que vino en compañía de otros millones de patitas pequeñitas. Cayeron del cielo durante la noche y primeras horas de la mañana poniéndolo todo blanco, más blanco que la patena. El resultado ha sido una postal de Navidad, de ésas que se ven en Suecia o Canadá y que a nosotros siempre nos llaman la atención por lo inusual.


Había quedado con Nacho a las 7:10 en el poli de Zizur. Mientras desayunaba casi podía escuchar la lluvia afuera, en la calle.  Cuatro grados de temperatura en mi ventanómetro - ¡¡brurrrr, cómo debe estar el monte !! -, pensaba mientras bebía el café con leche calentito.  Confiaba en que la gente se echara para atrás y podía verme sudando en la cinta del gimnasio: una horica con buenos ritmos seguida de una sauna ¡¡la alternativa ideal para una desapacible mañana de Domingo!! ¿O no?

Pues no, Alejo me dice que en Pamplona casi no llueve y que ha ido a recoger a Marianela y que nos esperan en Irigaray, cerca de Noain, que ahí nos juntamos en un coche y salimos para Untzué a donde también llegarán Tedy y Alberto, con quienes estuvimos hace dos semanas en el Saioa.  También me dice que en cualquier caso, si está imposible, que echaremos unos cafés y nos volveremos.

¿Cómo le digo que no a este hombre?  ¿Y a Tedy, a Marianela o Alberto?  Con tantas dudas se me echa la hora y casi llego tarde al poli. Allí está Nacho con el coche tal y como hemos quedado, pero me dice que con el catarro que todavía no ha curado se quedará en casita. Me llevará a Irigaray y allí se vuelve. ¡¡Todavía quedan personas con sentido común!! Y con tos, también es verdad...

Reunidos los tres mosqueteros seguiremos ruta hacia Untzué por la nacional dirección Zaragoza, pasando el Puerto del Carrascal miramos de reojo el paisaje blanco: está nevando a gusto y casi cuaja en la carretera.  Llegados a nuestro pueblo preferido, después de un par de vueltas y despistes, nos bajamos junto a la iglesia y preparamos los aparejos. Mientras llegan Tedy y Alberto bromeamos con unos chicos del Run19 que también han organizado una excursión por la misma ruta que nosotros: la Carrera de montaña Hiru Mugak.  Podríamos ir con ellos pero decidimos ir a nuestra bola confiando en que recordamos el recorrido, sobre todo Tedy, que ha entrenado muchas veces por estos senderos. Mala idea, porque como luego veremos... No se ve casi nada.  ¡¡Y no llevamos la ruta en el gps!!

Aquí estoy con Marianela, Alberto, Tedy y Alejo
Mojados antes de salir ¡¡y con frío!!
Casi no nieva cuando echamos a correr, eso sí hace fresco: cero grados, y las nubes siguen ahí con su color gris blanco y amenazador.  Son tres kilómetros por pista que nos llevan por el fondo del valle entre fincas medio cubiertas de nieve, cruzando arroyos por pequeños puentes o saltando si no los hay.  Las zapas se nos mojan enseguida pero con el movimiento los pies se mantienen calientes, esperamos que sigan así. Por lo demás llevamos mallas largas, una camiseta o dos de manga larga y el chubasquero, además de guantes que yo por lo menos me quito enseguida para no mojarlos con el sudor, después los necesitaremos secos.  Mientras nos acercamos a la montaña se abre el cielo un poco y deja de nevar ¡¡bien!!


Marianela y yo cerramos la marcha pues nuestros compas de aventura vuelan por la pista sin esfuerzo ¡¡qué tíos y encima van charlando!!  Coincidí con esta chica el año pasado en una salida a las Bardenas con el club Corriendo por el Mundo, nos cuenta que el mes pasado estuvo en Marruecos participando en la Desert Run una aventura korrikolari por el desierto en tres etapas. Nos describe las sensaciones de correr por el filo de las dunas, el placer de bajar casi deslizando por la arena...  ¡¡Qué envidia!! Aunque hoy nosotros también disfrutaremos pisando un elemento raro en nuestras latitudes y que más arriba, conforme ganamos altura en el bosque es tan seco como la arena ¡¡y qué ruido más curioso hace !!

Así es, la nieve sopa del comienzo ha pasado a estar seca y cubre con abundancia el bosque y el suelo, Unos veinte centímetros que adornan cada ramita y que amontonada en los bojes, hacen a estos vencerse y cerrar el paso ¡agacharse tocan! Muy bonito todo ¿eh?







Hemos decidido seguir el recorrido largo que cruza la sierra y baja al otro lado, al valle de Elorz, es un recorrido que yo debería conocer bien pero al llegar arriba y asomar al otro lado la niebla se echa encima y con toda la nieve no hay forma de buscar la bajada. Decidimos darnos la vuelta y tirar por el recorrido corto que Tedy se conoce al dedillo.

Alejo y yo nos acordamos de hace dos años cuando también estuvimos por aquí dando vueltas y medio perdidos, la orientación sigue siendo nuestra asignatura pendiente pero yo tengo más delito porque por pereza ni siquiera he descargado el recorrido en mi Garmin.

Con Tedy conseguimos asomar al techo de la sierra sin más despistes. La gozamos por el intrincado laberinto blanco que los bosques de hayas y boj forman aquí arriba, un verdadero parque temático de Aventuras en Alaska donde sólo faltan unos lobos y algún oso ¡Ah no! que somos nosotros...




Toca seguir la cresta de la sierra pasando por sus tres cimas para después bajar al valle pero en un momento dado nos encontramos sin saber por donde tirar. Vuelve a nevar, la niebla no nos deja ver referencias y la vegetación se cierra por todas partes. Tedy cree que deberíamos perder altura hacia el valle de Elorz para luego volver a subir, pero no lo vemos claro así que decidimos apostar por lo seguro: darnos la vuelta, desandar nuestra excursión hasta la pista del fondo del valle y regresar.



La decisión es buena, nuestro equipo nos permite enredar lo justo y el frío empieza a morder, sobre todo en las manos, pero los pies tampoco tiran cohetes así que vamos, que hay muchos días para volver y repasar el recorrido.  A los quince minutos de habernos dado media vuelta nos encontramos con los Run19 entre los cuales encontramos caras conocidas y es que coincidimos en muchas carreras y rutas de montaña.  Una lástima que no nos hubieran pillado antes porque ellos sí tienen el recorrido en sus cacharros y aunque también dudarán al llegar donde nosotros, no les costará seguir la ruta que justo teníamos delante de nuestras narices.  Lo dicho, que ya estamos pensando en volver.

Encuentro con los Run19



En cuanto nos vimos de nuevo en la pista forestal comimos un poco y echamos a correr para recuperar el calor perdido entre la nieve.  La temperatura ha subido un pelín y los campos blancos muestran ahora el verde del cereal que apunta sus primeros brotes.

¡¡Una buena excursión!!      Todas las afotos aquí.

Poco después del km 5 retrocedimos para bajar altura
y coger la ruta corta hacia nuestra izquierda.

En rojo nuestro recorrido de hoy, amarilla la ruta a seguir.
Aquí donde nos dimos la vuelta.



Mis glucemias fatal: 250 a las 5:45 de la mañana, me he puesto 4 uds de novorapid y con todo el frío y la que nos ha caído no he hecho controles durante la marcha pero he ido tomando isostar, un bote de miel y naranja, una barrita y un pedazo de chocolatina que nos ha regalado Alejo ¡qué rica!  En Zizur hemos parado a echar un café con leche (el mío sin azúcar) y no sé cómo, en casa cuando me he mirado antes de comer tenía 300.  Lo peor es que tenía paella así que me he puesto 10 uds de novorapid y luego a las 5 de la tarde volvía a unos estupendos 105.  ¡Bieeeennn!

4 comentarios:

  1. Paisaje de ensueño y recorrido que inicia la marcha sobre la nieve. De ahora en adelante mucho frío, mucha nieve y algún que otro día con buen tiempo, pero ¿acaso no ha sido siempre así y seguimos yendo al monte? A por el invierno Carlos

    ResponderEliminar
  2. Con qué ganas e ilusión cogemos siempre el principio de cada estación, de todas las estaciones: La Primavera, cuando los bosques estrenan los colores verdes. El Verano, con sus baños y sus largas tardes. El Otoño, estallido de colores y el Invierno, con la magia de la nieve. Bueno, espero que tú y tu hermano tengáis una buena temporada blanca. Vamosssss !!! Pero con cuidadín ¿eh?

    ResponderEliminar
  3. Que gozada poder disfrutar de la nieve un poco, deja unos paisajes preciosos, y es que este año parece que no quería llegar el invierno, aunque a mí también me daría pereza salir, luego compensa.
    Un abrazo

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. Ya lo creo que compensa!! Todos somos niños con la nieve, por lo menos las primeras tres horas jeje... Luego en casa te dicen que a dónde vas, que si te vas a enfriar y... Sí, te enfrías, pero en el currelo, donde hay una corriente de la leche, no puedes casi moverte y no te dejan llevar traje de esquiador. Otro abrazo campeón!!!!

      Eliminar

¡Haz un comentario!