Correr, caminar, pedalear, trepar, nadar, saltar...Trabajar y VIVIR. La diabetes, una anécdota.

Siempre y cuando controlemos el ejercicio y nuestra glucemia en sangre. Esta enfermedad que junto con la obesidad está considerada la epidemia del siglo XXI permite llevar una vida activa perfectamente normal gracias a médicos e investigadores, profesionales apasionados que no dejan de trabajar para que mañana sea de verdad una anécdota. Hay dos tipos principales de diabetes: Tipo I y tipo II. La primera es la mía, la insulino-dependiente o también llamada infantil, porque en un alto porcentaje de casos se presenta a edades tempranas, aunque yo "debuté" con esta enfermedad a los 44 años. Mi sistema inmune falló y atacó a las células del páncreas que producen la insulina sufriendo a continuación los tres síntomas del libro o las "tres Pes": Poliuria (orinar mucho), Polidipsia (sed horrible a todas horas) y Polifagia (hambre, hambre, haaaambre).



¿Porqué a mí? Pensé. A mí que toda la vida he hecho deporte, que sólo tres meses antes terminé mi Cuarta Maratón en Donosti, a mí que no fumo, a mí que soy un chico formal: Buen padre y ejemplar esposo, a mí que hago la declaración de renta puntualmente y pago la contribución urbana y el impuesto de circulación religiosamente cada año... ¿Porqué?



El estrés que tantos sufrimos en mayor o menor grado, herencia genética, un catarro mal curado, la contaminación, el agujero de la capa de ozono... Médicos, familiares, amigos, vecinos y yo mismo apuntamos una u otra causa, pero lo cierto es que daba lo mismo. El caso es que mi cuerpo -mi páncreas- casi no tenía reservas de insulina y que ya no iba a producir más -o muy poca- y que iba a necesitar "pincharme" insulina todos los días.
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lunes, 28 de diciembre de 2015

De Roncesvalles a Pamplona...

... Por el Camino de Santiago.

Es ya un clásico en el mundillo corricolari lo de organizar entrenos o quedadas para meterse los 42 kilómetros que separan Roncesvalles de la capital navarra por el camino de los caminos. Corredores de asfalto o de montaña, da lo mismo, porque la ruta discurre por senderos y pistas de buen piso y sin apenas complicaciones. Tanto es así que uno de nosotros se lo curró ayer con unas Asics Gel Cumulus, aunque los demás utilizamos zapas de monte, yo por ejemplo las Sportiva Ultraraptor, que aún con la suela desgastada me sientan como un guante y me parecían con más "consistencia" ante piedrecillas, barro, etc...

Burguete
Alberto Vela, un amigo de nuestro Trizurko, nos habló del reto que se había propuesto para estos días navideños: Roncesvalles - Pamplona - Estella. -¿Quién más se anima?- nos preguntó sonriendo, los ojillos le brillaban con la ilusión de los niños en la noche de Reyes, pero ninguno más nos atrevimos a recoger el guante, eso sí: le prometimos salir con él y acompañarle hasta Pamplona. Dicho y hecho nos juntamos Alejo, Santi, Nacho, Iván y yo del Trizurko, además de Fernando Zaratiegui y César Irigoien.

Ocho locos, ocho peregrinos, ocho madrugadores quedamos ayer Domingo a las 6 de la mañana en las piscinas de Etxabakoitz. Queríamos echar a correr en Roncesvalles a las 7 para que Alberto aprovechara al máximo las horas de luz en uno de los días más cortos del año.

Nuestro programa sufrió un pequeño retraso y eran más de las 7:20 cuando pusimos pie junto a la famosa Colegiata. Noche cerrada y fresco, pero un grado positivo y sin viento no está mal si no estás quieto y nosotros nos movimos en cinco minutos una vez nos ajustamos las mochilas y encendimos los frontales. ¡¡Vamosssss!!



¡¡Alberto!! ¿Llevas mucha prisa? - le gritamos, el muy animal se ha puesto delante del grupo poniendo un ritmo que se nos atraganta en los primeros kilómetros de la excursión y tenemos que frenarle, bromeamos al comprobar que lleva el frontal apagado - ¿qué pasa? ¿no llevas pilas de repuesto? ¿Pero qué más te da si a Estella llegas a comer...?  -. A comer no, pero al ritmo que nos quiere llevar seguro que llega de día, qué tío...




Es bonito recorrer la calle principal de Burguete -¿hay otra?-, y la de Espinal -otra que tal-, a la luz de las farolas y de cuatro adornos navideños. Todo está dormido y si no fuera por un coche que pasa y por cuatro peregrinos coreanos que adelantamos podríamos decir que estamos solos en el universo, debe ser la resaca de Nochebuena...

Decía que no hacía mucho frío pero eso era en Roncesvalles, porque en los altos de Mezkiritz notamos cómo baja la temperatura bastantes grados según la orientación del terreno, tanto es así que en pocos metros observamos como los prados pasan del verde al blanco de la helada. Y también lo notan nuestras manos: ahora calientes y en dos minutos heladas...  Los guantes nos vienen de cine.

César está entusiasmado: dirige una agencia de viajes especializada en deportes -Corriendo por el Mundo- y nos cuenta que hace años tuvo casa en Espinal. Conoce infinidad de senderos que recorren estos valles y también nos habla del Baztán, otro paraíso con parajes fantásticos para soñar excursiones al trote como el escondido valle de Aritzakun y montañas míticas como Irubelakaskoa o las Peñas de Itsusi...

Hablando hablando nuestro reducido grupo se disgrega, Iván primero, Nacho después, se quedan atrás para hacer aguas menores, yo me quedo hablando con César y por delante se alejan los demás: Fernando se ha puesto en cabeza delante de Alberto, Alejo y Santi, está fortísimo este año, y aunque ayer se cascó 12 kmts con los AVC, hoy tiene gasolina de sobra, ¡¡Bravo Fernando!!

Por delante van Alberto, Fernando, Alejo, Iván y Santi
detrás mía llegan Nacho y César

Abajo en el valle nos esperan el frío y la niebla, distinguimos las Peñas de Antxóritz
A la derecha una fotico que nos hizo César a Nacho y a mí.

Iván pasará como un cohete para alcanzarles y juntos bajarán a Zubiri llegando al Puente de la Rabia con algunos minutos de ventaja. Cuando llegamos todos están de charla con un grupo de peregrinos. Las vacaciones navideñas dan tiempo de hacer algunas etapas y aquí están, como nosotros, disfrutando del camino pero un pelín más tranquis. ¡¡Adios, adios!!



Me he mirado el azúcar y lo tengo por las nubes: 295.  Supongo que había salido alto y con los tragos de isostar y un gel que he tomado la media maratón que llevo no ha sido suficiente. Me pondré 2 uds de insulina y comeré medio sandwich de nocilla ¡¡tenía hambre!!

De la Media Maratón Roncesvalles - Zubiri, nos podría contar muchas cosas Nacho, que ha participado en sus 10 ediciones, lo mismo que Pello López, nuestro presi de Trizurko.   Hoy está disfrutando mucho más pues nada que ver el ritmo que llevamos con el de la carrera.

Alejo está más callado de lo normal: en las últimas semanas casi no ha salido para recuperar la lesión de tobillo que le dejó el Moncayo de recuerdo y todavía tiene alguna molestia.  A la altura de Urdaniz cojea y nos pide que sigamos a nuestra marcha, que él irá más tranquilo.  César que también venía notando molestias en el gemelo se quedará con él y juntos seguirán hasta Huarte.

Alejo y César se quedarán aquí para seguir más despacio.
Proseguimos la marcha cinco mosqueteros: Nacho, Santi, Fernando, Iván y yo. ¿Y Alberto? ¡¡Si nos habíamos olvidado de nuestro campeón!!  El muy bestia no quiso parar en Zubiri y con la tensión de pensar en lo que tenía por delante hasta Estella prefirió templar los nervios en soledad.  ¡¡Con los chistes tan buenos que nos contó Santi y lo que nos reímos!!

Llegados a Irotz cruzamos el Arga y subimos un repechón bastante durillo a estas alturas de la excursión.  Por suerte, la niebla y el frío se fueron y casi asomó el sol un poco en el cielo templando un poco. ¡¡Ya falta menos!!  Mi azúcar en Irotz: 107, bien pero justico para correr.

Puente y Ermita de la Trinidad de Arre sobre el río Ultzama. Llegamos a Villava.
Una vez cruzamos el río Ultzama y dejamos atrás la ermita de la Trinidad de Arre ya nos vimos corriendo por las calles de Villava y casi casi nos podíamos ver corriendo por Pamplona, pero no, aún quedaban más de tres kilómetros.  La calle mayor de Burlada es muy larga, también se hace largo el Camino de Burlada hasta llegar al Puente de la Magdalena junto al barrio de la Txantrea.  Pero una vez que cruzas el Arga y subes por las murallas al Portal de Zumalacárregui... ¡¡Ya estás en Pamplona!!

Puente de la Magdalena sobre el río Arga

Murallas de Pamplona, Baluarte del Redín

Portal de Zumalacárregui y calle del Carmen


Corrímos por las estrechas calles del Casco Antiguo, pasamos junto al Ayuntamiento y salimos al Parque de la Taconera donde... ¡¡Alcanzamos a Alberto!!  No tuvimos piedad en adelantarle ni nos dio ninguna envida el paseo que todavía hasta Estella, nosotros sólo pensábamos en el almuerzo en las piscinas de Etxabacoitz ¡¡Vamosssssss!!   Jajajajajajajajaja!!!!

Fernando, Santi, Iván, Nacho y yo.
Enseguida llegarían César y Alejo 
Cinco horas de excursión para nosotros que fueron casi once para Alberto. ¡¡Qué máquina!! Zorionak!!

(lo puse en marcha en el km 11)

Todas las fotos

Fotos de la misma excursión
que en 2007 hicimos Alberto y yo con 
el campeón burgalés Alvaro Rodríguez

Qué campeónnnnn!!!!









domingo, 24 de mayo de 2015

Fuga del Fuerte San Cristobal

El Fuerte de Alfonso XII se levantó en la cima del Monte Ezkaba para defender Pamplona en un tiempo, finales del siglo XIX y principios del XX, en que la artillería era clave para atacar o defender cualquier posición en una guerra. Con la llegada de la aviación su construcción quedó obsoleta y fue destinada a prisión militar desde 1934 hasta 1945.  Triste referencia con la cual ha pasado a la historia esta formidable fortaleza.

La noche del 22 de mayo de 1938 tuvo lugar una fuga masiva de presos en el Fuerte de San Cristóbal. De los 2487 detenidos tras la sublevación militar contra el Gobierno de la República española, escaparon 795 hombres: dirigentes políticos y sindicales, militantes republicanos y revolucionarios, obreros, campesinos... Cientos de historias personales que darían para escribir muchos libros y rodar un sinfín de metros de película, héroes anónimos en su mayor parte, protagonistas involuntarios de la más heroica y arriesgada hazaña que todo hombre debe intentar: Alcanzar la libertad.



Nos dicen que ese año, también hacía frío, igual que esta tarde de viernes, a las 8 en punto cuando llegamos a la cima del monte los seis amigos que hemos querido rememorar la fuga de aquellos valientes: Santi, Iñigo, Paski, Nico, Joseba y yo, seis locos que saldremos hacia la frontera de Francia con muchas más opciones de éxito. Con nuestras zapatillas, ropa, linternas y mochilas que incluyen bolsa de hidratación causaríamos asombro recorriendo las calles de la Pamplona de hace 77 años.  Correr o caminar por los campos, montes y caminos con alpargatas medio rotas, camisas y chaquetas empadas, sin luz y por supuesto sin orientación, tuvo que ser otra historia, mucho más difícil y más dura. Imaginamos que los pocos que no fueron detenidos o abatidos se moverían de noche y se refugiarían durante el día donde pudieran, quizás en alguna casa les dieron refugio pero las más de las veces serían denunciados y entregados.

Iñigo, Joseba, Nico, Paski, Santi y yo. ¡¡Huyamos!!


Monumento en homenaje a los caídos por la Libertad y la República
Cruzando el Ulzama en Sorauren
Pensando en ellos, no nos quejamos cuando los pinos caídos nos cortan el paso en esta pista que recorre las montañas entre los ríos Ulzama y Arga y que nos lleva hacia el Puerto de Egozkue, el ecuador de nuestra ruta.  Los primeros kilómetros de nuestra excursión han sido fáciles y hemos ido a muy buen ritmo. Por los senderos del monte Ezcaba hemos ido perdiendo altura hasta llegar a Azotz un pequeño pueblo de cuatro casas en la ladera norte de la montaña, después un carretil nos ha conducido a las orillas del Ulzama donde los caminos del parque fluvial nos han conducido a Sorauren.  Todo bajar y llanear, además con luz. Con las últimas luces ganamos altura fuera de sendero entre tojos y pino de repoblación hasta alcanzar una vieja pista forestal que a media ladera nos conducirá en dirección norte.


Las nieves de febrero han hecho estragos en los pinos y acabamos hartos de saltar troncos o agacharnos para salvar cada árbol que atravesado en la pista nos cierra el paso, tan apenas trotamos veinte metros entre uno y otro, ¡¡qué coñazo!!  La noche ya se nos echado encima pero no es problema con nuestras frontales. En cuanto al aire frío aquí vamos al abrigo o será que con la noche el viento también se ha ido a dormir, pero no, como comprobaremos en pocas horas.

Ni que decir tiene que es Paski, del Deportivo Navarra quien abre la marcha, siempre con sus dos bastones no tiene problema en sujetar también el mapa, que no deja de consultar en ningún momento. En la muñeca izquierda la brújula y en la derecha el reloj con gps ¿Qué más hace falta para conducirnos a la frontera?  Muchas más cosas, pero todas las carreras y pruebas de orientación le han dado la pericia y técnica suficientes para que esta noche nos preocupemos por todo excepto por dónde estamos o a dónde nos dirigimos. ¡¡Grande Paski!!

Esta noche los ojos de Iñigo brillan todavía más: estaba muy ilusionado con esta aventura y gracias a él tenemos resueltas tanto la intendencia como el transporte. Los avituallamientos de Egozkue y el de Urkiaga, además del vehículo que nos llevará de vuelta a casa, son cosa suya.  ¡¡Gracias Iñigo!!

A Santi también le brillan los ojos, esos ojos que se abrieron al mundo en Andalucía y que conocieron el amor en la Txantrea, en Iruña, donde también ha aprendido a correr como nadie una carrera muy peligrosa: esa que del 7 al 14 de julio se celebra en la ciudad más alegre y viva del mundo por mucho que el resto del año Pamplona sea Mordor, capital del reino oscuro, frío y lluvioso del Norte...  Es él quien más culpa tiene de que esta noche la pasemos en blanco, jodidos de frío y pinchándonos con los espinos y las zarzas. Pero está casi de milagro pues no hace ni un mes que pasó una neumonía y el domingo pasado se retorció el tobillo en la Media Maratón de Irati.  ¡¡Bravo txapeldún!!

Lo de Nico es más nadar, pedalear y correr, tres disciplinas encadenadas por sus respectivas "transiciones": el triatlón es la ilusión en sus entrenos a lo largo del año y el Iron-Man la prueba de sus sueños, hace justo seis días estaba en Tarragona para tomar parte en una de las buenas: la Ironcat, pero la meteorología adversa hizo que la organización suspendiera la prueba. Vente al Trail Nico!!  Aquí el aire, la nieve, el frío o el barro no son un problema ¡¡son sólo una putada!!  Hay que aclarar que este chico no es un novato: conoce bien la Sierra de Alaitz y este invierno ha pisado sus caminos tanto de noche como de día. Cuando nos describe el mar de nubes de niebla que cubría la Cuenca de Pamplona aquella noche de noviembre se emociona tanto o más que cualquiera de nosotros.

Pero no tanto como Joseba, quien considera que correr por el monte es lo mejor del mundo y pese a su juventud ya ha sudado la camiseta en pruebas tan duras como Transvulcania o Apuko y sueña como yo, en  la Aneto-Posets del próximo Julio.  En la Pamplona-Bilbao de hace dos años se comió 140 kmts sin pestañear y eso que sólo quería hacer la etapa hasta Urbasa, y es que este gigante se entusiasma como nadie cuando se mete en harina, perdón, en barro.

En cuanto a mí, ya sabéis que soy un poco poeta y un romántico.  Las dos cosas van de la mano cuando hablamos de víctimas de una guerra o una catástrofe, aquí o en China y el recuerdo de las miserias que tuvieron que sufrir aquellos 795 desgraciados me ha decidido a acompañar a estos cinco amigos.  No las tengo todas conmigo porque desde los primeros kilómetros "noto" mi puñetera rodilla: ligeras molestias, pinchazos sobre todo en las subidas tendidas, que por suerte desaparecen cuando la pendiente es más fuerte y que no noto en llaneos o bajadas aunque el ritmo sea mayor.  Además he tenido un pajarón subiendo al monte encima de Sorauren, que he resuelto devorando una de las barritas made in Paski, de salvado, azúcar moreno y avellanas y que éste nos ha regalado a cada uno, ¡¡Están buenísimas!! ¡¡Gracias!!  También le he dado unos buenos tragos al isostar del camel y con todo me he repuesto sin problemas.  Eso sí, más despistado que otras veces: cuando me han señalado una zapatilla enterrada en el barro pensaba que llevaba ahí desde el invierno y  no ha sido hasta que todos han reído a carcajadas señalando el pie de Joseba que he visto de quién era...

La zapatilla de Joseba: efecto ventosa.

Apenas se puede ver pero a nuestra derecha una profunda balsa de agua
nos obligó a buscar otro camino dentro del bosque.

Los últimos dos o tres kmts antes del Puerto de Egozkue se hacen largos: hemos dejado atrás la pista y tras cruzar un raso progresamos por el bosque buscando el paso entre pinos, quejigos y espinos.  Estamos ganando altura y podemos observar las luces de Pamplona, muy lejos, reflejadas en las nubes que cubren el cielo. Después entramos en la niebla y sufrimos el rebote de la luz reflejada que es como si lleváramos unas gafas empañadas.



La niebla la dejamos arriba cuando perdemos altura y llegamos al puerto donde Iñigo nos tiene guardado un avituallamiento de primera: plátanos, agua, kit-kats, frutos secos... Qué bien les habrían venido a los fugados...

Proseguimos la ruta y podemos distinguir a nuestra derecha las luces de Eugi reflejadas en el pantano, los pinos y quejigos han quedado atrás y ahora son las hayas de Quinto Real las reinas del bosque, sus troncos se levantan rectos y altos, incontables columnas que se pierden en la oscuridad a ambos lados. Escuchamos un sonido extraño, como un quejido, Joseba nos dice que son ciervos.

En esta parte podemos correr muchos tramos que discurren por pista y casi sin pendiente, pero más adelante empezamos a ganar altura por fuertes rampas y conforme lo hacemos nos metemos de nuevo en la niebla. Además llueve, una lluvia débil pero persistente que viene acompañada de aire frío, más frío conforme subimos a los 1411 mts del Zuriáin, próximo al Saioa y las cumbres de Velate que dejaremos a nuestra izquierda para descender al Puerto de Artesiaga.

Todavía no había dicho nada de las vallas, hemos saltado varias en la primera parte de nuestra excursión, todas con alambre de espino ¡¡cuidado!!, y dado que no seguimos itinerarios montañeros rara vez encontramos pasos preparados así que las salvamos como podemos, pisando en el alambre superior, apoyados en el poste más próximo y tomando impulso, procurando no perder el equilibrio para saltar al otro lado. Me llevaré un recuerdo en la pantorrilla pero ese será el único incidente, ese y la anécdota de que bajando el Zuriáin nos encontramos la misma valla cuatro o cinco veces... Menos mal que era de tablas y que sólo tenía alambre en la parte inferior.




Pero saltar las vallas es lo de menos, estamos helados, sobre todo las manos pues aunque todos llevamos guantes, son más bien finos y con la lluvia se han empapado. Los pies tampoco se salvan pero como no paramos no son problema. Las manos heladas es lo peor...

En Artesiaga nuestro guía nos informa de que ya solo quedan unos 10 kmts por el GR12 que discurre por la divisoria que separa Baztán de Quinto Real, el problema: Es terreno expuesto al viento norte, a la lluvia y a la niebla y ahora mismo todos estamos ateridos. Nos propone una alternativa: perder altura por la carretera bajando unos kmts para luego subir por un valle secundario, la Regata Baserdi que nos acercará a la carretera del Puerto de Urkiaga y a la frontera, el problema: saldrán 3 ó 4 kmts y perderemos desnivel para luego ganarlo, unos 250 mts necesarios para salvar una sierra secundaria que nos separa de la carretera transfronteriza.

Elegimos la segunda opción: más kilómetros y más desnivel pero sin niebla ni lluvia que dejamos atrás mientras bajamos al trote por la carretera.  Con el braceo de la carrera las manos entran pronto en calor y casi secamos la ropa. Hemos acertado!!

Esta carretera que comunica Quinto Real con Irurita en el Valle de Baztán es alucinante pues discurre por un formidable hayedo. Un paisaje natural soberbio pero nosotros no vemos nada, eso sí, más abajo podremos escuchar el rumor del agua en el barranco, rumor que luego es un estruendo, agua que baja hacia Eugui para unirse al rio Arga.

Paski nos señala una pista secundaria que a nuestra izquierda asciende por el barranco Baserdi, es nuestra alternativa y comenzamos a ganar la altura perdida por la "Pista de las Salamandras": le pondremos ese nombre porque después de ver la primera, casi pisamos la siguiente y así docenas de ellas, bromeamos con que debe ser su noche de amor y han salido todas del bosque para cortejar... Pero lo cierto es que más arriba, cuando dejemos la pista las seguiremos viendo, no es raro pues es un anfibio de costumbres nocturnas y amigo de la humedad.

Santi ha sufrido un par de retortijones en su maltrecho tobillo que ya llevaba vendado desde la salida y cada vez le cuesta más aguantar el ritmo.  Cuando veo la empinada ladera por donde sube Paski temo que no pueda seguirnos pero este chaval es un campeón y apretando los dientes cierra la marcha sin queja alguna.  Le ofrezco mis bastones pero rechaza el ofrecimiento, no sé si por orgullo o simplemente porque no le gustan. Pero vienen bien aunque progresar en esta ladera cuesta lo suyo con o sin bastones.  Hay muchos arbolitos a los que echar mano pero tras romper unos cuantos aprendemos que solo debemos fiarnos de los troncos más gordos y es que las hayas crecen profusamente en el bosque pero sólo las más fuertes consiguen  luz suficiente quedando la mayor parte medio muertas en la penumbra...

Son algo más de las 6 de la mañana cuando perdemos altura al otro lado de la montaña y ponemos pie en la carretera del Puerto de Artesiaga, por delante tenemos 3 largos kilómetros en ligera bajada hasta la muga: la frontera con Francia que en 1938 suponía alcanzar la libertad.



Los hicimos caminando y llegamos muertos de frío a la gasolinera situada junto al puesto fronterizo, las 7:30, casi 12 horas. La venta está cerrada así que tras hacernos la foto de rigor no perderemos un segundo en subir a la furgoneta de Iñigo.  El almuerzo lo haremos cerca de Pamplona. ¡¡Qué frío!!

En recuerdo de los 795 hombres y de sus familias. Sólo tres de ellos consiguieron alcanzar la frontera.

Todas las fotos aquí.

Nota: El mismo Viernes por la mañana otros tres amigos hicieron una excursión parecida en homenaje a los fugados: Fernando Moreno, Gorka Rípodas y Carlos Nuin consiguieron llegar a Urepel pasando por Sorogain. Seis horas y cuarenta y cinco minutos. .

 Extraterrestres

Mis glucemias: A las 19:05 del viernes: 425, todo el día había llevado un buen control, pero después de comer con los preparativos vinieron los nervios y se me disparó, claro. Sólo me puse 3 uds de novorapid.  He dicho que en Sorauren tuve un pajarón que remonté como buenamente pude y a la 1:10 tenía 104 en el Puerto de Egozkue, donde me puse morado de plátanos, chocolate y frutos secos.  Desde ahí hasta las 7:47 en la frontera sólo bebí agua y comí tres barritas pero con todo saqué 306 de azúcar y es que esa noche no me puse Lantus, insulina lenta de la cual me pongo todas las noches 12 uds. A las 10:02 cuando paramos en Zabaldika para almorzar me puse 8 uds de lantus y 4 de novorapid. ¡¡Y me puse hasta arriba de pan con chorizo, queso, cervezas y patatas fritas!!  A las 11:31 después de ducharme en el polideportivo de Zizur tenía 90. ¡Bien!

domingo, 11 de enero de 2015

Tirada larga en la Bardena

Con los amigos de Corriendoporelmundo hemos dejado un Domingo lluvioso en Pamplona para buscar otro más luminoso, con cielos azules y nubes corriendo sobre un paisaje espectacular y salvaje: El Parque Natural de las Bardenas Reales en el Sur de Navarra.

Hace poco más de un año que recorrí la zona en una excursión nocturna y lo que dije: si me había gustado de noche, cómo sería correr de día por esos barrancos...  Pues ya lo sé, es genial, es... una gozada, además hoy hemos tenido más de 10 grados y aunque el aire nos ha molestado un poco cuando nos daba de cara, las condiciones han sido muy buenas.



Aprovechando que este grupo de locos nos lo daban todo hecho, Alberto Vela y servidor nos apuntamos hace unos días y hoy a las 8:45 salíamos en bus desde Pamplona junto con otros 30 elementos (locos, repito). César, Ana y Axier nos han dado la bienvenida a la excursión y nos han contado en dos palabras de qué iba todo: Podíamos elegir entre hacer una tirada de 15 o de 22 kmts y en ambos casos contaríamos con un guía, si queríamos darnos caña no debíamos despegarnos de Patxi Orofino o de Axier, quienes procurarían llevar el ritmo más adecuado para que nadie se quedara descolgado. Habría un avituallamiento de fruta y agua a mitad del recorrido y otro sorpresa al terminar.

Foto de Carlos Moral ¡¡qué buena!!




Las 10:45 cuando arrancamos a correr desde Castil de Tierra, emblema de este Parque Natural. Mi glucemia era de sólo 77 unos minutos antes, por lo que tragué un plátano, un gel y le di un par de tragos al isostar del camel. Comentar que sólo Alberto, yo y un par de chicos más llevaban mochilas o riñoneras, sólo íbamos a correr 15 ó 22 kmts pero en una zona despoblada y alejada del mundo como esta, yo al menos llevo muy a gusto dos kilos en la espalda, y más con mi puñetera diabetes ¿verdad?

No llevamos ni dos kilómetros cuando ya somos dos grupos separados y perdidos de vista en este paisaje estepario, casi lunar. Yo como siempre cerrando filas en el primer grupo del que tiran Patxi y Alberto a todo trapo y sin piedad, es un decir, porque vamos a cuatro y pico min por km y en llano, pero mi caja va a tope, ¿o será una hipoglucemia? ¡Ay madre! Por si acaso doy algún trago al camel de isostar y aprieto los dientes. ¡¡Vamosss!!

La suerte me sonríe, Axier decide abandonar la aburrida pista y nos mete en un típico barranco bardenero, mucho más chulo y más accidentado, lo que significa que el ritmo disminuye, además yo me desenvuelvo mejor que muchos asfalteros del grupo y ya no doy el cante en la cola del pelotón, jeje...



Algunos saltos acrobáticos para salvar el agua en los barrancos, tropezones, arañazos en las patas cuando corremos entre las matas de tomillo ¡¡qué bien huele la Bardena!! subidas y bajadas pero con poco desnivel que al final no llega ni a 200 mts acumulados y también algunos despistes con la ruta, que salvamos sobre la marcha haciendo una aproximación al Vedado de Eguaras, aunque no conseguimos avistar el Castillo de Doña Blanca de Navarra, qué pena, porque el año pasado sólo distinguimos su negra silueta delante del cielo estrellado. ¡¡ya tengo excusa para volver!!




El avituallamiento sorpresa al terminar la excursión fue que nos tenían preparadas unas migas y unas chistorras, muy bien acompañadas de un tinto excelente, obsequio de nuestro guía Axier ¡¡Muchas gracias campeón!!
Foto de Carlos Moral

El ambiente ha sido inmejorable y aunque casi no conocíamos a nadie hemos acabado haciendo risas con todos y cada uno de este formidable grupo de chicos y chicas. ¡¡Qué calor hemos pasado en el autobús a la vuelta!! ¿Sería el vino?

¡¡Hasta la próxima!!

La ruta en mi Garmin


En cuanto a mis glucemias a pesar de que ayer bajé dos puntos la insulina Lantus, y que he desayunado a tope como siempre, ya he dicho que al llegar a la Bardena sólo tenía 77, lo cual es muy poco para echar a correr. Durante la excursión han caído dos geles y casi todo el litro de isostar de mi mochila. Al terminar y después de las migas me he vuelto a mirar y tenía 109, muy, muy bien. En  cuanto a mis fatigas y penurias korrikolaris creo que se deben más a los excesos: ayer metí más de 30 kmts con a bici por el Perdón y hoy las patas estaban un pelín cansadas.

domingo, 19 de octubre de 2014

Un paseo por Ordesa



Un largo paseo sí señor, y bonito además, el que nos llevó ayer Sábado desde la Pradera de Ordesa hasta la cima del Cilindro de Marboré (3325 mts). La idea original era conquistar al jefe, al Monte Perdido, pero las primeras nevadas de la temporada nos hicieron temer dificultades yendo en zapatillas, así que Joseba, Antonio y yo salimos de Zizur hacia el Pirineo con todas las opciones abiertas.

Algo más de las 8 cuando bajamos del coche en la pradera, ¡qué frío! los 6 grados de temperatura parecen menos con la humedad que reina en el fondo del valle. El Otoño ha comenzado a pintar los gigantescos murales que forman el Valle de Ordesa y el amarillo, rojo y naranja salpican el verde del bosque.




Antes de ponernos en marcha compruebo mi glucemia: los 72 mg de azúcar en sangre de las 4:55, cuando me he levantado a desayunar se han quedado en sólo 51 a las 8:34, así que "engullo" un bollo con nocilla y echo un buen trago de isostar. ¡¡Ya podemos salir!!

Creo que mi mochila es la que más pesa de las tres, he metido una camiseta de manga larga, además de guantes, buff, chubasquero, el camel con isostar, un bocata de jamón, barritas, frutos secos, mi vieja cámara...  Mis compas en cambio llevan mochilas más pequeñas ideales para pasar más frío y penalidades pero más ligeras y perfectamente válidas para campeones. 

Por eso será que me cuesta seguir su ritmo y corriendo detrás suya escucharé con envidia su animada charla porque los muy sinvergüenzas no callan ni en las cuestas más empinadas.


Adelantamos algún grupo de excursionistas madrugadores y para cuando llegamos al Circo de Soaso la montaña es toda para nosotros, el paseo por el valle es más bonito sin las muchedumbres que en pocas horas llenarán las proximidades de la Cola de Caballo, meta de casi todos que visitan el Parque Nacional.

Las cumbres de las Tres Sorores pintan un poco blancas y pensamos que si en la cara sur aún queda nieve, el pasillo que conduce a la cima del Perdido estará delicado. 



Antonio ya ha hecho un par de veces la ruta de la pradera a la cima del Perdido a la carrera, menudo pájaro está hecho, pero no había subido nunca por las clavijas de Soaso, le gustará comprobar que no tienen apenas dificultad y más aún el tiempo que ahorran con respecto al camino normal. Eso sí, le advierto, si ves que hay mucha gente el camino seguirá siendo más rápido, no veas los tapones que se forman aquí. 

Joseba en cambio es la primera vez que viene a esta región y se maravilla de todo, disfruta de todo y con todo, se lo está pasando como un enano, ¡¡como un enano de casi dos metros!!



Entramos en el refugio de Góriz para echar un café y de paso preguntar cómo estará la montaña más arriba. Mi glucemia a las 10:41 es 193, y eso que tan apenas he bebido cuatro cortos tragos de isostar. Tomaré sólo un cortado sin azúcar. Antonio toma un café solo y Joseba un Acuarius. Los 6,50 euros serían mucho en un bar normal pero aquí cuesta mucho más traer las cosas.  En el refugio nos confirman que hace una semana cayeron unos 30 cmts de nieve por encima de los 3000 mts y que seguramente la "escupidera", como llaman la zona peligrosa en la subida al Monte Perdido tendrá todavía algo de nieve. Nos ofrecen alquilar grampones, pero Antonio y yo traemos unos especiales para zapatillas. Joseba no tiene nada y tras desechar la idea de alquilar o compartir un par entre dos, decidimos cambiar nuestro objetivo por el vecino Cilindro de Marboré. Soy yo quien lo propone pues subí hace muchos años a su cima y aunque recuerdo una trepada por una corta chimena un poco delicada me parece una buena opción. No obstante, lo comento con el chico del refugio quien me habla de otra chimenea paralela, más expuesta pero más fácil. 

Dicho y hecho proseguimos la excursión, dejando detrás y muy abajo el refugio de Góriz nos metemos ya en el mágico ambiente de la alta montaña. Apenas hay restos de viejos neveros en las paredes que nos rodean y de la nevada del otro día sólo quedan algunos espolvoreos dispersos en las cumbres. No obstante el agua corre por muchos sitios y el paisaje es precioso se mire donde se mire: Detrás nuestra la polvorienta y marrón montaña del Tobacor ya se ha quedado muy abajo y permite ver el horizonte de montañas detrás suya. Distinguimos la Sierra de Guara, Peña Oroel... ¡¡El Moncayo!!  y es que el día es sensacional, cielos azules y limpios y una temperatura de verano, aunque aquí arriba cada vez notamos más frío.






A casi 3000 mts el Lago Helado está helado, hace frío y pisamos nieve. Efectivamente el pasillo que sube al Perdido no invita a subir por dos motivos: tiene un poco de nieve y como todavía está en sombra, estará helada. Volvemos la vista al vecino Cilindro y aunque también ahí tenemos un pasillo con algo de nieve para subir el sol le pega de lleno y es mucho menos expuesto. Decidido ¡¡vamos para allá!!

Al poco de iniciar la subida pasamos junto a otros tres chicos con el mismo objetivo, bromean al ver nuestra pinta, más de corredores que de montañeros, y se hacen a un lado como si fuéramos a 100 por hora.  Les saludamos con una sonrisa y algún jadeo, - Ufff, cualquiera corre con esta puñetera cuesta - , les digo agarrando los bastones. - ¡Venga que luego nos pilláis! -. 

Antonio y yo nos hemos puesto los pinchos en las zapatillas y progresamos con seguridad en la cuesta, Joseba tampoco tiene mucho problema porque hay huella profunda que aprovecha como escalones, además la nieve no está muy dura y la suela de sus Saucony Xodus consigue morder un poco en el blanco elemento.

Enseguida estamos al pie de las "famosas" chimeneas que debemos superar para seguir nuestra excursión hasta la cima. Cuando subí yo hace más de 20 años (¡¡qué viejo soy!!) la nieve estaba más alta y daba menos miedo. No obstante es buena roca y hay agarres, tras subir un metro en la pared bajo para echar un ojo a la otra chimenea a nuestra izquierda. Efectivamente se ve más fácil pero es más expuesta pues bajo ella está el patio del otro lado, una ladera empinada que vale más no mirar.  Subiremos por ahí, además es Antonio el que toma la iniciativa, eso sí, nos advierte: es la primera vez que me lío a trepar un monte. Subiré tras él, más torpe y más despacio - eso que soy más largo y llego mejor a los agarres-, pero tengo más miedo y más dudas. Me lo pienso un poco y por fin estiro la mano aferrando un pequeño agarre que me da la confianza suficiente para seguir progresando.  Los siguientes pasos son más sencillos y enseguida estoy arriba de este puñetero escalón que viene a ser la llave para hacer la cima en el Cilindro. ¿Y Joseba?  Nuestro gigantesco campeón llega mucho mejor que nosotros a los agarres, además no le hemos dado otra opción que la de seguirnos y aunque también es un novato en la montaña enseguida supera el paso.  Los tres nos felicitamos con la sonrisa pequeña pensando en la bajada y continuamos el camino que nos lleva a la cima, un corto paseo donde también encontramos algún obstáculo, pero estamos crecidos y nada puede impedirnos llegar a la meta. 







Justo arriba había otro grupo de montañeros, dos chicos y una chica de Madrid, que inician el descenso cuando llegamos. Nosotros sólo estaremos el tiempo justo de hacernos dos fotos y mirar al otro lado donde descubrimos el lago de Marboré, todavía libre de hielos. También es un buen sitio para admirar uno de los últimos glaciares de los Pirineos, el de Monte Perdido, cae sobre el Valle de Pineta, se distinguen bien las grietas del helero inferior mientras que el superior es sólo un nevero pegado a la ladera cimera.

Toca desandar el camino y yo al menos no dejo de pensar en el puñetero destrepe de la chimenea. Pero hemos ganado en confianza, somos 20 minutos más viejos y más sabios ¡¡vamos allá!!  Cuando llegamos al paso, los tres montañeros que venían detrás lo acaban de superar y volvemos a saludarnos. Ellos van con cuerdas y nos ofrecen ponerlas para ayudarnos en la bajada, lo que yo acepto sin dudar. Soy el primero en probar el invento, que primero iba a ser tan simple como destrepar agarrado a la cuerda, algo que los montañeros desechan enseguida y con razón, decidiendo montar todo el aparejo para un rápel, con su "ocho", su doble cuerda y toda lo necesario. Total que mientras yo bajo como un señor por la chimena principal, Joseba sin decir nada decide bajar por la de subida y Antonio finalmente también, llegando abajo casi a la vez.  Desde abajo nos despedimos de los montañeros no sin agradecerles su interés y buenísima disposición. Es verdad que por encima de los 3000 mts no hay más que buena gente.




Son las 12:15, tengo 119 de azúcar y como se está de maravilla aquí arriba, bajo el sol de octubre que más parece de julio, almorzamos como unos señores. Yo compartiré con Joseba mi bocata de jamón y mi amigo me dará un buen trozo de su pócima mágica: Chocolate Valor. ¡¡Qué rico!!

Antonio, el que no tenía ni idea de monte, bajará la ladera de nieve en un bolero, Joseba seguirá detrás suya sin apenas resbalar y yo cerraré la marcha dando algún patinazo, pues aunque he vuelto a colocarme los pinchos se me olvida que debo poner toda la planta para que agarren. No obstante enseguida estamos abajo y tras quitarnos Antonio y yo los gadchet-grampones, y guardar todos el chubasquero en la mochila continuaremos la bajada donde resulta que podemos correr muchos tramos ¡qué bien se baja del monte en zapatillas!

Volvemos a entrar en Góriz pero ahora no queremos café, tomaremos una cerveza (bueno Joseba un Acuarius), mi glucemia a las 15:09 está en 215, sigo sin ponerme ni una gota de insulina porque con todo el tute que llevo sé por experiencia que cada gota multiplica sus efectos, además aún queda mucha excursión así que tras despedirnos de los guardas que están comiendo un delicioso cocido de garbanzos (ummm qué bien huele), nos lanzamos montaña abajo, hacia Soaso.

Nos cruzamos con muchos grupos de que suben hacia Góriz, con este buen tiempo seguro que hoy ponen el "completo" en el refugio. Cuando asomamos sobre la Cola de Caballo, la preciosa cascada donde el Arazas se precipita al valle, alucinamos con la multitud de gente que pulula en sus alrededores ¡¡parece Salou!!  Sin acercarnos a esa concurrida playa, cogeremos el sendero que en larga y tendida pendiente sube hasta media altura en la pared norte del cañón, por una terraza maravillosa que muchos afirman es el mejor mirador de este fabuloso valle: La Faja de Pelay.






Cuesta mantener un ritmo de carrera por el camino que no deja de ganar altura sobre las Gradas de Soaso, pero más adelante la pendiente nos da una tregua y podemos correr a gusto mientras echamos cortas ojeadas al paisaje. Casi se me había olvidado lo largo que es el camino hasta el mirador de Calcilarruego, enfrente del Circo de Cotatuero, además creo que hay más subidas que bajadas ¡¡ufff !! y es que ya llevamos muchos kilómetros ¿cuántos? no lo sé porque mi Garmin se ha muerto pero Antonio calcula que la excursión llega casi a los 40. No está mal.

No está mal el paisaje cuando por fin llegamos al mirador, el sol está bajando y los colores del bosque y las paredes son aún más intensos, más bonitos. No os digo más, venir a Ordesa y lo veréis.

La bajada por la Senda de los Cazadores se nos hizo dura y delicada, la montaña cae casi vertical y el camino traza mil vueltas hasta llegar a la pradera donde por cierto, mis compañeros de excursión se picaron en el último kilómetro y echaron mano a su depósito secreto de nitroso para volar hacia el bar, nuestra soñada meta final.  Las 17:56, mi glucemia: 110. 

La nota triste de la jornada fue conocer la noticia del fatal accidente de montaña sufrido por Itziar Lasurtegui, del club Beste Iruña, conocida y querida de muchos corredores en Pamplona. Muy cerca de la cima del Pico Batanes una piedra se movió y perdiendo el equilibrio cayó de la montaña resultando muerta. En la montaña como en el valle, está la vida y a veces también la muerte. Nos podía haber pasado a nosotros, ojalá no le hubiera pasado a nadie, tampoco a Itziar. Descanse en paz.

Todas las fotos aquí.