Correr, caminar, pedalear, trepar, nadar, saltar...Trabajar y VIVIR. La diabetes, una anécdota.

Siempre y cuando controlemos el ejercicio y nuestra glucemia en sangre. Esta enfermedad que junto con la obesidad está considerada la epidemia del siglo XXI permite llevar una vida activa perfectamente normal gracias a médicos e investigadores, profesionales apasionados que no dejan de trabajar para que mañana sea de verdad una anécdota. Hay dos tipos principales de diabetes: Tipo I y tipo II. La primera es la mía, la insulino-dependiente o también llamada infantil, porque en un alto porcentaje de casos se presenta a edades tempranas, aunque yo "debuté" con esta enfermedad a los 44 años. Mi sistema inmune falló y atacó a las células del páncreas que producen la insulina sufriendo a continuación los tres síntomas del libro o las "tres Pes": Poliuria (orinar mucho), Polidipsia (sed horrible a todas horas) y Polifagia (hambre, hambre, haaaambre).



¿Porqué a mí? Pensé. A mí que toda la vida he hecho deporte, que sólo tres meses antes terminé mi Cuarta Maratón en Donosti, a mí que no fumo, a mí que soy un chico formal: Buen padre y ejemplar esposo, a mí que hago la declaración de renta puntualmente y pago la contribución urbana y el impuesto de circulación religiosamente cada año... ¿Porqué?



El estrés que tantos sufrimos en mayor o menor grado, herencia genética, un catarro mal curado, la contaminación, el agujero de la capa de ozono... Médicos, familiares, amigos, vecinos y yo mismo apuntamos una u otra causa, pero lo cierto es que daba lo mismo. El caso es que mi cuerpo -mi páncreas- casi no tenía reservas de insulina y que ya no iba a producir más -o muy poca- y que iba a necesitar "pincharme" insulina todos los días.

lunes, 14 de junio de 2010

Canfranc-Canfranc


La meteorología ha sido la protagonista de esta carrera. En la charla-presentación, uno de sus organizadores: Bernabé acompañado del alcalde de Canfranc, nos daba la bienvenida y tras repasar los aspectos más importantes de la prueba nos advertía de que las previsiones no eran nada buenas y que en caso de confirmarse cortarían la última parte de la carrera A, de modo que todos haríamos la B. Que de todos modos sería una prueba dura y montañera de 35 kmts de recorrido y 5000 mts de desnivel acumulados.

Antes de ir a la salida, les contaré a ustedes que salí de Zizur Mayor el viernes a eso de las 6 de la tarde y que me costó poco más de 1h y media llegar a Canfranc. Que un poco más arriba de Jaca el cielo se puso todo gris y empezó a llover un poco pero aún así pude ver un poquito de la Collarada (2886 mts) y que detrás suya asomaba la Moleta, la primera de las cimas de nuestra Canfranc-Canfranc, toda blanquita de nieve reciente. Vaaale.

Nada más llegar a Canfranc Estación me encuentro de frente con Ramón Ferrer, más conocido como Monrasin, con él y con Pepinillo (Zuera), Mariote (Límite vertical), Topete (Bomberos Zaragoza), Enrique Badía y Sonia (Peña Guara y Asmún), disfrutamos de una estupenda cena ofrecida por el Ayuntamiento y la Organización en el Polideportivo Municipal: Ensalada fría de pasta y un guiso de ternera ¿A la jardinera? Que estaba bueniiiiiiísimo. (Repetí 2 veces de los dos platos). La tertulia de la cena la prolongamos en el Bar la Brasa con unos cortados descafeinados y unas infusiones (gente sana que somos oye). Gente sana pero muy peligrosa pues quien más quien menos tenía una ultra en su saca o alguna en mente, como la Eun-Millak de Enrique o la UTMB de Topete para este próximo verano. Miedo me da seguir echando cortados con esta cuadrilla, aunque sean cortados descafeinados.

Por la mañana nos levantamos a eso de las 6 para desayunar y casi al mismo tiempo se puso a llover (Ambiente depre en el comedor). Nos informan de que se retrasa la salida hasta las 8:30.

Cinco minutos antes y en los porches del ayuntamiento los 41 corredores nos apretamos para escuchar las últimas recomendaciones por parte de la organización, al resguardo del diluvio que cae en esos momentos Bernabé nos informa de que no subiremos a la cima de la Moleta debido a la niebla y que por supuesto todos haremos el recorrido B, es decir que desde Candanchú enfilaremos a Canfranc por el Camino de Santiago.

Mi glucemia una hora después del desayuno a las ocho menos cuarto: 94. Me como dos plátanos.

Ocho y media cuando echamos a correr bajo la lluvia calle abajo, cruzamos un puente y nos encontramos al pie de la gigantesca ladera que hemos de superar en busca de la Moleta, bueno de sus proximidades. El sendero asciende por un precioso bosque de pinos, abetos y hayas y comprobamos que dentro de esta selva llueve el doble que fuera, pero no importa porque a los 5 minutos de ascensión nadie tiene frío. Cada uno coge su posicion dentro de la fila y yo me pongo detrás de Mariote intentando conservar la distancia, el corredor detrás mío procura lo mismo y de ese modo vamos cogiendo altura en medio de la lluvia y de la niebla, sólo vemos árboles y ocasionalmente la tubería metálica que conduce las aguas del Ibón de Ip a la Central de Canfranc. Al principio llevo los bastones en la mochila pero no tardaré en sacarlos para ayudarme con ellos y descargar de trabajo a las piernas.

Casi salimos del bosque cuando a unos 2200 mts vislumbramos el Barranco de Ip y las laderas Norte de Collarada enfrente nuestra. Por unos instantes podemos ver también la cima de la Moleta y no parece que nos quede mucho para alcanzarla pero será en mejor ocasión. Un voluntario bien resguardado bajo su capa nos señala hacia nuestra izquierda en dirección Norte para que iniciemos un largo flanqueo en suave descenso que nos conducirá al sendero de bajada. La montaña está cosida con muros construidos para contener avalanchas, aquí y allá hay restos de construcciones relacionadas con los aprovechamientos hidroeléctricos: Hierros olvidados en un paisaje gris y desolado. Blancos neveros rellenan hondonadas y canales que se precipitan montaña abajo perdiéndose en la niebla, corremos al borde del abismo pero no hay peligro, pues el itinerario sigue una sucesión de terrazas naturales con la anchura suficiente para que podamos mirar al vacío sin ningún miedo.

Mientras hago un par de fotos Mariote se pierde de vista y me adelantan un par de corredores, proseguiré en medio de otro grupo de cuatro entre los cuales va una de las chicas. Con ellos bajaré casi todo el camino, un descenso estupendo para correr, en continuos zig-zags dentro del bosque con un piso blando y seguro de pisar, sin mucho barro salvo una zona delicada donde por cierto pierdo el equilibrio y doblo un poco un bastón. Después un túnel oscuro que por suerte no es muy largo y que pasamos levantando los pies para no dar un mal tropiezo. He comido una barrita de frutas al empezar la bajada y sólo he dado unas pocas chupadas al camel-back que llevo con un litro de Acuarius muy diluido. Así que cuando llegamos al primer avituallamiento bajo el Fuerte de Col de Ladrones (+- 1350 mts) llevo un agujero en el estómago. Ahí están Ramón y Sonia que me hacen unas afotos mientras me pongo morado: Un plátano y medio bocata de queso con jamón york, además de un trago de Acuarius me sientan de maravilla. El buen humor de voluntarios y corredores desafía el mal tiempo y nos da fuerzas para proseguir la aventura. ¡¡Hasta luego y no os mojéis mucho!!

Empezamos la subida a La Raca ¡¡Ya no llueve!! Pero sigue la niebla y seguramente las nubes encima suya, la temperatura no está nada mal así que me quito el chubasquero y enfilo el sendero montaña arriba tirando fuerte de bastones y apretando los dientes, me siento fuerte y adelanto a mis cuatro compañeros de la bajada anterior, también sobrepaso a Edu de Mendilasterketa, un chaval que no se quita la sonrisa en todo el día, esté subiendo o bajando. ¡¡Qué bien vas campeón!! - Me dice alegre al pasar. - ¡A ver si consigo mantener este ritmo hasta arriba! - Contesto más que nada para darme confianza. Y lo cierto es que los zig-zags de esta subida se suceden sin un descanso dentro de una niebla cada vez más espesa. Casi arriba del todo un voluntario me anima también: -¡¡Tienes al siguiente corredor a menos de un minuto!! ¡¡Venga que a ese ritmo lo pillas!! ¡¡Animo!! -. Le doy las gracias por sus ánimos y su entusiasmo y pienso que el campeón es él, que lleva un rato ahí en medio de la niebla, jodido de frío pero sin dejar de dar aliento a cada uno de los "corredores"; de los cuales la mitad apenas conseguimos andar por esta cuesta interminable.

Cima de la Raca (2284 mts): Una caseta y las torres de los arrastres se levantan como fantasmas sobre la nieve. Otro voluntario que también merece cien trofeos me señala la dirección a seguir en la bajada: - ¡La telesilla siempre a vuestra izquierda! ¡Seguir todo el nevero hasta abajo siguiendo las banderitas rojas!
Empieza lo bueno, nos hemos juntado tres colegas en esta bajada: Edu que me ha vuelto a pillar, servidor y el corredor que tenía a un minuto.
Mientras saco cuatro fotos Edu se tira como un cohete nevero abajo y lo pierdo de vista ¿Se habrá sacado los esquises de la mochila?. Yo también me tiro montaña abajo gozándola como un ceporro: La nieve está ideal para correr, a cada zancada basta con meter un poco los talones y no hay mayor problema. En un bolero bajamos la montaña y nos encontramos chapoteando a las orillas del río Aragón que cruzaremos por una pasarela improvisada. Allí está otra vez Ramón cámara en ristre sin perderse detalle y animando como nadie. Una pequeña subida para trepar a la antigua carretera nacional en una de cuyas curvas se sitúa el 2º avituallamiento y control de la carrera: Bernabé me saluda como si me conociera de toda la vida y me asegura que voy de cine (mis piernas no sé, pero mi autoestima se está poniendo a cien en esta carrera). Al llegar al control coincido con tres cicloturistas que no rechazan la invitación y se acercan a tomar un bocata. Son belgas, han ido a Santiago desde su país y ahora vuelven, ninguno de ellos bajará de los 65 tacos pero tienen más humor y entusiasmo que muchos jóvenes de 20. Buen ambiente pues mientras me jalo otro bocata, otro plátano y medio litro de Acuarius que me sientan de maravilla. Las nubes se han levantado un poco y dejan ver lo que sería la tercera parte de la carrera A, incluso se atisba ¡Un trozo de cielo azul! se lo señalo a Bernabé y como soy un poco fantasma le comento que todavía podríamos hacer la carrera completa. - Ni de coña - me dice - La previsión dice que a las 2 se va a caer el cielo así que baja directo a Canfranc que sólo tienes 8 kilómetros por el Camino de Santiago -. Ante eso miro mi reloj que señala algo más de la una y me despido echando a correr por el camino jacobeo como alma que lleva el diablo.
Esta parte fue deliciosa para correr, parecía que ibas como por un jardín y eso junto con una temperatura fresca y el cielo nublado que ocultaba el sol hicieron que terminara disfrutando como hacía tiempo no lo hacía en una carrera.

Al llegar a la meta ¿Quién pensáis que estaba ahí aplaudiendo y haciendo fotos? ¡¡Super-Ramón por supuesto!! Mi tiempo 5h 14 minutos, que me sitúa como 3er veterano en la clasificación. Cosa que me ha comunicado Toni este Lunes por teléfono: Al entregar los premios, cierto grupo de despistados nos estábamos tomando unas cervezas ¡¡!! Lo cierto es que fue una descortesía por nuestra parte pero luego sí que hicimos aprecio del excelente almuerzo ofrecido por la organización: Migas y ¡¡más ternera!! En fin, el caso es que tengo un hermoso trofeo que me guardan en la oficina de turismo municipal. Espero poder recogerlo pronto porque le reservo el mejor lugar en la librería del salón. Canfranc-Canfranc es mucha carrera aunque sea en su versión B. ¡¡Muchas gracias!!

Comentar la excelente carrera hecha por Pepinillo, seguido de Topete, Mariote y Enrique Badía. ¡¡Qué fieras!! La clasificación.

Algunas fotos de Monrasin y mías aquí.

domingo, 6 de junio de 2010

Carrera de Montaña de Galdames


Después de la carrerica por el San Cristóbal del pasado domingo, dos semanas después aparecía en mi calendario la mítica Canfranc-Canfranc, una carrera durísima a la que nunca podré ir lo suficientemente preparado. En principio este fin de semana lo tenía para entrenar fuerte y me había planteado hacer un entreno largo el sábado y participar en la Subida a la Higa de Monreal el domingo, cuando vino Alberto - Gares-, a contarme lo mucho que disfrutó en la Carrera de Montaña de Galdames el año pasado, que este año también iba a ir y que tenía que ir con él, que era muy chula y me iba a gustar un montón. Convencido: Con 34 kilómetros y 3500 mts de acumulado era la mejor forma de emplear la mañana del Sábado para castigar/preparar las patas.

Me levanto a las 4:45 A.M. ¡¡Qué sueño!! Mi glucemia: 134, desayuno como siempre mi tazón de café con leche, tostadas con aceite y zumo de naranja; 5 uds. de novomix 30 porque sin dopin no soy persona y avanti, que he quedado con Alberto a las 5:30 para recogerlo con el coche. A las 6 llegamos a Alsasua y se nos une Jone, de Dantzaleku Sakana, una amiga y veterana campeona en carreras de montaña, que como dice Alberto ya no tiene sitio para poner los trofeos que gana por esos mundos. Al minuto de salir de Alsasua por la autovía rumbo a Vitoria apago la radio: Tres locos con una afición común tienen mucho que contar y lo cierto es que no paramos de hablar en todo el viaje. Eso sí, les pido que estén atentos porque soy un despistes y cuando no conozco la ruta soy el más torpe de los conductores. Y así es porque nos pasamos el desvío hacia Bilbao debiendo continuar unos kilómetros por la Nacional Uno hasta que podamos dar la vuelta y coger la dirección correcta. Tenemos niebla bastante cerrada así que no le piso mucho en la bajada hacia Bilbao por la autopista pero es un viaje rápido y pronto nos vemos rodeando la capital vasca. Un Sábado a las 7 de la mañana hay poco tráfico y sin ningún problema dejamos atrás la "civilización" siguiendo unos kmts por la Autovía del Cantábrico hasta el desvío a Alonsotegi por una buena carretera que nos lleva al histórico territorio de Las Encartaciones, tierra de señoríos y de viejos fueros; donde Vizcaya muga con Santander y Castilla y el paisaje es una sucesión de montañas y valles, bosques y prados. Una región preciosa de cuya existencia no tenía noticia alguna y que habría pasado sin conocer, de no ser por esta afición a correr que no nos deja parar.


San Pedro de Galdames (170 mts)en el concejo del mismo nombre, es el pueblo donde se encuentra la Salida y Meta de la Carrera. Son las 8 de la mañana cuando llegamos por lo que hay tiempo de sobra para inscribirnos, recoger el dorsal y ultimar preparativos. Mi glucemia 131, así que tomaré un par de cafés con leche cortesía de la organización además de un plátano y una barrita, con la paliza que nos espera lo mejor es salir con el ánimo bien alto... La carrera coincide con una marcha montañera cuyos participantes han salido hace un rato y que luego iremos encontrando a partir del kilómetro 10 mas o menos.

Nueve de la mañana, salimos puntualmente iniciando enseguida la primera y dura ascensión de la jornada al pico de la Cruz (800 mts) por cuya cima creo que no pasaremos porque según la organizacion hay una pareja de alimoches criando y los forestales han aconsejado dejarlos tranquis. Un estrecho sendero dentro del bosque nos hace guardar la fila de rigor, hay bastante humedad y aunque la temperatura no es muy alta sudamos a mares trepando esta montaña dentro de la niebla. Tardaremos en salir de ella y cuando por fin la dejamos abajo, nos vemos corriendo por el lomo de unas islas en medio de un mar blanco de nubes. Un océano que se extiende hasta el horizonte en todas las direcciones. El cielo azul sin una nube, con un pedazo de sol que empieza a calentar pero que no molesta gracias a un suave viento de Norte ¿Que mas podemos pedir? Fuerzas para correr. Siguiendo el cordal pasamos por la cima de Gasteran, desde cuyas alturas se divisaría la costa, pero para eso tendremos que volver otro día, coronamos también el Ganeran, "volando" siempre en torno a los 800 mts de altura hasta llegar al Pico Mayor (720 mts aprox.) donde iniciaremos el descenso. Por senderos y a ratos por pistas iremos perdiendo altura.
El camino discurre junto a antiguas edificaciones relacionadas con las minas de hierro que hace un siglo funcionaron en la región, más abajo cruzamos por una faja rocosa donde las paredes sobresalen extraplomadas y forman una cueva natural en cuyo fondo se esconde la ermita de la Magdalena ¡¡Que frío hace al pasar!!

Hace rato que voy junto a otro corredor que lleva igual ritmo que yo, en las subidas me deja atrás pero luego en las bajadas me vuelvo a acercar, viste mallas y camiseta negra y lleva el pelo al uno, casi no hablamos, pero es que llevamos un ritmo bastante majo ¡como para charlar! Llevamos como una hora y cuarto de carrera y no hemos visto avituallamiento alguno. Menos mal que llevo unos cuantos geles en el bolsillo, el primero lo he tomado a los 50 minutos y no tardaré en echar mano de otro pues no me qiero arriesgar a una bajada de glucosa inoportuna (siempre son inoportunas). ¡¡Carlitos!! - me grita Alberto al adelantarnos en una revuelta. - ¿Que, como lo llevas? - le pregunto - ¡Muy bien! - contesta-, ¡Pero a los de la organización se les ha olvidado hasta el agua! ¡Y pensar que he dejado el bidon en el coche!.

Me parece que puedo seguirle y aumento un poquico el ritmo detrás suya mientras mi compañero de carrera -el de equipaje oscuro- se va quedando. Ya hace rato que estamos adelantando a los participantes de la marcha que de buen grado se hacen a un lado a nuestro paso. En una de esas chapoteo en el agua de un charco salpicando barro a los lados y pienso que lo mismo se mosquean con nosotros. Son dos formas de disfrutar de la montaña.

Llevamos más de hora y media cuando en el kilómetro 18 nos encontramos por fin con el primer avituallamiento, después supimos que era el segundo y que el primero habia sido "limpiado" por los marchadores. ¿?. Cinco minutos para saciar la sed y comer algún trozo de plátano y de naranja. Intento no beber demasiado para no fastidiar el estómago, pero lo cierto es que necesito líquido. Hace rato que la niebla ha levantado y aún cuando todo el camino discurre a la sombra del bosque, la temperatura y la humedad se empiezan a dejar sentir. Los voluntarios trabajan a destajo preparando bocatas, rellenando vasos... Los pobres reciben algún reproche pero no tienen ninguna culpa de lo que haya pasado con el primer avituallamiento.

En estas que Alberto se tira a correr pista abajo y yo me lanzo detrás, pero a los dos segundos alguien nos grita: - ¡Que por ahí no es! -. Efectivamente, justo es en dirección contraria, tengo que gritarle a Alberto que ya está lejos para que se de la vuelta y juntos tomamos el camino correcto que va por un sendero. ¡¡Madre mia qué dos!!

Bajamos por fin al valle y nuestra carrera discurre junto a rio Galdames, una regata de aguas limpias y transparentes hasta el punto que se ven perfectamente las piedras de su lecho. Algunos pescadores caña en mano caminan por sus orillas estudiando las pozas, se respira tranquilidad en contraste con nuestra galopada. Salimos a una carreterita por cuyo arcén iremos durante unos 500 metros para cruzarla subiendo a una pista que discurre en el bosque de la ladera opuesta. Alberto ya se me ha ido hace rato, yo continúo bien acompañado de otros corredores y seguimos pasando junto a marchadores que caminan en grupos delante nuestro, van a paso rápido pero nosotros vamos más ligeros. Llevaremos 5 minutos por una pista que nos lleva paralela a la carretera cuando alguien grita que no es el camino correcto. Todos nos paramos, corredores y marchadores, comprobamos que no hay a la vista ninguna tira de señalización: Son verdes y van atadas a ramas o a piedras, pero hace rato que no hemos visto ninguna. No lo pensamos más y damos la vuelta debiendo retroceder durante otros 5 minutos hasta que vemos el desvío bien señalizado en un sendero que asciende por el bosque. Uff, llevaremos unos 22 kilómetros y entre el desánimo del despiste y la subida voy que no puedo... -¿Es esta la última subida? - pregunto a un grupo al pasar - ¡Qué va, guarda fuerzas que esa viene después!- Efectivamente, para la última gran ascensión de la carrera, al monte Ubieta (630 mts) todavía quedan tres kilómetros.

Bajamos a otra carretera que nos lleva llaneando entre fincas cultivadas y pequeños pueblos. Mi anterior compañero de aventura, el chico que iba con mallas y camiseta negra me ha alcanzado y volvemos a ir juntos un rato, pero yo voy más justo y aunque me anima a seguir con él le digo que tire. Junto a una fuente alquien ha dejado una pila de vasos y bebo a gusto un par de tragos, hace calor. Retomo la carrera con pocas fuerzas aún cuando la carretera pica para abajo no consigo coger ritmo, pienso que he ido demasiado rápido y comido demasiado poco cuando paso junto a un viejo caserío donde una señora ha dispuesto una mesa con dos cajas de galletas, un botijo de agua fresca y una jarra de limonada ¡¡Qué amable!! Dos vasos de agua con limón y azúcar y tres galletas buenísimas me dan ánimo para volver a corretear. - El año pasado no se paraba nadie - dice la buena mujer, claro Alberto me dijo que estuvo lloviendo e hizo algo de fresco mientras que hoy es un verdadero día de verano.

Me interno por un sendero para cruzar un pequeño bosque y al otro lado me encuentro con un castillo: El Señorío de Loizaga - ¿Qué lugar es este? - Pregunto a una cuadrilla que anda trabajando junto a unos camiones -¡Es el castillo de los Rolls Royce!- Me contestan, y prosigo la carrera sin entender qué pintan los famosos coches en un lugar perdido en medio de estos verdes valles. Al poco me encuentro con el segundo avituallamiento de hoy (el tercero vaya): Un animado grupo de mujeres nos ofrece plátanos, naranjas y de todo. Cogeré plátano y me llevaré una botellín de agua, pues estamos al pie del famoso monte de las antenas, el Ubieta, que se ve arriba, muy arriba.

Serán pasadas las 12 del mediodía y el sol castiga lo suyo en los primeros metros de subida. Voy andando y sin perder de vista las señales. Conforme gano altura voy echando alguna ojeada al valle y al castillo de los famosos coches: Su edificio principal es una torre fortificada y alrededor hay extraños edificiones como pabellones y todo el conjunto está rodeado de una muralla. Bosques, fincas de hierba y extensos viñedos para producir el txakolí, se alternan debajo mía en un mosaico de verdes oscuros y claros. Llego a un pequeño refugio o ermita donde se dispone una mesa con más agua y provisiones. Se sitúa justo al pie del repechón final. Otro trago de agua y prosigo monte arriba a pleno sol, menos mal que el aire vuelve a soplar y nos refresca un poco. Pero no tardo nada en llegar arriba a las antenas y puedo ver ya la meta ahí abajo, muy abajo en esas casitas del fondo del valle. ¿Dónde me he dejado el parapente?

El sendero cae en zig-zags, estrecho y vertical, perdiendo altura de salto en salto, con algunos pasos técnicos pero sin mayores complicaciones. Cuidadín de todas formas porque a estas alturas el cansancio nos puede jugar una mala pasada. Casi he llegado abajo y adelando a un par de corredores que como yo tampoco tiran cohetes, sólo dos kilómetros por un subi-baja entre fincas y bosques ¡¡Qué calor!! De todos modos no tengo sed y me voy echando el botellín de agua por la cabeza. Una carretera estrecha y apreto a correr. ¡¡Ya estoy !! 4 horas 06 minutos al cruzar bajo el arco de meta.

Alberto, que lleva un buen rato esperando me pregunta qué ha pasado y le explico lo del despiste ¡¡Bien podrías haber esperado marinero!!. Dos minutos más tarde llega Jone, nuestra amiga de Alsasua que subirá al podio como segunda clasificada.
¡¡Bravo!! La costillada prometida por la organización nos compensa de la paliza y damos buena cuenta de la morcilla, salchicas, chorizo y costillas asadas. Cerveza con limón bien fresquita para pasarlo todo ¿Qué más queremos? ¡¡Ah sí, una ducha!! Qué bien se está ahora.

Algunas fotos.
Las de Google Earth son de Manu Nuñez y Bittor S.G.

lunes, 31 de mayo de 2010

I Trail San Cristóbal-Ezkaba


Primera edición de esta carrera, nueva en el calendario y que este año ha sido Campeonato Navarro Individual.

Son las 7:30 de la mañana cuando nos encontramos en la panadería de Zizur los cuatro colegas de Aratrónika que vamos a ir a esta carrera: Martin, Santi, Alberto y servidor. Los dos primeros correran la popular de 17 kmts y 580 mts de desnivel junto con Imanol que irá directamente mientras que Alberto y yo cómo no, iremos a la larga: A la de 34 kilómetros y 1360 mts de desnivel. Todos andamos nerviosillos: Martín y Santi porque va a ser su primera carrera de montaña, ya saben lo que es correr por San Cristóbal, porque justo ahí celebramos la Navidad hace dos años, pero lo que es una carrera carrera todavía no, por eso llevan las últimas dos semanas subiendo y bajando el Perdón una vez y otra y otra... Bromeamos comentando lo buenas que están algunas peregrinas y que debe ser por eso que no salen de la ruta jacobea... Alberto éstá bastante más tranquilo, lleva un buen montón de kilómetros en sus piernas además de largos de piscina y buenas caminatas de propina así que por lo que a fondo se refiere, los 34 kilómetros de hoy sólo serán un aperitivo. ¿Y yo? Pues un poco más nervioso que de costumbre, mi última carrera de monte en Talamantes resultó más dura de lo previsto y lo pasé regular en su segunda mitad, puede que fuera por estar incubando el catarrazo que me cayó encima al día siguiente y que me tuvo una semana con antibiótico. Después también lo he contado por aquí, la Media de Pamplona en la que fui de más a menos, sufriendo como un perro y hasta hoy después de dos semanas en las que sí he entrenado con fundamento, pero esta última semana a pesar de no haberme dado mucha caña sentía las piernas un poco... ¿Pesadas? ¿Duras? Peor aún: ¿Cansadas? ¡¡Hay que nerviosssss!!

Después de unas bromas y algún despiste con los coches llegamos a Ansoáin (430 mts): Hay que distinguir el pueblo viejo, pequeñito y que está situado en las faldas de la montaña y la urbanización pegada a Pamplona, ambos separados por la carretera de circunvalación o variante que rodea la ciudad. San Cristóbal se levanta casi encima nuestra hasta los 895 mts. Nos ponemos a la fila para recoger los dorsales en las puertas del ayuntamiento y enseguida llegamos a la mesa, donde nos piden el DNI o la tarjeta de federación a cambio del número y el chip que como novedad no va sujeto a la zapatilla sino a la muñeca: En los controles habrá encargados de insertarlo en un aparato e ir tomando nuestro tiempo de paso, como va con una goma elástica todo irá bastante rápido.

Nos encontramos con Alvaro Rodriguez o Alroba para los colegas de carreras, ha venido desde Burgos con la family con muchas ganas de correr aquí, en la que casi fue su montaña iniciática junto con la Higa de Monreal: Cuántas veces las habrá subido y bajado cuando vivía en Pamplona hasta hace un par de años que nos dejó... También saludamos a Juan Miguel Pinillos, a Iñaki y a Carlos de Humiclima; Mikel -Korriko- y Ander -Radagast- que ha fichado hace poco con Adi-Ike de Isaba. ¡¡Hombre Imanol!! Casi no veo al quinto miembro del equipo, nuestro super-triatleta más conocido como el Globos. Nos juntamos una buena cuadrilla de unos 300 corredores en esta mañana calurosa aquí en la plaza junto al Ayuntamiento de Ansoáin. Hace calor, comentamos mirando el cielo azul con nubes sueltas que pasan empujadas por un viento norte que aquí abajo no notamos; y pensamos en lo que se nos viene encima si el sol nos sacude fuerte ahí arriba, en el San Cristóbal de nuestros amores.

Las 9 en punto, aunque nos han puesto delante a los de la carrera larga, al final salimos todos juntos. Yo como siempre salgo con mucha alegría en cabeza de carrera (como los ciclistas), más que nada porque los primeros metros son llanitos o incluso pican para abajo. Pero sólo son los primeros metros, enseguida nos encontramos con ¡Unas escaleras! Por las que subimos deprisa (por supuesto) para acceder al puente que cruza la variante. Al otro lado giramos a la derecha tomando un sendero de reciente factura que asciende suavemente por la ladera. El sendero gira pronto a la izquierda sin dejar de subir hasta que lo dejamos cerca de Artica y enfrentamos una empinada cuesta arreglada con maderos a modo de escalones. Los de la corta llevan otro ritmo y otra alegría mientras que los demás vamos algo más "preocupados", así que muy pronto me pasan Santi, Martin e Imanol. ¡¡A por ellos!! Los camaradas de Humiclima también van pasando uno detrás de otro: Iñaki y Carlos entre ellos, como yo también van a por la larga, pero les veo fuertes. En cambio Iñigo y Oscar permanecen en la retaguardia: Siguiendo con la preparación para la Hiru-Aundiak y la Ehunmilak ¡¡Se han hecho dos horas corriendo por el monte antes de la salida!! Además llevan la mochila con 3 ó 3 kilos y medio que deberán llevar en sus respectivas ultras, madre mía ¡¡Qué tíos!!

Llegamos a una pista que llaneando a media ladera bajo un alto bosque de pinos se dirige a la derecha del monte (hacia la Chantrea), es casi un kilómetro de carrera cómoda hasta dar un giro de casi 180º y enfilar otra pista hacia el norte en franco ascenso.
Voy manteniendo el ritmo de carrera y ganando confianza pues siento que mis piernas responden como es debido en estos primeros kilómetros, pero toco madera pues queda muuuucha carrera. Y china-chana vamos subiendo, sudando a tope la pendiente pero sin sufrir calores pues la orientación y los árboles nos resguardan de un sol que por otra parte se va ocultando a ojos vista detrás de las nubes, cada vez más gordas y numerosas. Nuevo giro y nos encontramos ya muy cerca de la cima, donde se levanta el fuerte de Alfonso XII, subida muy fuerte por bosque y salimos arriba trepando por una rampa ¡¡Ya estamos arriba!! Avituallamiento y control de chips. Dos trozos de plátano un trago de Acuarius y ahora toca dar la vuelta a los fosos del fuerte para coger la bajada hacia la Chantrea por el sendero que tántas veces hemos pasado entrenando. Es una bajada preciosa por el bosque donde podemos coger buena velocidad sin mayor riesgo. Salimos del bosque y en un control tomamos caminos distintos según la prueba: Los de la corta tiran para la derecha y nosotros seguimos para abajo ¡¡Bieeeen!! O mal, porque luego tocará subir más...

Mi carrera me lleva por la orilla de un trigal cuando oigo detrás mia: ¡¡Carlitos, que te pillooooo!! - Es Alberto (Gares), que me sigue de cerca. Juntos vamos durante los siguientes kilómetros que nos llevan por el Ezkaba-Txiki, por una zona poco conocida y muy bonita entre encinas y robles, al Sur la ciudad con sus barrios y desarrollos industriales al Norte la montaña navarra, el valle del río Ulzama punteado de pequeños pueblos. Ruido de coches o rumor del viento en el bosque según la senda nos lleva por una u otra vertiente. Me gusta.

He dejado atrás a Alberto y comienzo a adelantar a otros corredores que acusan los kilómetros. Una hora y 43 minutos al pasar por el kilómetro 17, empieza la subida para lo que otra vez tomamos la pista norte. Muy buenas sensaciones en las piernas y sigo adelantando gente, empiezo a coger confianza y me acuerdo de lo mal que andaba por las pistas de las Peñas de Herrera, en la Carrera de Talamantes, hace casi un mes... Hoy es un día distinto y casi disfruto subiendo estas cuestas. Paso junto a Carlos Arteta - Ratón- que me anima asegurándome un buen puesto en Veteranos -Yo estoy fundido, no he hecho kilómetros- me dice y su expresión muestra el castigo físico que lleva, le deseo suerte y tiro para arriba. Volvemos a la zona debajo del fuerte a pocos metros de altura de la cima y miro el sendero de ascenso cuando en el control me dicen que nada de subir ahora, que para abajo, que ya subiremos después y bastante más ¡¡Ay, ay! No me acordaba de la subida del cortafuegos...

Efectivamente bajamos un montón de metros por sendero bastante técnico que nos lleva por el lomo Oeste de la montaña. El corredor que me precede tropieza y grita de dolor: El tobillo le ha hecho una mala jugada y es que aquí no puedes despistarte un segundo. Compruebo que puede continuar y le adelanto deseándole suerte y mucho ánimo que va a necesitar pues nos quedan todavía 10 kilómetros y...

La brutal subida del cortafegos, que se compone de dos largos tramos con un descanso entre ellos.
Al pie de cada subida unos voluntarios nos ofrecen botellas de agua que nos vienen de maravilla. Está totalmente nublado y menos mal, porque esta subida con un sol de justicia sería la repera. Manos a las rodillas, agachamos la espalda y tiramos de riñones montaña arriba, paso a paso, metro a metro.

¡¡Y por fin encaramos de nuevo la última rampa que sube al fuerte!! Bastante público en esta parte que nos jalea dando ánimo, de tal forma que me entusiasmo y subo corriendo. Trago de acuarius y un trozo de plátano, qué rico, para salir pitando a dar otra vez la vuelta al fuerte. El viento es más frío y noto unos calambres que me quieren venir a las patas, esto me pasa por hacerme el chulo me digo, pero veo que no soy el único perjudicado: Un corredor se hace a un lado para estirar los gemelos con gesto dolorido, vamos que lo de los calambres es una epidemia. Continúo corriendo pero braceando con más energía para ayudar a las piernas y así consigo llegar de nuevo a las antenas de la cima desde donde enfrentamos la última bajada a meta. De nuevo el bonito sendero por entre el bosque cruzándonos ahora con más gente que aprovechando la mañana disfrutan también de este rincón verde. Y así salimos a la pista donde los del control nos desvían a la derecha por la pista horizontal en dirección a Artica. Cuidadín con las profundas rodadas y el barro que acecha en su fondo, sólo quedan 4 kilómetros. Bajada por el sendero de los escalones de madera: Uno, dos, tres, cuatro... catorce, quince... ¡Ya estoy casi abajo! ¡Sólo quedan 3 kilómetros! Ha salido el sol y ahora nos pega a tope pues el bosque se ha quedado arriba y vamos por los senderos nuevos que discurren por encima de la variante. Ruido de coches, ruido de altavoces en meta y ... siento que no puedo más: El estómago como vacío así que temiendo un bajón doy buena cuenta de un gel, pero me da casi lo mismo, me he vaciado y mi correr va flojeando. No se trata de una hipoglucemia, lo sé, sino de 33 kilómetros de castigar al cuerpo. ¡¡Sólo un kilómetro!! Me tocan el culo ¡¡¿Qué hostias?!! Es Alberto - ¡Maricón!- le grito conforme me adelanta, cómo le envidio pues le veo fresco como una rosa - ¡Dále caña tío! - le animo también, pues lo maricón, digo lo cortés no quita lo valiente. Me pasan también dos o tres corredores más cuando llegamos al puente de la carretera. Otra vez bajamos las escaleras ¡¡Me duele todo!!, a continuación las calles de la urbanización y por fin la plaza del ayuntamiento con el arco de meta. ¡¡Tres horas 27 minutos!!

Allí está Ignacio -Ezkaba- con Bitori y con sus chavales: Martin y Ainhoa, que han venido a ver el ambiente y a los viejos amigos. Con todos disfrutamos de un excelente avituallamiento - almuerzo y de todos los servicios de la organización de esta bonita carrera, una carrera que espero repetir el próximo año. ¡¡Y por cierto que he quedado 2º veterano!! ¡¡El abuelerío triunfa señores!!

Algunas afotos aquí. La de la pista norte es de sergioicewol -Google Hearth- La del cortafuegos es del Diario de Navarra.

lunes, 24 de mayo de 2010

Peña Izaga, la montaña que renace.

Foto Diario de Navarra:

El 23 de julio de 2009 un intenso viento sur -bochorno-, azotó el norte de Navarra resecando todo a su paso. Los restos de un pequeño incendio causado por una tormenta eléctrica el día anterior se convirtieron aquella tarde en un fuego totalmente fuera de control que arrasó monte y fincas de cereal en torno a la Peña de Izaga. Yo volvía hacia Pamplona desde Sabiñánigo, después de pasar el día con Jesús Sánchez -Samuel- en el Balaitus y al pasar el Puerto de Loiti me asusté ante la visión de la inmensa humareda oscura que salía de la montaña donde tantas excursiones y entrenos había disfrutado.

Este fin de semana aproveché la mañana del domingo para volver por sus caminos y comprobar de paso si la naturaleza se estaba recuperando. El verde de los campos cultivados y las nuevas hojas que la Primavera ha hecho brotar en árboles y arbustos me ofreció una imágen llena de esperanza: Peña Izaga se recupera de sus heridas.
Son las 10 menos cuarto cuando aparco el coche junto a la bonita fuente de Ardanaz (630 mts), mi glucemia: 239, tras atarme las zapatillas y ajustar la mochila inicio mi carrera saliendo a la carretera local, que pasando junto a Reta me lleva a Zuazu después de 2 kilómetros y medio. Desde allí una empinada pista forestal trepa hasta la ermita de San Miguel (1230 mts), a tan sólo 15 minutos andando de los 1360 mts de la cima.

Sudaré la gota gorda debajo del pedazo de sol que luce en un cielo azul, sin una nube. Afortunadamente podré disfrutar de algún rato a la sombra del bosque, pues la zona por la que discurre esta primera parte del recorrido se salvó de las llamas. No obstante más arriba, al pasar a la otra vertiente que mira a Idocin, al Sur de la sierra podré contemplar bastante extensión de monte quemado. Los negros esqueletos de bojes y quejigos se extienden por las laderas que caen hacia Monreal. Aquí y allá la hierba que brota pone un poco de verde entre el gris y junto con algún árbol aislado que retoña, permite pensar en una pronta recuperación del monte.
La pista muere junto a la Ermita y emprendo la subida final por el sendero que entre bojes lleva a la cima, la pendiente es aquí más empinada pero consigo mantener el movimiento de carrera hasta arriba. Son las once de la mañana y mi glucemia está en 50, así que le doy un buen meneo al Acuarius y me como un par de barritas. La posición del sol y la calima no deja ver los Pirineos, pero algunas siluetas se adivinan allá hacia el Nordeste. Sí puede distinguirse la Cuenca de Pamplona y el lejano San Cristóbal, por cuyas laderas espero correr este próximo domingo. Otros excursionistas disfrutan también de esta montaña y tras los saludos de rigor inicio el descenso a la carrera. En la ermita me encuentro con unos ciclistas que subían detrás mía por la pista: - ¡No te hemos podido coger! - me dice uno bromeando. - No me extraña nada -le contesto, -Es mucho más duro subir en bici que andando o corriendo-, y les comento que hace años subí también en bici y me pasó gente andando, no sólo por la pendiente sino por el mal firme de la pista, bastante pedregoso en casi todo el recorrido.
Me despido y a continuación tiraré por detrás de la ermita para coger el sendero que baja hacia Ardanaz. En esta parte el incendio ha terminado con buena parte de un maduro bosque de bojes, algunos de más de 5 metros de alto. Formaban verdaderos túneles de vegetación pero ahora sólo quedan los esqueletos. Triste visión también la de hayas y robles quemados, pero unos metros más abajo compruebo aliviado que la mejor zona del bosque se pudo salvar, especialmente el rincón que puede verse en la foto de aquí al lado, donde el sendero traza una revuelta al pie de unas paredes. Poco después dejaré el desvío que lleva a Reta y proseguiré hasta llegar a Ardanaz, a donde llegaré poco antes de las 12 del mediodía. Mi glucemia. 50 ¡¡Otra vez!! Dos manzanas y un buen trago de Acuarius solucionarán el bajón, pero mucho mejor será el pollo asado en casa con la family.

Fotos de mi paseo aquí.

domingo, 16 de mayo de 2010

San Donato y San Miguel: Beriain y Aralar


Domingo, 16 de mayo, Racu, Gares y servidor hemos quedado para darnos un buen tute montañero que nos llevará a dos montañas emblemáticas de Navarra: El Beriain (1493 mts) cerca de cuya cima se sitúa la ermita de San Donato y San Cayetano y la Sierra de Aralar, en cuyas alturas se levanta el Santuario de San Miguel (1242 mts). El punto de partida será Uharte Arakil (470 mts) localidad situada en mitad de la Sakana: Valle o más bien corredor natural que de Oeste a Este comunica las tierras alavesas con la Cuenca de Pamplona. El río Arakil que nace al otro lado del Aratz, en tierras de Alava, se hace más río con las aguas procedentes de Urbasa, Andía y Aralar; dirigiéndose hacia Este para verter su caudal en el Arga, muy cerca de la capital navarra. Bosques de robles y hayas, trepan las laderas de estas sierras y lucen todas las gamas del verde a mediados de este mayo que más parece marzo.

Hoy para variar amanece lloviendo y con 9 grados de temperatura en Zizur Mayor. Mi glucemia: 202 a las 5:45 de la mañana, si es que madrugar tanto no es bueno. 4 uds de novomix 30, un buen desayuno y repaso mi equipaje: Mochila con Camel Back portando 1 1/2 litro de acuarius, barritas, gluco-sport, dos plátanos, un sandwich de jamón york y queso; chubasquero, guantes, buff... Ropa para cambiarme después, espero no dejarme nada.

A las 7 nos encontramos con Racu en la salida de Zizur y los tres en un coche partimos hacia Uharte Arakil. Sigue cayendo una chispa de agua pero confiamos en que la cosa mejore. Media hora escasa y llegamos a nuestro punto de partida para comprobar que sigue lloviendo débilmente y que las nubes tapan nuestros dos objetivos; vienen empujadas por un viento frío que sopla desde Aitzkorri y comentamos lo dura que va a ser la Carrera de Montaña por excelencia que hoy se celebra en Zegama.

Y sin más conversaciones salimos corriendo por las desiertas calles del pueblo hacia nuestro primer objetivo: San Donato. Decidimos el orden poniendo en primer lugar la subida más dura, pues el camino que supera las paredes de la Sierra de Andía lo han debido trazar unos locos montañeros, que no ganaderos ni gente normal que habite estos pueblos. Los primeros metros son por pista y cuesta arriba por supuesto, pero la pendiente todavía nos deja trotar a ritmo, enseguida tomamos una senda entre magníficos robles centenarios y Racu nos comenta que por aquí discurre el Kilómetro Vertical a San Donato, una de las pruebas del calendario navarro de Carreras de Montaña. Tras pasar junto a una cantera, el sendero se deja de miramientos y tira para arriba con tal inclinación que debemos proseguir caminando, pues ninguno de los tres nos apellidamos Mejía o Jornet, es decir somos gente corriente sin parientes en el Olympo.

Adelantamos a tres montañeros y enseguida salimos del bosque metiéndonos directamente en las nubes, en la niebla, o en lo que queráis, pero vamos que no vemos ni torta cuando traspasamos el Puerto de Uharte (1376 mts), ya arriba de la Sierra. El viento sopla más fuerte y más frío aquí arriba. Racu, que se ha hecho este paseo muchas veces emprende la carrera decidido por mitad del raso y le seguimos sin pensarlo. Mis dos compas se han puesto el chubasquero pero yo que lo llevo arrollado en la mochila decido aguantar hasta la ermita, tampoco me pongo los guantes pero llega un punto que no puedo más y le pido a Gares que me los saque del bolsillo de atrás. Sólo hago un par de fotos pues tengo los dedos totalmente helados. Nieve reciente cubre las laderas próximas a la ermita, que "agachada" en estos rasos resiste valiente todo lo que le echen. Son las 9 de la mañana.


Dentro no hay nadie, cosa rara para ser domingo. Cinco minutos para comer medio bocata y una barrita (mi glucemia: 65), así que también buenos tragos de acuarius. Se está bien al abrigo del aire, y eso que no hay calefacción. El edificio tiene dos estancias: El refugio donde estamos, con algunas mesas y una chimenea, aunque no hay leña en las cercanías y la ermita propiamente dicha, que está detrás de una puerta cerrada con llave, puede verse un Cristo sencillo y un pequeño altar para oficiar misa. Hace un par de años que reconstruyeron este edificio y de momento se conserva en muy buen estado pese a los vendavales que con seguridad asolarán estos altos.

El regreso al pueblo será por el mismo sitio. Pese a la niebla, Racu nos lleva directos al Puerto de Uharte que traspasamos, para bajar con cuidado la primera parte de un sendero aéreo, donde todas las piedras resbalan. Así pues despacico y con cuidado, hasta que llegamos al bosque donde Racu se nos pierde a la carrera. Nos cruzamos con un nutrido grupo de excursionistas que nos saluda animado y con un poco de sorna a la vista de nuestras prisas: - ¡¡Correr que ese otro os lleva dos minutos!!-. Nos provoca uno de ellos señalando camino abajo.

A las 10 estamos en Uharte, Gares se echa un trago en la fuente y me da tiempo de mirar de nuevo mi azúcar: 82, no está mal, pero con la subida que nos espera me trago una barrita de frutas sin respirar y le doy un par de chupetones al Acuarius del camel-back.

Ahora tiramos calle abajo hasta cruzar el rio Arakil por un viejo puente de piedra accediendo a la pista encementada que asciende al Santurario de San Miguel de Aralar. Trotaremos por ella menos de un kilómetro y enseguida saldremos a un camino bastante embarrado que más arriba nos interna en un precioso bosque de hayas. El Sol que ha salido un rato, se ha vuelto a esconder y una lluvia intensa nos "refrescará" la subida..
Este sendero es mejor que el de San Donato, pues asciende en bien trazados zig-zags, no obstante Racu que vuelve a liderar la marcha, nos mete por todos los atajos que va encontrando, por lo que al final la subida es casi igual de dura. Llevamos ya mucho tute y sin pensarlo doy buena cuenta de un gel energético para ciclistas (dice contener taurina) que me proporciona una buena sensación de estómago caliente y lleno

Deja de llover cuando llegamos al Santuario, junto al templo románico del Siglo XI, se levanta un gran edificio hospedería-albergue donde propongo echar un café, pero tanto Racu como Gares tienen un poco de prisa y casi no me dan tiempo de hacer cuatro fotos. Cae el otro medio bocata y una barrita de cereales que me pasa Racu, después para abajo como cohetes. El terreno nos permite correr con más seguridad y comprobamos que las piedras, al contrario que sus vecinas del Beriain, agarran bastante pese a estar mojadas igual que ellas. Son poco más de las 11:30 cuando llegamos al pueblo. Cuatro horas para una doble y magnífica excursión, que irá muy bien a nuestras piernas de cara al próximo Trail San Cristóbal Ezkaba.

Más afotos aquí.

martes, 11 de mayo de 2010

Media Maratón de Pamplona

Foto Diario de Navarra

No sé si ya lo he dicho aquí, pero a mi me gustan todas. Las carreras quiero decir, las de monte, las de asfalto, por nieve, por trigos o por carreteras ya sean nacionales o comarcales y por supuesto me gustan las que discurren por las calles de cualquier pueblo o ciudad. Y este domingo 9 de mayo tocaba la 29ª Media Maratón de Pamplona, organizada por el Club Beste Iruña. Más de 1000 atletas inscritos y 858 llegados a meta.

Unos días antes me preguntaba una compa del trabajo qué sentíamos cuando corríamos, refiriendose a un vecino suyo totalmente viciao que no perdona un día los entrenos, y también a mi pues sabe que ando parecido. Yo le hablé de sensaciones, de lo bien que te sientes cuando tus piernas te llevan a buena velocidad al mismo tiempo que controlas la respiración y notas los pulmones llenando el pecho para después vaciarse y así una y otra vez; cuando llevas el esfuerzo un poco más allá y sientes que todo tu cuerpo funciona como un reloj: No sólo las piernas, también tu corazón, los pulmones, los brazos... cada parte de tu cuerpo y sobre todo el coco, siempre alerta y vigilando cualquier señal negativa o positiva que pueda aparecer, calculando además hasta dónde estirar todavía ese trabajo extra que le estas exigiendo. Bueno, se lo resumí un poco y no le metí tanto rollo, pero le hablé de lo bien que se siente en esos momentos estelares una pareja que baila, una cantante de ópera o el artista que da las últimas pinceladas a su obra cumbre. ¿Cómo se sentiría Miguel Angel cuando le daba los últimos martillazos a su David?

Hay por supuesto ratos horribles, de sufrimiento y dolor... de impotencia y desánimo, pero creo que la mayoría de nosotros los ponemos en un rinconcito de la memoria junto con los trastos viejos que no sirven para nada y nos olvidamos de ellos tan pronto nos recuperamos.

Mi carrera:

Desayuno a las 7 de la mañana, mi glucemia 137, me pongo las 4 uds de novomix 30 y listo. Ultimos preparativos y cuando me doy cuenta son las 8:30 ¡¡Hay madre, si la salida es a las 9:30!! Corriendo al coche y para Pamplona, sólo me cuesta 10 minutos llegar a la Vuelta del Castillo y aparco junto a la Misericordia; a 5 minutos de la Avenida de Galicia donde es la salida. Voy corriendo y directamente al Estadio Larrabide al ladito de la salida. En su pista de atletismo se sitúa la meta y a un lado de la misma me encuentro con los amigos de ANADI (Diabéticos de Navarra), que también acaban de llegar y están montando el toldo y las mesas. Para cuando tenemos todo preparado sólo quedan 10 minutos así que allá vamos Humberto, Míkel, Manu, Félix, José Antonio, Victor y servidor. Mi glucemia: 248, así que no me hace falta comer nada de nada, está claro.

Nos metemos en el mogollón de la salida: Saludo con alegría a Joaquín y a Santi de mi club Aratrónika, también veo a Félix García, excelente corredor veterano curtido en mil pruebas. ¡¡Imanol!! Nuestro último fichaje, especialista en Triatlón, que hoy tenía una prueba en Isaba pero como la han suspendido por culpa de la nieve se ha venido aquí. Ander-Radagast y Mikel-Korriko, mis colegas de montaña, que como yo tampoco se quieren perder el asfalto de Pamplona. Ahí está mi tocayo: Carlos Lizóain, un fiera del Ardoi con quien suelo correr muchos días. Javier Lansac, un benjamín que con poco más de 20 años está cada día más enganchado a este vicio y que sueña con su primera Maratón este año en Zaragoza. De mi trabajo saludo a Miguel Angel y a Carlos Vitoria, también está Iñaki de Humiclima y... Casi mil personas ligeras de ropa y cargadas de ilusiones.

No sopla nada de aire y cae una fina lluvia cuando a las 9:30 salimos en estampida calle arriba hacia Conde de Rodezno, para enseguida coger la calle Media Luna, larga y cuesta abajo hacia la Plaza de Toros y la Calle Estafeta. Estos primeros 3 kilómetros son muy cómodos y no me separo ni un metro de Santi. La lluvia cae ahora con intensidad pero no importa, estamos nuevos y sólo pensamos en correr como gamos por los adoquines del casco viejo de Pamplona. Algunos madrugadores se asoman a la puerta de los bares para ver nuestra carrera, ellos con su vaso de vino o su caña en la mano, pero ni los miramos, sólo tenemos ojos para ver dónde ponemos las zapatillas camino de la Plaza del Ayuntamiento, donde la charanga pone una nota alegre al resguardo de unos porches. La Calle Mayor pica un poco para arriba y Santi se me va yendo poco a poco ¡¡Qué fuerte estás jodío!!

Kilómetro 7, mi reloj marca un poco menos de 29 minutos, no está nada mal, pero noto que me está empezando a costar un poco mantener el ritmo. Me alcanza Joaquín y me invita a ir con él asegurándome que va muy cómodo y que piensa mantener esa marcha, que pasa de Santi a quien hace rato he perdido totalmente de vista. Pero tampoco puedo ir al ritmo del de Orkoien y "le dejo" ir calle adelante...

¡¡Coño Radagast!! ¡¡Que bien vas maricón!! Alcanzo a decirle con envidia cuando pasa a mi lado, a estas alturas me resigno a ir saludando y despidiendo a los amigos: Yo estoy en el andén y ellos asoman a las ventanillas del tren. ¡¡Adios, adios!! Ander va muy bien metido en un grupo que arropa a Sagrario Izquierdo -primera navarra- y otro chica más que no conozco. Conseguiré seguir su estela por todo Barañain, por toda esa circunvalación que rodea ese pueblo-ciudad pegado a Pamplona. Gracias a eso me animo un poco y he llego al kilómetro 11 con sensaciones decentes, pero los leves subi-bajas de Pío XII y la larguísima calle Iturrama me van castigando poco a poco. Ha dejado de llover y la temperatura se mantiene ideal para correr. Llegado a la Misericordia me alcanza otro grupeto de unos 12 corredores entre los cuales está el bueno de Félix García, - ¡Agárrate! - Me dice al pasar junto a mi, pero lo mismo, tiran para delante y me esfuerzo por no perderlos de vista durante toda la Vuelta del Castillo, hasta que se me pierden del todo en la Avda. del Ejército.

La temida Avenida del Ejército, casi toda cuesta arriba, lucho porque no me pase nadie y lo consigo, me noto vivo en la carrera, sufriendo menos que el año anterior, pero lo peor son los kilómetros del 18 al 20 por el 2º Ensanche, donde subiendo hacia la Calle Aoiz me pasan hasta los caracoles... No obstante no tiro la toalla y me voy enganchando a otros caracoles, e incluso adelanto a alguno, sí señor. Finalmente mi cuestica preferida donde los edificios inteligentes para meternos por esa calle estrecha que va a parar a la Avenida de Galicia, justo ahí oigo al del megáfono no sé qué de 1h 28 min y pienso: ¡Coño lo mismo, consigo llegar antes de que caigan los 30!

Pero ni hostias, era casi un kilómetro lo que había entre bajar un cacho de la Avda. de Galicia y entrar a Larrabide para dar la vuelta al estadio, de modo que han caído 1h 31 min y 48 segundazos, casi medio minuto más que el año pasado. ¡¡Mecagoenlaleche con la Media de Pamplona!! ¡¡El próximo año verás!!

Mi glucemia en meta: 131. Me he comido dos medio bocatas de chorizo y salchichón que no veas: Muchas gracias a Félix Irigoyen y a su hermano que tienen la mejor carne y el mejor embutido de todo Lerín. Y muchas gracias también a las voluntarias y voluntarios que han estado en las mesas de control para cuidar de la pequeña tropa de ANADI, siempre os cansáis y pasáis más frio que los que vamos en pantalón corto.

viernes, 7 de mayo de 2010

INSSPIRADOS

En mi curro tenemos una Asociación Cultural, la Asociación Leyre, que este año celebra su 25 aniversario. Gracias a las aportaciones de los socios, se ha creado una biblioteca que cuenta con miles de títulos además de películas y música. En su día había bicis, herramientas y hasta tiendas de campaña, pero hoy la actividad se centra sobre todo en mantener los libros, pelis y música más o menos al día, adquiriendo novedades mensualemente. Además se organizan cenorras y alguna excursión de ciento a viento.

A propósito del 25 aniversario, se han acordado de una especie de revista de la que distribuímos TRES números y en cuyo contenido colaboramos unos cuantos compañeros, de eso hace muuuchos años, la revista se llamaba INSSPIRADOS y ahora la Asociación quiere rememorar esos felices tiempos reeditando un ejemplar digital. Para ello me han pedido que escriba un "ladrillo" relacionado con alguna de mis aventuras montañeras y me he acordado de uno que me curré el verano pasado, donde relataba una excursión/entreno por el Pirineo Navarro.

Aquí está, me ha salido un poco largo, como todos mis ladrillos, pero se me da mal resumir:

De Irati a Belagua__ Domingo 6 de septiembre de 2009.



El 21 de junio de 1988 bajé del tren en la estación de Port-Bou (Gerona) para empezar la travesía de los Pirineos. Llegué a Hendaya el 3 de septiembre. ¡¡Setenta y cinco días subiendo y bajando montañas !! Lo que más recuerdo del que quizás sea mi mejor verano son los buenos momentos compartidos con los amigos y con otra mucha gente, gente buena, con la que crucé mis pasos, compartí itinerarios, cimas, refugios y aventuras -que las hubo-. Por supuesto guardo también en la memoria y en un cajón con tropecientas diapositivas, los bellísimos paisajes de los que siempre podemos disfrutar en estas montañas. ¡¡ Qué verano madre mía !!

Y hablando de paisajes y de jornadas inolvidables, de aquella travesía recuerdo la del 26 de agosto: La noche anterior había dormido en el Refugio de Belagua (hoy cerrado), al abrigo de un frío aire Norte que no dejó de escucharse hasta el amanecer, cuando se calmó y nos encontramos un día espléndido con un sol nuevecito y un cielo tan azul que nos hizo olvidarnos de la niebla y del frío del día anterior. Me despedí de una cuadrilla de chavales de Pamplona con los que había pasado los dos últimos días allí y proseguí mi marcha hacia el Oeste en solitario (como el Llanero de la peli ), mi objetivo era llegar a los Chalets de Irati, más allá del Ori, donde mi libro señalaba un refugio de montaña, además de un centro comercial, etc. …

Mis pasos me llevaron por encima del Cuartel de Militares al Collado o Portillo de Arrakogoiti, que me descubrió las Gargantas de Kakueta en el lado francés. En contraste con la visión de tan sombríos precipicios, el camino discurría por lo alto de una montaña amable, de formas redondeadas y sin peligro alguno. Verdes pastizales ocupaban los circos y hondonadas, y por todas partes se escuchaba la esquila del ganado: Vacas, caballos y ovejas aprovechaban la fresca y tupida hierba. En las alturas el vuelo de algunos buitres y rapaces que no sabía distinguir, proyectaba sombras que pasaban rápidas a mi lado y entonces levantaba la vista con prevención, sólo para cerciorarme de que no había ningún peligro en sus evoluciones.

Proseguí la ruta dejando a mi espalda los picos de Belagua para encarar la sucesión de sierras que forman la divisoria política y física de los dos estados fronterizos; esa línea es aquí tan clara que el montañero tiene la sensación de caminar sobre un mapa. El panorama es radicalmente diferente a izquierda y derecha (Sur y Norte) según el sentido de la marcha: Con el Ori frente a mi (el último dos mil de la cadena), a mi izquierda tenía los oscuros bosques que cubren los Valles de Salazar y Ochagavía; la vista se perdía en una interminable sucesión de sierras secundarias hasta la última línea del horizonte, donde sobresalían Peña Izaga, la Higa de Monreal, la Sierra de Alaiz, Perdón, Andía… ¡¡ Y aún más lejos y al Sur el Moncayo !! A la derecha en cambio mi vista descansaba en el verde intenso y más claro de extensos pastizales, interrumpidos sólo por pequeños bosques de hayas y salpicados aquí y allá con granjas y cubiertos para el ganado. Estrechos carretiles de montaña serpenteaban blancos sobre el verde en infinitas revueltas y en las laderas, el paso de los ganados había delineado cada curva de nivel en su tranquilo deambular de un puerto a otro. A diferencia de la vertiente navarra, hacia el Norte las montañas terminaban pronto en la llanura y el horizonte era una línea de bruma azulada que parecía el mar.

Ni a un lado ni al otro distinguía población alguna y a uno le parecía estar sólo en el primer día de la Creación.



Tal es el recuerdo que tenía de esa jornada que con el propósito de rememorarla, además hacer un buen entreno, me acerqué el pasado Verano al Puerto de Larrau. En poco más de una hora desde la Cuenca de Pamplona, llegaba a Ochagavía sobre las 7:30 de la mañana. ¡¡ Cuatro grados de temperatura !! Indicaba el termómetro del coche. Cuatro grados que pasaron a ocho al subir al Puerto de Larrau, a 1573 mts. ¿Inversión térmica? No, viento Sur.

Desde allí se planta uno en la cima del Ori en dos patadas, obligatorio abrir la boca y exclamar con admiración a la vista de la Selva de Irati, que desde debajo nuestra se pierde hacia el Oeste, oscura, interminable. Uno de los bosques de más extensión de Europa. No me encontré a nadie arriba y tras subir el primer dos mil de nuestros Pirineos retorné al puerto, para proseguir hacia Este la ruta que en 1988 hice en dirección opuesta. Pronto me quité la camiseta gorda y a pesar de un fresco aire que venía de Sur, el sol que se elevaba sobre la Mesa, Anie y Petrechema, fue calentando cada vez más.

La sucesión de lomas que componen esta ruta me permitió largos trotes en los llanos y en los descensos, pero las subidas, aún cuando eran de poca pendiente, las superé a buen paso ayudado por los bastones. El terreno es ideal para esta actividad deportiva, pero siempre conviene elegir un día con tiempo seguro, sin lluvias y sin niebla, que tan a menudo visitan estos puertos. Porque además del ejercicio físico, se trata de disfrutar con las panorámicas que van discurriendo a un lado y otro de la ruta.

Tres horas más tarde ascendía la loma final del Otxogorrigañe (1923 mts.) en su cima una montañera francesa me ayudó a distinguir los montes próximos, señalándome las dos cimas de Txardeka o Barazea, y el cercano Lakartxela. - ¿Qué tal es esa cresta? - Le pregunté, mirando al primero de doble cima - ¡Bah! Hasta los caballos pasan por ella - me dijo, dejando clara su facilidad. -Es como una acera de ancha. - . Ella había subido de la parte francesa, donde una pista deja a una hora escasa de la cima y señálándome una férula de plastico en su tobillo me dijo que se lo había roto hacía un mes y que de momento se conformaba con ese paseo.

El panorama precioso: Hacia el Sur un abrupto valle descendía y podía verse al fondo como se cerraba en un estrecho paso: La Foz de Mintxate, sobre el barranco del mismo nombre y que baja hasta las proximidades de Isaba, oculta a nuestra vista. El macizo de Ezkaurre, grande, enorme, que levanta su desolado lomo calizo por encima de las selvas de Zuriza. También se distinguen, pero más lejos el Agüerri, Acher, Bisaurín, Gamueta y Gorreta, Acherito, Petrechema, la Mesa, el Anie… ¡¡Todo!! O casi todo.

¡¡Bueno, pues vamos a seguir!! ¡¡Agur!! - me despido de mi compañera de cima, y me tiro para abajo hasta dar con el GR que me lleva al Collado o Portillo de Utururdinetako (fácil ¿Eh?). El collado está dividido por un cercado y a un lado están dos pastores en amena tertulia, sus respectivos perros juguetean en las proximidades y uno de ellos se acerca amistoso, es como Lassie el de la tele. Les saludo y me responden con simpatía, interesándose por mi excursión, no tienen prisa y lo que echan a faltar aquí arriba es más gente con quien hablar. El más mayor que rondará los 60 es español, mientras que el otro que tendrá poco más de 20 es francés y habla castellano con fluidez; está al cuidado de unas 700 ovejas pero ha llegado a llevar más del doble. Los dos duermen en sus chabolas de la montaña, aunque saben de quien tira de todo-terreno y pista arriba - pistabajo, pastorea los rebaños a base de visitas cada tres o cuatro días.

- El ganado no será suyo - Comenta con ironía el joven. Para él es importante estar encima de los animales el mayor tiempo posible. Me estaría un buen rato con ellos, pero hoy toca deporte, así que señalo al Chardeka encima nuestra y vuelvo a preguntar:

- ¿Hay buena subida? - Si, muy buena - me contesta el francés, pero la cima más alta está detrás.

- Ah sí ya la he visto desde esta otra montaña, pero me han dicho que la cresta es fácil, ¿Es así?-

- Si señor, aunque es aérea y da un poquito de miedo- Me responde sonriente.

El otro pastor le mira divertido y le pregunta: - ¿Pero tú has andado por ahí arriba?

- ¡Sí hombre, no cuesta mucho y hay buena vista! - Sonríe también el pastor joven.

Les doy un apretón de manos y me despido contento hacia mi siguiente objetivo. Son sólo 200 mts de desnivel pero la ladera aumenta su pendiente conforme subo, cada vez más inclinada, afortunadamente la hierba está seca y algunas piedras que salen aquí y allá ayudan en la trepada. Esta montaña es más abrupta que su vecina. Tras algún paso atlético que otro y cuatro resoplidos llego sin muchas dificultades a la primera cima, de 1881 mts. Desde allí puedo ver la cresta que me separa de la segunda: Es aérea pero se anda bien por ella, no es que sea ancha como una acera ni mucho menos, pero… Bueno, se deja hacer. Hay unos metros en los que se estrecha de tal forma que debo seguir por el lado francés, agarrándome bien a la cresta con las manos. El peor paso es bastante aéreo y no hay rocas a las que agarrarse, sino rododendros, unos tirones para comprobar que son seguros y están bien enraizados y continúo sin mucho problema. Eso sí, los bastones los he atado a la mochila, porque necesito las dos manos. ¡¡No creo que haya pasado ningún caballo!! Por fin alcanzo la segunda cima y respiro aliviado porque ya se han terminado las dificultades. Esta travesía no la recomiendo con la hierba mojada, ni con viento fuerte. Sólo hay una pega: Mi gemelo derecho se ha resentido en la subida y me transmite malas señales. Seguramente una leve rotura fibrilar que no tendrá mucha importancia. Pero me joroba un montón porque con esta última ascensión me había animado a acercarme también a Lakartxela. Desisto de tal propósito y desciendo la montaña para dirigirme a media ladera de vuelta al portillo anterior. Los pastores ya no están, habrán vuelto a sus faenas, de modo que continúo la marcha caminando. Me gustaría correr pero el gemelo me duele un poco más, tanto que con un pañuelo improviso una especie de media de compresión, con la que apretando bien reduzco bastante las molestias.



El sol está ahora encima de mi, son exactamente las dos de la tarde y puedo divisar el puerto de Larrau, con el túnel de la carretera y algunos coches aparcados. Me cruzo con una pareja bastante mayor -¿70 años?-, que con grandes mochilas de travesía suben fatigosamente la ladera por la que yo bajo casi silbando. Me preguntan si la HRP (Alta Ruta Pirenaica) sube todas las lomas o las rodea.

- Esta debéis subirla, pero las siguientes que son más altas se rodean, veréis las marcas rojas y blancas - Les digo. Son franceses y no consigo entenderles de dónde han salido -creo que de Chalet Pedro, en la zona francesa de Irati-, pero sí el destino: Quieren llegar al refugio de Linza, en Zuriza. Son bastantes kilómetros con esas mochilas y ese calor, pero pienso que todavía quedan más de 6 horas de luz y que pueden llegar, aunque será una paliza. Me despido deseándoles “Buena Marcha”.

A las tres llego al coche. Los 21º de temperatura en el Puerto pasan a 25º en Ochagavía y a 29º en Pamplona. Todavía tengo tiempo de darme un chapuzón en las piscinas de Zizur.

¡Una excursión para repetir cien veces más. La próxima espero que sin “lesiones”.

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